El baúl de los recuerdos: Juan de Dios Maldonado Paz, ejemplar líder lojano

Efraín Borrero E.

El prestigioso ensayista e intelectual lojano, Numa Maldonado Astudillo, rindió justo y merecido homenaje a su ilustre padre con su obra: “Juan de Dios Maldonado Paz, ejemplar líder lojano”, nacido el primero de agosto de 1890 en la población de Chaguarpamba, en la que resalta aspectos sobresalientes de la trayectoria de vida de este prohombre, líder político, abogado, educador, escritor, diputado, filántropo, luchador incansable por los derechos de la provincia de Loja, y con extraordinaria calidad humana.

Giovanni Carrión Cevallos expresa: “Sin duda, Juan de Dios Maldonado Paz fue un ejemplar líder lojano, convertido en una de las figuras relevantes de nuestra historia que merece ser reconocida en su real dimensión”.

Agrega que uno de los acontecimientos dignos de destacar por su connotación histórica en nuestra provincia fue “la conformación de la Junta Patriótica de Calvas y el subsecuente movimiento de los “Pueblos del Sur”, que tuvo su origen allá por la década del treinta del siglo pasado y en la que Juan de Dios Maldonado Paz desempeñó un papel fundamental”.

Comenta Numa Maldonado que la falta de vías de comunicación al interior de la provincia y con el resto del país, la baja del poder adquisitivo, el aumento de la desocupación, los monopolios estatales y las múltiples restricciones impuestas por los gobiernos de turno, minaban nuestro desarrollo provincial. Sin embargo, la gota que colmó el vaso del paciente y resignado temperamento lojano, especialmente del auténtico “chazo lojano”, fue el injusto precio de la sal en Loja, cuyo quintal se vendía a treinta y cinco sucres mientras que en el resto del país a dieciséis.

Ese auténtico “chazo lojano” al que se refiere Numa, es el mismo descrito en conjunto por Patricio y Mauricio Aguirre, cuando expresan: Se muestran callados y aguantadores, resignados o invadidos por el “quemeimportismo”, quizás sencillamente bondadosos, pero cuando esta bondad es abusada por extraños o propios, se convierte en respuesta orgullosa de quien sabe lo que es y castiga al sobrevalorado, quizás hasta destruirlo o ponerlo en su puesto”.

Dice Numa Maldonado que la chispa se prendió en la ciudad de Cariamanga, el siete de junio de 1931, cuando la Asamblea Popular creó la Junta Patriótica de Calvas presidida por Juan de Dios Maldonado Paz, quien, conjuntamente con Clotario Cueva, Ángel Sotomayor, y Marco Antonio Cevallos, se desplazaron a Gozanamá, Catacocha, Celica, Alamor, Macará, Sozoranga, Colaisaca y Amaluza, para alentar el espíritu patriótico de esas poblaciones y formar una unidad regional, cuyo resultado fue lo que luego se llamó Movimiento Patriótico de los “Pueblos del Sur”.

El problema de la sal, tanto para consumo humano como del ganado, que fue uno de los aspectos que provocó el descontento de la gente en la provincia, devino por la imposición del estanco, una institución española de monopolio estatal trasplantada a los territorios indoamericanos, cuya finalidad fue crear tributos en su producción y comercialización.

En esa época había en el Ecuador cinco estancos: alcohol, tabaco, fósforos, sal y explosivos, todos ellos lucrativos negocios con cuyo monopolio el Estado aspiraba ayudarse en sus ingresos, aunque en la práctica no fueron mayores. En esa condición, el Estado regulaba el precio de la sal haciéndolo discrecionalmente como fue el caso de Loja.

Gabriel Gómez recuerda que, cuando era niño, pasaba con frecuencia por la esquina de las calles Rocafuerte y Sucre y le llamaba la atención una casa de una sola planta con techumbre de teja que tenía una “tienda” con piso de tierra, donde estaban arrumados los saquillos de cabuya llenos de sal de trozo. En la parte alta de la puerta se leía un pequeño letrero que decía “Estanco de la Sal”.

La sal adquirió un valor supremo desde la antigüedad por eso era considerada el “oro blanco”, gracias a la utilidad que se le daba para la conservación de los alimentos y porque era un perfecto antiséptico para curar heridas y detener hemorragias.

Tal fue la importancia de la sal en el Imperio Romano que los soldados encargados de custodiar las reservas, como los trabajadores que la transportaban, recibían en retribución una bolsa de sal. A ese pago se conoció con el nombre de “salarium”, palabra latina que derivó al castellanizado salario, como la conocemos hoy. Una importante parte de la economía, tratos y negocios de la época se basaba en el trueque, y con la sal recibida, a manera de remuneración, se podía ir al mercado y pagar la compra de alimentos, ropa y otros.

