Olvido de Dios

P. Milko René Torres Ordónez

El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Una enseñanza irrefutable que nos abre espacio para largas y profundas reflexiones en torno al misterio de Dios. Entre los atributos que la filosofía y la teología quieren otorgarle están la belleza, bondad, cercanía, compañía, presencia. También una debilidad.

Sin exagerar, es su amor por nosotros. Los autores neotestamentarios dicen quetanto amó Dios al mundo que entregó a su hijo para que el hombre se salve. No hay amor más grande que dar la vida por los demás. La palabra de Dios, como fuente de vida, comunica amor y muchos valores. Uno de ellos es la gratitud. ¿Cómo la define Jesús? Con autoridad para enseñar y poder para sanar. Su misericordia es universal. No tiene fronteras, ni muros. No distingue culturas y razas. Es el caso de Naamán, Sirio, y un samaritano enfermo de lepra. San Lucas, exquisito en los detalles, preciso en la descripción de los protagonistas que aparecen en el camino de Jesús, nos exige que centremos la atención y acentuemos nuestro nivel de contemplación en la manera tan propia de tratar a las personas. El punto de inflexión del médico griego es la persona que sufre, que acude en busca de sanación espiritual y física. El Evangelio de la Misericordia, emana un aroma de perdón único. El Maestro no exige recompensas materiales. En este sentido nos encontramos con el eco que resuena en el modo de proceder de Elías. Al profeta le invade el celo por la gloria de Yahveh. Más allá de un cuestionamiento razonable, respecto a una de las enfermedades más impuras de aquel tiempo, ¿Cómo tratar a un enfermo de lepra que es un extranjero? ¿Cómo relacionarse con un enemigo de su pueblo? Toda persona, ante Dios, siempre es un hijo a quien amar. Con ello, Jesús, muestra el verdadero rostro de su Padre y el que nos mira. El Príncipe de la Paz, de acuerdo a la profecía de Isaías, anuncia y promueve la unidad. El amor no es una religión. Cuando el calor de la fraternidad se debilita, prevalece la ideología, el sinsentido, la nada, el olvido de Dios. Un hombre sano se convierte en un hombre libre. Es lo que buscan los proscritos sociales a causa de su enfermedad. Sin embargo, nueve leprosos, arropados en la manta de la ley, incurren en la acción más grave: la ingratitud. Es, de hecho, el núcleo de todo comportamiento que no es coherente con el torrente de beneficios que han recibido. Solamente uno vive a plenitud su razón de ser feliz. Valora su nuevo estatus humano. Encontró, sin quererlo, al verdadero Dios, al que Jesús ha anunciado: Quien me ve a mí, ve al Padre. En la realidad actual, presos en una cárcel en la que viven millones de seres humanos, brota, como un virus mortal, la enfermedad más temible: la amnesia, olvido de Dios. Un corazón agradecido es profundamente humano. Es propio de un hombre sano. Un modelo de persona que va a irradiar, por doquier, misericordia. Dios, tiene entrañas de ternura. La fe y la vida se unen para mostrarnos el mundo que soñamos. Sin utopías.