Mujer más allá de los límites

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Un día 07 de abril, de 1889, nació Lucila Godoy Alcayaga, conocida en el mundo como Gabriela Mistral.  Se trata de la gran poetisa, diplomática y profesora pedagoga chilena, quien fue una representación intelectual posible, entre lo que es: mujer-maternidad, mujer-feminismo, mujer-trabajadora, aspectos sobre los cuales poco se habla de Gabriela Mistral.

Al tratarse de la primera escritora Premio Nobel de América Latina, resulta importante echar luz a un mundo olvidado, acá dejo algunas ideas.

Hay en la escritura símbolos heterogéneos que codifican identidades y mandatos para la palabra y, al tratar sobre Gabriela Mistral, el actuar femenino.

Es importante reflexionar acerca de las discursividades sociales. En primer lugar, recordar el natalicio de una mujer emblema permite ver la representación intelectual posible, por encima de los límites, así es el caso de Gabriela Mistral. 

Para la mujer de la época en la que vivió Mistral, no solo existían los buenos y malos caminos, también quedaba el camino que le dejen tomar.

Es por esta razón que, a principios del siglo XX, el tema de la maternidad pareciera unido entrañablemente a la feminidad, esto se debía al discurso médico-político desde el cual se concedía a la mujer la única función de ser madre.  Por otra parte, está el discurso psicológico-filosófico, y finalmente el discurso religioso.

Así contraponiéndose a todo patrón establecido, Gabriela Mistral no fue madre, pero, encontramos en sus textos la representación de la mujer-madre, o de quien aspira a serlo.  Esto contradice el discurso hegemónico, y es más notorio en el síntoma de madre frustrada devenida en madre simbólica, cuando ejerce con verdadero amor maternal su profesión de profesora; quitándose sola el calificativo de “La poeta no-madre”.

Una segunda idea versa sobre los poemas de Mistral, pues fueron criticados por apelar a un lenguaje y visión del mundo asociados a lo masculino, para este análisis es relevante decir que, por el marcado discurso epocal, donde el género femenino era un obstáculo para la creación estética y, toda producción femenina se ponía en entredicho por las jerarquías sexo-genéricas dentro del texto, no fue la excepción el caso Mistral, a pesar de esto, su creación literaria obtuvo el máximo galardón literario.

Finalmente, la mujer-trabajadora que no deja de estar expresado en los textos de Mistral al crear obra poética dedicada a sus pupilos, así se aprecia en los siguientes versos en su obra Miedo: “Yo no quiero que a mi niña la vayan a hacer princesa. Con zapatitos de oro ¿cómo juega en las praderas”. Todo esto va resignificando el discurso social de su tiempo, demostrando que se puede ir más allá de lo admisible, más allá de los límites.