Gabriel, que ha hecho del Archivo Histórico su morada para investigaciones en fuentes primarias, asegura que constan documentos del año de 1829 en los cuales se evidencia que el Presidente Simón Bolívar, mediante comunicaciones dirigida al Gobernador de Loja, le advierte que  a los comerciantes de sal desde el Perú, no se les confisque la carga, los mulares, peor la recluta para incorporar a los arrieros al ejército colombiano, ya que de lo contrario se carecía de este mineral para el vecindario y los cuarteles.

También asegura que, en ese período de La Gran Colombia, caracterizado por acciones bélicas y la presencia de varios ejércitos acantonados en nuestra ciudad, era muy frecuente que se pida a los vecinos puñados de sal, mediante la publicación de “Los bandos”, que por lo regular se publicaban los días domingos después de misa, para completar una arroba de sal a fin de preparar el rancho de la tropa.

El norte peruano fue desde siempre gran proveedor y abastecedor de sal para nuestra provincia. La necesitábamos para consumo humano por los múltiples beneficios para el organismo; para la suplementación del ganado porque contribuía a su producción y reproducción, y para la preservación de los alimentos, especialmente de la carne de res, a cuyas tiras o lonjas se las salaba para que se sequen al sol, al aire o al humo. Así surgió nuestra famosa y exquisita cecina lojana.

La regulación del precio de la sal, asunto que era cuestionado por Juan de Dios Maldonado Paz y otros valerosos hombres de la provincia, fue establecida en 1897, y duró muchos años

hasta que en 1963 la Junta Militar de Gobierno suprimió el monopolio de la sal y, en consecuencia, se declaró libre la producción, distribución y venta de ese producto.

Pero antes, Juan de Dios Maldonado Paz, quien fue electo diputado con el respaldo de las Juntas Patrióticas de la provincia de Loja, logró la unificación y rebaja del precio de la sal estancada, con el argumento fundamental de que la Ley es igual para todos los ecuatorianos.

Ese fue uno de los cinco puntos de su oferta de campaña que cumplió responsable y honorablemente. Los cuatro restantes fueron: “Intensificación y desarrollo de la educación primaria en la provincia de Loja, por medio de la escuela activa; libre intercambio comercial con el Perú, para que desaparezcan las trabas aduaneras; reformas de las Leyes de Estancos de sal y caña de azúcar, por ser atentatorias a la libertad de trabajo y de industrias; y, construcción de las carreteras intercantonales y de comunicación con el resto del país”.

Numa Maldonado destaca que su padre logró la dotación de mayor número de profesores a las escuelas de los cantones y parroquias de la provincia, especialmente aquellas del cordón fronterizo. Consiguió becas para estudiantes universitarios lojanos que desearen estudiar carreras diferentes a las de Jurisprudencia en la Universidad Central de Quito. Gestionó una mayor atención a los hospitales de San Juan de Dios de la ciudad de Loja y, en Cariamanga, impulsó la implementación del “Hospital Rosillo”.

No obstante, resalta y pone especial énfasis en que, por iniciativa de Juan de Dios Maldonado Paz, “se lograron los fondos necesarios para proyectar y realizar el verdadero Plan Vial de Loja, que hasta esa fecha no había constituido más que un sentido anhelo de los lojanos y la oferta demagógica de los gobiernos anteriores”.

En razón de la coyuntura política nacional, el Movimiento Patriótico de los Pueblos del Sur tuvo corta existencia, pero esa gesta de protesta contra el centralismo y la injusticia, protagonizada por los hombres de nuestra provincia, a decir de respetables intelectuales, ha quedado registrada como el movimiento cívico más grande de la provincia de Loja, después del Gobierno Federal instaurado en 1859; por supuesto, sin olvidar la posta estudiantil protagonizada por alumnos del emblemático Colegio Bernardo Valdivieso, el seis de marzo de 1970, cuyo destino final fue el Palacio de Carondelet, con el propósito de entregar al Presidente de la República, José María Velasco Ibarra, un pliego de peticiones que contenía las más sentidas aspiraciones de Loja,

Juan de Dios Maldonado Paz, cuya dilatada trayectoria de vida no puede mantenerse a la sombra de la historia, contrajo matrimonio en Zaruma con la virtuosa dama María Esther Astudillo, procreando once hijos que se han destacado en diversas actividades. Falleció en 1968 dejando el recuerdo perdurable del profesional honesto, inteligente y apasionado defensor de los derechos de Loja.