LÍBRANOS DE AQUEL QUE NOS DOMINA EN LA MISERIA

“Líbranos de aquel que nos domina en la miseria/ Tráenos tu reino de justicia e igualdad / Sopla como el viento la flor de la quebrada/ Limpia como el fuego el cañón de mi fusil/. Hágase por fin tu voluntad aquí en la tierra/ Danos tu fuerza y tu valor al combatir/ Sopla como el viento la flor de la quebrada/ Limpia como el fuego el cañón de mi fusil/.Levántate y mírate las manos/ Para crecer estréchala a tu hermano/ Juntos iremos unidos en la sangre Ahora y en la hora de nuestra muerte, amén/Amén, amén” son los versos de la canción: “Plegaria a un labrador”, para nosotros un rezo desesperado por recuperar a ese Dios de todos. Canción que obtuvo el Primer Premio en el 1° Festival de la Canción Chilena, en el Estadio Chile, hoy Víctor Jara.

El nombre de Nueva Canción aparece recién en 1969 cuando Ricardo García se hace cargo de la organización del Primer Festival de la Nueva Canción Chilena en conjunto con la Universidad Católica (en ese momento en proceso de reforma).El Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, estaba patrocinado por la Vicerrectoria de Comunicaciones de la Universidad Católica. Lo concibieron como investigación sobre la situación de la música popular chilena, participaron compositores, productores y periodistas. Víctor se lanzó directamente al desafío componiendo una canción que el diario El Mercurio de Chile, calificó de explosiva. Llevó al Quilapayun como grupo acompañante, convencido que la canción se beneficiaría con una presentación más colectiva.

“Plegaria a un labrador” era una llamada a los campesinos, a los que cultivaban la tierra con sus manos y producían sus frutos, para que se unieran con sus hermanos en la lucha por una sociedad más justa. Su forma recordaba al Padre Nuestro. En la ‘Plegaria a un labrador’, ubico el rezo con la llamada a luchar; conozco la mística de mi pueblo y sé que gran parte de él es demasiado apegado a creencias religiosas, es por eso que hago esta combinación que es una bella forma de darse a entender por estos compañeros. Señalaba Víctor Jara a propósito de la canción ganadora. El canto es esencialmente algo humano, brota de la naturaleza del hombre y cae en los demás como la luz del sol o la lluvia, pero también como un grito a su conciencia.

Razón más que suficiente, para que la dictadura de Augusto Pinochet, el 16 de septiembre de 1973 en el Estadio Chile, asesinara al cantautor que fue interrogado y brutalmente golpeado en uno de los vestidores del Estadio, señalando que la custodia la realizaba el teniente Pedro Barrientos, quien lidero las torturas y conspiro para asesinar a Víctor Jara, cuyo cuerpo apareció después con más de 40 balazos, ese día quisieron apagar su voz, pero su canto ya tiene otras bocas y ya nadie lo puede callar. La muerte de Víctor Jara no impidió que sus composiciones siguieran sonando, su música traspaso las fronteras de Chile y alcanzo fama mundial. “El aporte de Víctor Jara a la cultura es enorme, constituyo una persona que influyo con su música, con su arte a muchísimas generaciones, señala, Cristian Galaz, Director Ejecutivo de la Fundación que lleva su nombre”. Lo cierto es que su voz constituye conciencia por días mejores para Chile y América Latina.

Nuestro homenaje sencillo pero sentido al cantor popular y su verdad “Yo no canto por cantar/ ni por tener buena voz,/ canto porque la guitarra/ tiene sentido y razón,/ que el canto tiene sentido/ cuando palpita en las venas,/ del que morirá cantando/ las verdades verdaderas”. Paz en su tumba. Así sea.