¡Feliz Navidad, a pesar de todo!

Numa P. Maldonado A.

Qué difícil es, en estos tiempos de guerras internacionales fratricidas y, al interior de la mayoría de países latinoamericanos, sin omitir el nuestro, de guerras internas impuestas por la corrupción aliada a la narcopolítica y al crimen organizado, llevar y disfrutar de una navidad normal y grata y, en este mes de grata tradición, desear la felicidad y paz a los demás, sabiendo que cualquiera sea nuestra situación actual, incluyendo a la más desafortunada o lamentable, siempre habrá en este mismo instante, en nuestro país y en el resto del mundo, millones de seres humanos que están atravesando situaciones más tristes, desesperadas y dolorosas…

¿Qué nos ocurre como humanidad, y como país? ¿Y, por qué? He aquí dos interrogantes para reflexionar un largo rato. 

El mundo globalizado de hoy, el de los enormes adelantos científicos y tecnológicos y, últimamente de un imparable ritmo desarrollista en la línea de la inteligencia artificial, por un lado, ha permitido duplicar nuestra esperanza de vida en pocas décadas y le ha ofrecido un sinnúmero de comodidades modernas; pero por otro, y como contrapartida (y hasta como requisito para alcanzar ese logro), destruir gran parte de la biósfera y ampliar la brecha de inequidad humana y, derivada de ella, aumentar la pobreza, la violencia y el sufrimiento para millones de congéneres, generalmente pertenecientes a los países poco desarrollados o “pobres” como el nuestro. Justamente este gran grupo de países, inducidos o por propia incapacidad, no han podido superar la triste condición de sometimiento , dependencia, atraso y altos índices de corrupción .

¿Será que el eurocentrismo y los países del primer mundo, captadores, poseedores y hábiles utilizadores del conocimiento humano, siguen imponiéndose en el resto del mundo, como gran monopolista? ¿Que las ideologías exhibidas hasta hoy, de derecha o izquierda, todas ellas promocionando el bienestar general pero fallidas en la práctica, sean las responsables de la inequidad e injusticia permanentes que han predominado a lo largo de la historia? ¿Y que la inmensa mayoría de la humanidad, la pobre y sufrida, siga soportando esta situación con un estoicismo que asombra?

Todos sabemos que este año que termina no ha sido un buen año para el país: el nuevo gobierno lo recibió sin liquidez, con apagones y prácticamente tomado por el crimen organizado y el narcotráfico: el valiente y exitoso operativo “Metástatasis” devela la podredumbre de la justicia y otras instituciones, apoyadas por muchos profesionales que denigran sus títulos. Pero asoman también personas honradas y valientes, como Diana Salazar y Mónica Palenque, ministra de gobierno, que arriesgan su vida por restituir la institucionalidad y la Paz. Lo que significa que no todo está perdido…

Aprovechemos pues el ambiente íntimo, familiar y fraterno de estas Navidades y los inicios del Nuevo 2024 para convertirlo en espacio de reflexión y, a nivel individual y colectivo, prometernos ser mejores. Reconociendo que es mucho mejor seguir los buenos ejemplos y “no caer en la tentación” del dinero fácil o el enriquecimiento ilícito que promociona el crimen organizado. Unámonos a la noble Causa de la Paz y el retorno a la institucionalidad del país siendo buenos ciudadanos y mejores seres humanos… pensando siempre en un Nuevo Ecuador, profundamente democrático y sin corrupción. ¡FELIZ NAVIDAD!