Un reto para el siglo XXI: vivir en esperanza

Luis Pineda

Las primeras décadas del siglo XXI han sido escenarios de acontecimientos dolorosos, conflictivos, injustos y crueles. Desde hace dos años, la situación de la humanidad, se agravó debido a la pandemia del COVID y de las crisis que desató esta enfermedad. Por ello es necesario comenzar a sembrar la esperanza, es decir la confianza entre los seres humanos que, así como somos capaces de injusticias sin nombre, también somos capaces de heroísmos sin límite. Aportamos algunos fragmentos del padre Pedro Pierre de su artículo “Reivindicar la confianza mutua”, para profundizar en la propuesta:

“Pongamos el siglo 21 bajo el signo de la esperanza”. Así hemos pensado, leído, escuchado o dicho en vísperas del nuevo milenio. Veinte años después nos sentimos bastante defraudados, poque nos damos cuenta que unos pocos controlan y orientan para su beneficio los espacios donde nos desenvolvemos: la casa, el entorno, la profesión, la ciudad, el país, la religión.

¿Dónde encontrar caminos que nos devuelvan esperanza y confianza, caminos de vida nueva y feliz? Una actitud primordial será la de sentarnos y hacer un momento de silencio frente a todas estas situaciones negativas que nos asedian. Sentarnos para decirnos individual y colectivamente, de manera sencilla y convencida: “Somos capaces de salir adelante y lo vamos a lograr juntos”. Muchas personas y muchos grupos, generalmente pequeños, trabajan en este sentido en muchas partes. Se trata de unirnos a estas personas y a estos grupos. La solución está en la unión, la organización y el compromiso.

Porque sí, ¡somos capaces de salir adelante, y lo vamos a lograr juntos! Por ser personas humanas, somos capaces de decidir según lo que nos parece lo más adecuado para nosotros. Sólo en comunidad nos damos cuentas que somos ciegos y cómodos, ignorantes y cobardes. Sólo en comunidad podemos decidir cambiar a largo plazo. Sólo en comunidad logramos nuestros objetivos personales, colectivos, sociales y espirituales. Las y los que hemos hecho estas opciones estamos aquí para testimoniarlo. Nos confirma el mismo papa Francisco: «Ante la tristeza individualista, sean comunidades de esperanza y alegría».

Los creyentes en el Dios de la Biblia, el Dios de Jesús de Nazaret, tenemos la gran ventaja de haber descubierto que somos capaces, como los esclavos de Egipto en su tiempo, de salir adelante a pesar de lo imposible que parezca. Además, en esta lucha colectiva de liberación y de fraternidad, hacemos la experiencia de Dios presente, compañero, amigo y liberador con nosotros: Ese es el gran mensaje de la Biblia y de Jesús de Nazaret. Un planeta de paz, de justicia de fraternidad y de fe es la meta del Reino de Dios. Y no terminará este mundo hasta que lo hayamos logrado con la ayudad de Dios. ¡Otra vida, otra sociedad y otro mundo son posibles, necesarios y urgentes! De esta manera revitalizamos la confianza en nosotros y en los demás: “Ponemos el siglo 21 bajo el signo de la esperanza”.