Iván Vélez Sánchez
Yo siempre he creído que en este mundo habremos dos clases de gente: los ricos muy pobres y los pobres muy ricos, porque el dinero no es el que marca la diferencia, pues hay algo que no se compra ni con todo el oro del mundo como la amistad, la alegría, el respeto, el cariño; y, sobre todo, el amor al prójimo. Todo esto a propósito de las fechas que se avecinan.
La Navidad comercial es temporada de regalos, pero la familiar es de reuniones, de amor y también de nostalgia, no solo por los acontecimientos vividos y que vendrán, sino porque suelen llegar en avalancha los recuerdos de personas y situaciones, tanto felices como agridulces.
De pronto alguien que conoces se prepara para su primera Navidad sin su marido, sin su esposa, sin su madre o padre, sin un hermano o hermana, sin una hija o hijo, sin algún ser querido. Independientemente de los detalles, recuerda que esta temporada de alegría es, en otros casos, una época de tristeza para muchos. Por tal motivo, sé amable, sé generoso, sé paciente, da amor y ayuda a quién lo necesita, no lastimes a nadie, La alegría y la pena convergen de una manera inusual en esta época del año.
He reconstruido un momento en el que una festividad religiosa encarnada por los Peyes Magos tuvo que coexistir con una nueva “tradición” divulgada por la sociedad de consumo a través de la publicidad y algunas producciones culturales transmitidas por los medios de comunicación. No tuvieron que pasar muchos años para que Reyes Magos y “Santa Claus” aprendieran a convivir, no sólo en las calles y plazas, sino también en los centros comerciales y en los hogares. Esto se debió a un contexto de receptividad de los ecuatorianos a la influencia cultural estadounidense, no exenta de conflictos, tensiones y contradicciones. Pero también a que los comercios notaron muy pronto “»que les favorecía más la distinción entre los regalos de Navidad y los del Día de Peyes, pues aquello abarcaba dos presupuestos, el de diciembre y el de enero”. Las decisiones de consumo fueron afectando a la memoria colectiva que, en gran medida, terminó siendo comercializada. Finalmente, Santa Claus se entretejió con el catolicismo ecuatoriano y los nacimientos se empezaron a ubicar al pie de los árboles de Navidad. En Cuento de Navidad, en un centro comercial, un Santa Claus atiende a una niña que vive en un sector popular, Aquí se olvida la pobreza y se condensa nuevamente la mixtura que, para ese entonces, ha alcanzado Santa Claus con la religión católica.
Cuenta una historia que un ratón se subió a un frasco y descubrió que estaba lleno de granos de trigo. Se puso muy contento al encontrar tanta comida porque ya no necesitaba esforzarse y correr para ir en busca de alimento. Mientras disfrutaba del festín de granos, no advertía que cada vez se metía más dentro del frasco. Cuando finalmente llegó al fondo, se dio cuenta de que estaba atrapado y de que ya no podía salir. Ahora, para seguir viviendo, dependía de que alguien le diera de comer. Ya no podía ir a ningún otro lado fuera del frasco que lo contenía, ni elegir qué granos comer.
De esta historia se desprenden algunas lecciones más que evidentes:
- Las cosas muy fáciles a corto plazo pueden conducir a trampas en el largo plazo.
- Aceptar las cosas que no requieren esfuerzo, puede llevarnos a quedar atrapados en la dependencia.
- Cuando no utilizamos nuestro potencial, no mejoramos nuestras habilidades y no estamos obligados a mejorar y a esforzarnos, no solo perderemos de a poco nuestras habilidades, sino también nuestra capacidad de elegir y la libertad.
- Si no adoptamos la decisión correcta en el momento oportuno, agotaremos nuestros recursos y perderemos la capacidad de decisión.
- La libertad se puede perder muy rápidamente si no se lucha todos los días por ella.
- Nada llega sin esfuerzo en la vida y, si llega, tal vez no valga la pena. La esperanza y la perseverancia prevalecen, demostrando al final que todo es cuestión de actitud.
Depende del enfoque que demos a las cosas. Los regalos materiales son superfluos. La actitud para dar ánimo, consuelo y alegría al prójimo, especialmente a tanto niño necesitado y abandonado, es la que debe marcar la época navideña. Para ti, querido lector, si estás pasando un mal momento en esta temporada, te deseo paz en tu corazón y que tu alma se llene de esperanza.
Les deseo una muy Feliz Navidad y un próspero año nuevo.
