Vivencia esquizofrénica

A propósito de los últimos acontecimientos vividos por los ecuatorianos, mientras vemos horrorizados las decapitaciones de los reos dentro de las cárceles por la pugna del poder entre mafias o grupos exclusivos que determinan la dinámica interna de las prisiones, donde la experiencia esquizofrénica invade. Entonces, me pregunto: ¿Cuánto puede el Estado ocuparse del “cuidado” de la ciudadanía en general?

Oigo con atención que la alcaldesa de Guayaquil alza la voz para decir que los ciudadanos tenemos derecho a la defensa propia, y propone el libre uso de armas a la población civil, como vía de salvación ante la incapacidad evidente de la institución encargada de dar seguridad a la ciudadanía. Realmente, no coincido con esa solución, mas, sí, en estar preocupada, por no decir, asustada.

No ha faltado quién discuta la referida propuesta. Porque donde el Estado no ha podido asumir el cuidado de sus instituciones encargadas de la seguridad ciudadana, ha cedido el poder a la delincuencia. Lo que ocurre en las cárceles del país, solo es el abre boca de lo que viene, ¿a qué me refiero? A que lo que sucede en el interior de nuestras prisiones, sucederá al exterior de las mismas.

La primera autoridad de Guayaquil, propone que cada ciudadano sea su propio policía, claro, como que ayudamos al Estado, pero, a la vez, como solapamos lo incorrecto. Reconozcámonos como una sociedad violenta. ¿Cómo podríamos estar en condiciones de manejar armas, sin ninguna restricción?

Una decisión de ese tipo, agrandaría aún más la población en los centros de reclusión para adultos. No olvidemos que la sobrepoblación en las cárceles es una de las variables por las cuales el problema es inmanejable. Es preciso ver, por una parte, la poca inversión de recursos públicos para la población carcelaria, y por otra, la criminalización de la pobreza, contribuyen a que se reproduzca un sistema violento, lo que invalida la propuesta de libre portación de armas.

Si la Policía Nacional no es suficiente, por su condición de fragilidad, entendida en las relaciones de poder entre el Estado y la policía, a la vez, entre la policía y la ciudadanía; y al interior de la misma institución.

Dado que, la policía no es libre de actuar, sin la venia del gobierno, pues, los salarios, los horarios, el equipamiento, los ascensos, y las mejores condiciones laborales dependen del gobierno.

Por otra parte, la policía en su relación con la ciudadanía, dónde, tras el autoritarismo hay corrupción, por las extorsiones cotidianas en la calle y en los procesos judiciales. Así mismo, las rutinas de investigación inclinadas al que más pague, silencio y fidelidad a grupos de poder policial. Muestran, razones válidas y esquizoides, al pretender que seamos nuestros propios policías.