El cantor de iglesia

Era grande, o quizá lo veía grande. Yo tenía diez u once años de edad, cuando iba a la iglesia de la Catedral en Loja, solo por verlo tocar el órgano y por acompañarlo a cantar la música sacra. Eran dos o tres misas al hilo, en las que me quedaba extasiada, escuchándolo; fueron muchos regaños en casa, porque nadie me imaginaba en la iglesia-templo, a tiempo extendido. Siempre pensé que era un humano con algo de ángel, pero, resultó un ángel con disfraz de humano.

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