Porque Tú lo pides, echaré la red

Jesús enseñaba al pueblo desde una barca ubicada a poca distancia de la orilla. “Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Rema mar adentro, y echa las redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas porque tú lo pides, echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía”.

Simón Pedro, estaba desalentado. Junto a los otros pescadores habían trabajado toda la noche sin haber podido pescar nada. Ellos habían hecho su esfuerzo, habían hecho lo necesario, pero no habían logrado obtener el resultado deseado. Ante una situación así, es comprensible que Pedro estuviese desalentado. Estimado lector, ¿se siente identificado?

Jesús era consciente de lo que sentía Pedro, por eso le pide que reme mar adentro y “eche las redes para pescar”. El Señor le estaba diciendo avanza, vuelve a intentarlo, no es tiempo de rendirse, bajar los brazos no puede ser una opción. La fe de Pedro se pone de manifiesto cuando ante el pedido del Señor responde: “toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado más porque tu lo pides, echaré la red”. Pedro sabía claramente quien era Jesús, le creía; y, por lo tanto, ante el pedido del Maestro, simplemente obedeció.

A veces me pregunto; en nuestro tiempo ¿la gente confía verdaderamente en el Señor? ¿le cree? ¿le obedece? ¿conoce al menos su palabra? Pues, a juzgar por el desorden en el que vivimos, la inseguridad de nuestras ciudades o el equivocado sistema de valores que mueve a nuestra sociedad, por citar solo algunos hechos, siento que la respuesta es un lamentable NO.

Pedro, por el contrario, obedeció a Jesús, tuvo fe y recibió la pronta respuesta de Dios pues “habiendo lanzado las redes, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía”. “Sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que Él existe y que Él recompensa a los que lo buscan con sinceridad”. La obediencia a los preceptos de Jesucristo permite que disfrutemos de verdaderas maravillas, pues “cosas que ojo no vio, ni oído oyó, son las que Dios ha preparado para los que le aman.”

En estos tiempos difíciles, en los que es fácil sentirse derrotado, en los que tu esfuerzo parece insuficiente “confía en el Señor y haz el bien. Habita en la tierra y apaciéntate de la fidelidad. Deléitate en el Señor y Él te concederá los anhelos de tu corazón. Encomienda al Señor tu camino; confía en Él, y Él hará”