Reconstruir las murallas

Fernando Oñate

A lo largo del tiempo las murallas que rodeaban las ciudades, eran un medio de defensa ante el ataque de ejércitos extranjeros. En tiempos de paz, se constituían en una demostración de fuerza e independencia política. Si bien las murallas defendían principalmente a las ciudades, existen algunas que incluso protegían regiones enteras y en la actualidad aún se pueden observar su belleza y majestuosidad en la Carcasona, Dubovnik, Ávila o incluso en Cartagena de Indias.

Según los historiadores, la primera muralla de Jerusalén data del siglo VIII A. C., la que fue destruida durante la conquista babilónica y reconstruida luego por Esdras y Nehemías alrededor del 480 A. C.  Dicha muralla sería destruida y reconstruida luego por romanos, bizantinos, cruzados y otomanos.

La Biblia registra el trabajo hecho por Nehemías para reconstruir las murallas que fueron derribadas y quemadas 70 años antes. La obra era increíble, casi imposible. Había muchos que incluso se burlaban del trabajo de Nehemías y de aquellos que él reunió para la obra. La amenaza del ataque de sus enemigos era constante al punto de que, con solamente la mitad del muro terminado, empezaron a trabajar con una mano, y con la otra sostenía un arma. Estaban totalmente dedicados a la restauración del muro e igualmente comprometidos a luchar contra sus enemigos cuando fuera necesario.

Ahora, los muros de nuestra sociedad están caídos. Como sabemos, los valores nos guían a tomar decisiones en la vida. Los valores son verdades que deben permanecer inmutables, lamentablemente, ahora parece que se flexibilizan y se adecuan a los tiempos. En pos de la libertad, la igualdad o los derechos de unos pocos, se ignoran valores fundamentales y se abren puertas que nos llevan irremediablemente al desfiladero; en fin, lo malo es llamado bueno; y esto es peligroso, pues cuando caen los valores de una persona puede fácilmente ser destruida, luego seguirá la familia y finalmente la sociedad.  

Afortunadamente, las murallas caídas pueden ser levantadas nuevamente. No podemos permanecer indiferentes y menos aún, adecuarnos a una realidad que va en contra de lo que somos. Nehemías les decía “Ustedes conocen bien el estado calamitoso de nuestra ciudad. Saben muy bien que las murallas están en ruinas y las puertas están quemadas. ¡Vamos! ¡Reedifiquemos los muros de Jerusalén y no permitamos que se sigan burlando de nosotros!” (Nehemías 2). Al igual que Nehemías, reconstruyamos nuestras murallas así estaremos protegidos y volveremos a ser una sociedad fuerte. La guía, se encuentra en su Palabra.