Los cristianos y las manifestaciones populares

Luis Pineda

La situación actual que vivimos los ecuatorianos nos obliga a definirnos: si apoyamos al paro que realizan las organizaciones sociales o estamos en contra de esta propuesta. No importa la ideología, religión que tengamos, tenemos que asumir este reto. Sin embargo, quienes nos confesamos cristianos tenemos la obligación moral de definirnos con quienes estamos: con los movimientos sociales o con el actual gobierno.

Para profundizar en las reflexiones sobre el tema, les ofrecemos algunos comentarios del padre Pedro Pierre, en su artículo “¿Solidarios o cómplices? Sin más alternativa”:

“¿Ha habido cristianos en el paro de la CONAIE (Confederación de las Nacionalidades Indígenas del Ecuador)? Seguramente que sí. Pero su presencia como tal no es significativa por no ser tan visible. Parece que la ausencia y el silencio sean mayoritarios en una Iglesia que se proclama preocupada por la pobreza actual y atenta a los sufrimientos de los pobres. Las voces y las acciones proféticas se han quedado en el pasado.

Hay que condenar los actos de violencia que destruyen inútilmente bienes y hieren a las personas. Pero hay que proclamar bien alto el derecho a la protesta pacífica, a la libertad de expresión, a los levantamientos colectivos y hasta la insurrección nacional. El gobierno es responsable del desempleo y de la situación de empobrecimiento de la mayoría de los ecuatorianos, como también del enriquecimiento desmesurado de un puño de privilegiados a costa de los demás.

De esta situación nacional, todos somos responsables o cómplices: responsables cuando la provocamos y cómplices cuando no la combatimos. La compasión, la justicia y la fraternidad no son valores para unos elegidos, sino que son las características naturales de todo ser humano digno de ese nombre. Por eso la indiferencia, la pasividad y el silencio los mayores males y los grandes pecados de nuestro tiempo.

Los cristianos tenemos mucho que reflexionar, denunciar y transformar con relación a la realidad de nuestro país. Está bien rezar, pero es una mentira la oración que no se transforma en compasión, compartir y solidaridad. Honradamente no podemos pedir a Dios lo que nos toca resolver nosotros mismos.

Volvamos los cristianos a la palabra y el testimonio de Jesús de Nazaret, a la práctica de las primeras Comunidades cristianas, a los miles de mártires latinoamericanos asesinados por abrazar la causa de los pobres porque es la causa de Jesús.

Unamos la compasión a la acción, la oración al compromiso, la fe con la realidad, la religiosidad con la política… Esos son los llamados que nuestros obispos nos hacen desde más de 50 años en sus documentos latinoamericanos. Es también la súplica del papa Francisco que acaba de invitarnos a “hacer menos retórica sobre los pobres”, dejar de “tener un comportamiento asistencialista con ellos” y “poner manos a la obra para ayudarlos eficazmente” a salir de la miseria.

Pues, frente a la actual situación de pobreza, o somos solidarios, o somos cómplices: ¡No hay más alternativa!”