Por Ruy Fernando Hidalgo Montaño
Este 2023 fue un año de duras pruebas, en lo personal y a nivel familiar, pero no me estoy quejando, al contrario, si estoy escribiendo estas líneas para ustedes, es que no fue fatal. Dios todavía me quiere por acá, aún estoy superando un quebranto de salud, que pudo costarme la vida, al tener cara a cara a la muerte, tomé más conciencia de lo frágiles que somos, cuando el cirujano me advirtió que tenía riesgo de morir, mi mente se llenó de tantas cosas, de sentimientos encontrados, mucho temor ante la clara posibilidad de irme de este mundo, mi familia me transmitía fortaleza, comprendí que solo los que de verdad te quieren, saborean contigo lo amargo de estos momentos, lo sabía, pero que gratificante fue comprobarlo en carne propia.
Pero bueno, no estoy aquí para referirme a cosas desagradables, sino para invitarles a festejar la vida ese don maravilloso del que nos damos cuenta en cada despertar y sin embargo lo tomamos muy a la ligera, cuando en realidad es un verdadero milagro diario, que solo cuando sentimos que se nos escapa, solo allí lo apreciamos en toda su magnitud. Estamos a punto de culminar una vuelta más alrededor del sol, es un motivo grande para agradecer a la divina providencia la oportunidad de estar vivos, como la fortaleza de superar los retos que nos planteó este año.
Por eso, debemos despedirnos del 2023, llenos de gratitud y esperanza, augurando mejores días no solo para nosotros sino para toda la humanidad, tratando de preservar la sensibilidad ante lo que les pasa a tus semejantes. Hay que celebrar la vida con todos sus contrastes a veces inentendibles, pero que al final del día nos dejan enormes lecciones, que nos permiten ser mejores que ayer, cada instante será único en la medida, de que seamos capaces de volverlo especial en nuestra memoria, instalándolo en tus vivencias irrepetibles y hermosas, disfrutándolos con la intensidad del primer día, valorándolos cual si fuera el último.
Sabemos cuándo llegamos, pero no tenemos ni la más leve idea de cuándo ni cómo nos iremos, por eso es importante atesorar los bellos momentos, sacándoles el máximo provecho, y de los momentos duros y complicados, sacar la mayor enseñanza posible.
Apuntala tu existencia en los seres que amas, y te aman, en los que comparten tus triunfos y tus fracasos, si te falta alguno de ellos, refúgiate en la dulzura de su recuerdo, piensa en el fabuloso regalo que representó su presencia para tu vida. Intentemos rescatar lo positivo de esta nueva experiencia bajo el sol, y de despojarnos de lo negativo. Cualquier rato nos vamos es mejor andar ligeros de rencores, repletos de sonrisas, dando lo mejor de nosotros, les invito a festejar la vida.
