Porque Tú lo pides, echaré la red

Jesús enseñaba al pueblo desde una barca ubicada a poca distancia de la orilla. “Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Rema mar adentro, y echa las redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas porque tú lo pides, echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía”.

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Migración

En días pasados el gobierno mexicano tomó la decisión de solicitar visado a los ecuatorianos que viajen a aquel país por turismo, el motivo aparente es una nueva ola migratoria, pues según cifras publicadas, solo uno de cada tres ecuatorianos que viaja por turismo a México regresa al Ecuador. Por otra parte, parece imparable el ingreso de ciudadanos de diferentes nacionalidades a nuestro país. Algunos van solo de paso, muchos otros lo consideran su destino final. El deseo de mejores condiciones de trabajo, y la reunificación familiar son algunas de las posibles causas de la migración, afortunadamente, la intolerancia religiosa, la guerra, la violencia, la inseguridad aún no expulsan personas de nuestros países.

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La luz de la luciérnaga

Una ingenua luciérnaga se paseaba por el pantano. Muy cerca de ella, un sapo pensó que ningún ser tenía derecho a lucir cualidades que él mismo no poseería jamás. En cuanto la tuvo a su alcance, saltó hacia ella y la cubrió con su vientre frío. Ya casi muerta de asfixia, la luciérnaga le preguntó: ¿Por qué me haces esto? ¿Qué te he hecho yo para que me trates así? Y el sapo solo repuso: ¿Por qué brillas?

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Ideas preconcebidas

Hace varios años se realizó un interesante experimento: En medio de una concurrida estación de metro en Washington D.C., el afamado violinista Joshua Bell, informalmente vestido, empezó un concierto solista empleado su violín Stradivarius valorado en 3.5 millones de dólares. A pesar de que junto a él pasaron más de mil personas personas durante de los 43 minutos que duró su interpretación, tan solo 7 se detuvieron un momento a escucharlo, 27 dejaron su colaboración en el estuche del instrumento dispuesto en el piso y solo una mujer pudo reconocerlo. El mismo artista, tres días antes, había llenado completamente una prestigiosa sala de conciertos con capacidad para 2625 personas.

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Escrito en el polvo

Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés a apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de ustedes esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

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El elefante y la cadena

Un enorme elefante permanecía en su lugar sin moverse, atado a una cadena que, si bien lucía fuerte, a su vez estaba unida a una estaca enterrada pocos centímetros en el suelo. Al verlo no era difícil imaginar al elefante arrancando la estaca con casi nada de esfuerzo y librándose de esa atadura. Pero, ¿si podía liberarse sin problema, por que no lo hacía?

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