Calificativos

Juan Luna

Quilanga, 17 de junio 2022

Cerramos una semana de manifestaciones populares, encabezadas por el movimiento indígena y sus organizaciones de distinto nombre y naturaleza con presencia, particularmente en la serranía y oriente ecuatoriano, a ellos se han sumado organizaciones sociales de campesinos, agricultores, estudiantes, docentes, desempleados y subempleados, que ven afectada su calidad de vida por un conjunto de políticas económicas y sociales que no dignifican al ser humano.

Estas manifestaciones de protesta que expresan inconformismo y rebeldía ante el sistema y modelo de vida dominante y controlado por el poder político, económico y comunicacional que, disfrazados de democracia, libertad y prosperidad pretenden invisibilizar la problemática social, económica y ambiental expresada en pobreza extrema, no asignación de recursos suficientes para derechos fundamentales de la persona como es la salud y educación, inseguridad y sobre explotación de los recursos minerales y naturales con las concesiones mineras a gran escala.

La injusticia es más notable cuando el precio del petróleo bordea los ciento veinte dólares, muy superior a lo presupuestado, o cuando los ingresos de recaudación tributaria, según datos gubernamentales, ha mejorado en un 35% en relación a años anteriores, más, sin embargo, los excedentes petroleros y la eficacia y mejora en la recaudación no redunda en atención integral a los derechos fundamentales de las personas en salud, educación y seguridad.

En este contexto, hoy, como ayer y durante más de quinientos años, las rebeldía de los indígenas se manifiesta con altivez y dignidad; tal como sucedió con la revolución de los estancos y alcabalas en el periodo de  “coloniaje” o el resurgir del movimiento indígena en 1992 y su ingreso a la lucha política como movimiento le han merecido una condena generalizada por el statu quo, cuyas élites económicas, políticas y empresarios de la comunicación mantienen al país lejano del desarrollo integral que genera el buen vivir de la cultura andina.

Al puro estilo de las rancias oligarquías, del racismo y clasismo han llenado de epítetos y calificativos a los manifestantes. Basta revisar los grandes medios y cadenas de comunicación, escuchar y leer a los “patrones” del periodismo convencional revisar las redes sociales para enterarnos que los líderes indígenas y sociales han perdido su nombre, su honra y su identidad.

Vándalos, terroristas, vagos, violentos, son una minoría, salvajes, indios, entre otros, calificativos que los repiten a diario, incluso el presidente señaló meses atrás “que terminaran con sus huesos en la cárcel” aquellos que, según su criterio, pretendan desestabilizar el sistema constituido. Claman por que los encierren en las cárceles y les apliquen el rigor de la ley. Nada novedoso, pues la historia de los rebeldes y máxime si son indígenas es la exclusión, la marginación y el exterminio.

En estos aciagos momentos que vive la patria, rica en su clima, sus recursos naturales, sus minerales y la bondad de su gente; es necesario unirnos y no de descalificarnos los unos con los otros. Este es el momento para fortalecer el Ecuador diverso y pluricultural, cuya riqueza está en la esencia del ser humano y sus diferencias. Este es el momento de levantar la voz para lograr no por un trofeo, sino de luchar por dignidad y justicia.