Sí juro

Sí juro, pronunciaron los estudiantes, al celebrar el día de la Bandera Nacional. Son cientos y miles de jóvenes y señoritas del tercer año de Bachillerato, de la provincia de Loja y el país que se inclinan reverentes ante el símbolo patrio y su promesa de honrar a la patria y en ella a sus hombres y mujeres que a lo largo de nuestra historia lucharon por libertad, justicia, dignidad y soberanía y que como legado nos dejaron los colores amarillo, azul y rojo que flamea por todo el horizonte.

La promesa y juramento que tiene como testigos a los docentes que durante trece años forjaron conocimientos y valores en las aulas y a los padres de familia y representantes que son fieles acompañantes del proceso de enseñanza-aprendizaje, particularmente en este tiempo de pandemia, en que han visto multiplicarse sus funciones al convertirse también en docentes, será testigo la sociedad que espera de los jóvenes, futuros administradores de la nación, sean la luz y esperanza de un país que se debate en una profunda crisis económica y ética.

Los discursos preparados para la fecha nos cuentan el proceso histórico de la bandera nacional que flameó en las faldas del Pichincha el 24 de mayo de 1822, cuando los patriotas, luego de un proceso de lucha e independencia iniciado en 1810, vieron la luz de la libertad al dar por terminado el coloniaje al que fue sometido América por la corona española.

En 1860, el entonces jefe supremo Gabriel García Moreno emitió un decreto en el que definió los colores amarillo, azul y rojo y su uso oficial en el escudo, luego el Congreso Nacional en 1900 ratificó y, finalmente, en 1955 el Congreso Nacional designó al 26 de septiembre como Día de la Bandera Nacional.

Recuerdo a mi maestra de la escuela cuando nos explicaba el significado de los colores de la bandera “el amarillo significa el oro y la riqueza, el azul representa nuestro mar y el cielo y el rojo, la sangre derramada de nuestros héroes”, repetía incansablemente hasta que todo el grado memorizara. No se ha borrado de mi mente la emoción con que la maestra nos enseñaba a honrar cada símbolo patrio y como al terminar la escuelita nos despedía diciendo, “no se olviden lo que aquí aprendieron”. Gracias porque sus palabras están latentes no solo como memoria, sino como un estilo de vida.

Proclamar SÍ JURO, no solo debe ser un requisito a cumplir los estudiantes de tercero de bachillerato, sino que debe ser la consumación de una historia labrada en las aulas en donde el conocimiento se funde con los valores y en donde las ilusiones de un joven o de una señorita por días mejores se deben convertir en una realidad.

Los jóvenes son luz y esperanza e igual que los mártires patriotas deben ser en esta aguda crisis que nos agobia el prototipo de justicia, dignidad e integridad. Su voz, su pensamiento y acción deben reflejarse en la coherencia de vida, solo así alcanzaremos la libertad que anhelamos y con ella ser hombres y mujeres responsables con la patria que nos cobija.