Interrogantes que se debe plantear para tener acceso al conocimiento de un texto escrito

Galo Guerrero-Jiménez

En el transcurso de la vida siempre nos pasamos formulando preguntas de cómo enfrentar la realidad cotidiana. Y una de esas inquietudes es la de cómo obtenemos acceso al conocimiento que es el que nos orienta para desarrollarnos con la mayor y mejor normalidad para que nuestro desempeño profesional, ocupacional y de toda la naturaleza humana sea asimilado, procesado, analizado y reflexionado para que, desde esa fluidez mental de ideas, que van y vienen, podamos organizar nuestra vida cotidiana.

Desde esa formulación de preguntas existenciales, axiológicas y filosóficas, se entiende que cada ser humano organiza su vida, la cual empieza en la educación familiar y continúa con la educación escolarizada y luego académica para quienes tienen la oportunidad de cursar sus estudios universitarios en general. Y es quizá, aquí, en donde surge la gran inquietud en torno a los estudios que en los diferentes niveles educativos se debe plantear toda comunidad educativa, social, cultural, de familia e individualmente: ¿Por qué es importante tener acceso a la información que reposa en un libro, artículo o manuscrito escrito en físico o virtualmente elaborado para estudiarla desde la mediación de un experto y desde la lectura personal conscientemente asumida que cada ente involucrado debe tener para que pueda formarse cognitiva, ética, lingüística y estéticamente desde esta realidad educativa?

¿Qué es lo que garantiza un texto escrito sobre el cual se analiza una temática determinada para tener acceso al conocimiento? ¿Importa, en efecto, esta inquietud? ¿O más importan los métodos, herramientas electrónicas y diversas planificaciones didácticas que se llevan a cabo para tener acceso al conocimiento sin analizar lo que contiene un texto científico, humanístico, literario o de la índole temática que sea, según sea la inclinación del interesado para estudiarlo? ¿Si el centro del estudio está plasmado en un texto escrito, importa el nivel de profundidad y de ideología que contiene ese manuscrito?

En fin, son muchas las inquietudes que al respecto se debe tener presente para tener acceso al conocimiento, en especial en lo que respecta a la lectura de un texto escrito o a la escucha y visualización de un video o una imagen determinada. Pues, como señala la experta colombiana Beatriz Robledo, “desde hace décadas, se habla de promoción de lectura como la mediación que hace un lector, un grupo o una institución para lograr que lectores incipientes o en formación se acerquen a los textos escritos en cualquier soporte que se manifiesten. Pero este acercamiento no es pasivo ni solamente funcional. La promoción de la lectura pretende formar lectores críticos [no meros repetidores de contenidos memorizados mecánicamente] con capacidad de cuestionar los textos y de interpretarlos en relación con los contextos socioculturales. (…) La lectura y la escritura se conciben hoy en día como derechos fundamentales de todo ciudadano y no acceder a ellas es causa de marginalidad y exclusión” (2010) que, por cierto, hacen un daño incalculable a la sociedad, por el retraso educativo y de formación humanística que carecen los individuos que no han podido incorporarse a este proceso educativo.

El antecedente de estas reflexiones a la hora de leer para estudiar o para asumir una posición profesional desde un sano entretenimiento educativo, se enmarca en otras particularidades filosóficas y emocionales del lenguaje, como la de Irene Vallejo que sostiene que “el libro debe ser portátil, debe favorecer la intimidad de quien escribe y lee, debe acompañar a los lectores y caber en su equipaje” (2021) es decir, en su cerebro, puesto que, el poder de las palabras solo se significan si el lector está en las mejores condiciones ecológico-cognitivas para entender y procesar lingüística, estética y fenomenológicamente esa porción de lenguaje textual que aspira a posicionarse en la construcción de nuestro propio personaje hasta llegar a configurar autónoma y responsablemente una ética de la lectoescritura.