El camino

Los medios de comunicación están llenos de malas noticas. Podría ser que el público, de manera inconsciente las prefiere, y la oferta mayoritariamente va en ese sentido; o quizá, solo es el reflejo de la realidad en que vivimos.

¿Por qué si el Señor nos creó a su imagen y semejanza, los seres humanos optamos por un camino diferente al que Él estableció para nosotros? ¿por qué nos es más fácil hacer lo que no es correcto y hasta llegamos a creer que el fin justifica los medios?

Todos conocemos la historia que involucra a la serpiente, a Eva y a Adán y las consecuencias que la desobediencia trajo a nuestra especie. En lugar de enmendar, los seres humanos, espiritualmente muertos, no han tenido voluntad para buscar a Dios y como decía el apóstol Pablo a los romanos: “como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, Él a su vez los entregó a la depravación mental, para que hicieran lo que no debían hacer. Se han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia, homicidios, disensiones, engaño y malicia. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; se ingenian maldades; se rebelan contra sus padres; son insensatos, desleales, insensibles, despiadados. Saben bien que, según el justo decreto de Dios, quienes practican tales cosas merecen la muerte; sin embargo, no solo siguen practicándolas, sino que incluso aprueban a quienes las practican” (Romanos 1). ¿Le suena conocido? Esto que escribió Pablo hace 2000 años, sigue totalmente vigente a día de hoy y agravado.

Pero el Señor no se cruzó de brazos ante este sombrío panorama, claro que no, pues “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3) y Jesús, el Verbo, “se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1), “fue tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado” (Hebreos 4) y a pesar de ser una generación perversa, “ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53), “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3).

El Señor hizo todo y más por los seres humanos. Algunos escuchan y obedecen su palabra, otros quizá prefieren seguir por otro camino. Si bien “el Señor es lento para la ira y grande en misericordia, perdona la iniquidad y la rebelión, de ningún modo tendrá por inocente al culpable” (Números 14). “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3).

¿Queremos buenas noticias? Enderecemos el camino.