Los amores distantes

Ruy Fernando Hidalgo Montaño

¿Quién de ustedes amigos no ha tenido alguna vez una ilusión o amor distante? Al decir distante, no me estoy refiriendo únicamente a la lejanía geográfica, que a veces separa a las personas, pues en ocasiones hay distancias más dolorosas y de muy variada índole, ya que se tiene al ser amado muy cerca físicamente pero lejana circunstancialmente, me explico, ocurre que hay diversidad de distanciamientos y de repente sobresalen barreras impalpables e insalvables como sucede con las murallas de orden económico-social que nos impone la comunidad mayoritariamente materialista en la que nos desenvolvemos en la cotidianidad. Puesto que muchas veces no solo basta el amor que se profese una pareja mutuamente, ya que surgen obstáculos que debilitan y liquidan la unión de dos seres.

Y esto ha sido una situación constante de la raza humana, muchos amores no se han realizado completamente debido a un sinnúmero de cosas que sería muy largo enumerar, o también por la falta de entereza de uno o de ambos componentes de la pareja que no supieron encarar con valentía las adversidades que les planteaba la vida para realizar el sueño de amarse plenamente.

Incluso en las obras clásicas se describe algunos amores que tuvieron un desenlace fatal, el más famoso de ellos reflejado en el inmortal libro de Shakespeare narra la historia de dos familias que se tenían una rivalidad muy profunda: los Montesco y los Capuleto y, sin embargo, en este entorno surgió un maravilloso amor, entre componentes de las mismas: Romeo y Julieta, que viendo frustrados sus deseos de amor infinito decidieron terminar trágicamente su romance con la muerte de ambos. Claro que este caso es solo ficción, pero en la realidad también suceden a diario. Gente que se detiene en cristalizar su amor por temor al rechazo familiar o a su círculo social.  O personas que se avergüenzan de sus orígenes y niegan a los suyos, al ser descubiertos alejan al otro que ya no confía en su sinceridad.

Sin duda, también las distancias geográficas tienden a debilitar el más sublime de los sentimientos humanos, el amor, ya que se necesita de la cercanía del ser amado para decirle al oído todo lo que lo amamos y a menudo estas distancias físicas nos imponen la huella de la ausencia, sin dejarnos alimentar a la persona elegida con caricias, besos y abrazos. Claro que a veces la fidelidad gana la batalla a la distancia y el amor supera trayectos y espacios largos de separación.

Para concluir este modestísimo comentario acerca de los amores distantes, debo decir que, “Bienaventurados los amantes que, a pesar del tiempo, las barreras y las grandes distancias hicieron sobrevivir su gran amor y lo fortalecieron con recuerdos, vivencias y sueños que forjaron juntos”. De esos amores debemos intentar anidar en nuestros corazones y luchar por ellos si es necesario toda la vida.