El baúl de los recuerdos: Daniel Ortega: trabajo que genera crecimiento

 Efraín Borrero E.

Hace pocos días recibí la visita de un gran amigo guarandeño: Galo Camacho. Mi hermano Camilo, un hombre conocido en nuestro medio por la función que desempeña desde hace cuarenta y tres años, constituyéndose en el decano de los notarios del Ecuador, le dio la referencia de mi domicilio. Me emocionó verlo al cabo de tanto tiempo y constatar que su porte caballeroso se conserva inalterable.

Lo conocí por 1971 cuando vino a Loja para trabajar en la entonces Empresa Nacional de Productos Vitales (Enprovit), creada en el último gobierno de José María Velasco Ibarra como una empresa estatal adscrita al Ministerio de Agricultura y Ganadería, para distribuir productos de consumo básico.

Me confesó que tenía un ferviente deseo por retornar a nuestra ciudad, para reencontrarse con el pasado de aquellos gratos momentos que vivió al calor del generoso espíritu cosmopolita que brindamos los lojanos.  

En su memoria estaba las reuniones sociales con sus paisanos: Ricardo Albuja, Raúl Campana, Holger Villavicencio, Humberto González Del Pozo y Alberto García, así como los gratos momentos que disfrutamos conjuntamente con Daniel Orlando Ortega Fernández.  

Acompañé a Galo durante los tres días que visitó la ciudad y en su vehículo la recorrimos punto por punto. Constituido en su guía, las preguntas fueron múltiples, sobre todo cuando observaba algo que le era novedoso.

Le sorprendió el crecimiento de la urbe tomando en cuenta que Loja es una ciudad con apenas doscientos diez mil habitantes, aproximadamente, y no encontraba explicación al desarrollo económico que se ha producido en los últimos años. Basaba su apreciación en algunos indicadores que son evidentes, por ejemplo: operan doce bancos privados, uno de los cuales es matriz; existe gran cantidad de cooperativas y cajas de ahorro y crédito; una buena parte de la ciudad es un verdadero shopping; abundan los establecimientos farmacéuticos; los vehículos sobrepasan los cuarenta mil; restaurantes y cafeterías hay por doquier; las clínicas y establecimientos sanitarios se han multiplicado, así como también los medios de comunicación radiales y de prensa digital.

Galo y yo estamos conscientes que la fundamental actividad productiva de la ciudad de Loja es la comercial, ya que la industrial es deficitaria y la agrícola y ganadera simplemente abastece el consumo local.  Por lo mismo, es fácil colegir que la actividad comercial es la base de su desarrollo económico.   

En la tarde del último día, Galo se empeñó por visitar a nuestro común amigo, Daniel Orlando Ortega Fernández. Previa cita nos trasladamos a su “cuartel general” en el edificio funcional de Iomotors, situado frente a la Terminal Terrestre “Reina del Cisne”, desde donde comanda las operaciones del Grupo Empresarial Ortega.

Galo se ubicó rápidamente en el sitio, porque cuando arribó a la ciudad se detuvo para observar en la fachada de la Terminal el mural pictórico del reconocido artista lojano Alyvar Villamagua. Me dijo que le había impresionado el estado de conservación de esa hermosa obra artística, a pesar del tiempo transcurrido y tomando en cuenta que es un sitio de concurrencia masiva, lo que evidentemente denota el respeto y cultura de los lojanos.  

Le manifesté que en la ciudad hay varios murales con diferentes estilos, técnicas y percepciones, y que en algún momento la Universidad Técnica Particular de Loja propuso hacer de Loja “ciudad de murales”, para que constituya una identidad local.

Daniel nos recibió con un efusivo abrazo e inmediatamente nos invitó a recorrer las confortables oficinas en las que él, sus hijos y algunos nietos tienen su espacio de trabajo. En las paredes cuelgan gran cantidad de distinciones, reconocimientos y homenajes recibidos a lo largo de su exitosa vida empresarial.   

Nos hizo entrega de su libro “Camino a la Cima”, editado en el 2021, en el que relata pormenorizadamente la trayectoria de vida y trabajo, desde cuando su padre, Nicanor Modesto Ortega, que era ganadero, condujo a sus hijos desde temprana edad por el sendero del comercio, inculcándoles el espíritu de trabajo.  

En los días sábados y feriados, los hermanos Ortega Fernández acompañaban a su padre al sitio donde se comercializaba ganado. Fue allí donde Daniel aprendió ese tipo de negocio que años más tarde llevó a la práctica en sus iniciales actividades mercantiles.

Transcurrido el tiempo nos encontramos en las aulas de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Nacional de Loja, en 1964. En los seis años de estudio consolidamos una apreciable y sincera amistad que se conserva intacta.

Siendo estudiante universitario, contrajo matrimonio con Fanny María Piedad Jadán Peralta, una mujer maravillosa que para entonces ejercía la docencia en una escuela, y que en la vida de Daniel fue un puntal de apoyo para el logro de grandes realizaciones.  

Con ella estableció un negocio de venta de materiales de construcción que a la postre se convertiría en la emblemática Importadora Ortega, detrás de la cual hay una historia de sacrificio, esfuerzo y tesón.

Daniel Orlando cuenta una singular anécdota: “Cuando iniciamos nuestro negocio, el país estaba gobernado por la Junta Militar. Un día llegó a mi establecimiento un militar de apellido Jarrín, me dijo que traía un cheque por el valor de un millón de sucres a nombre de Importadora Ortega, firmado por el jefe del Cuartel Cabo Minacho, para la adquisición de materiales de construcción. Le indiqué que no podía recibir el cheque por esa cantidad en vista de que no tenía todo el material solicitado. El militar replicó: “Sr. Ortega, tome el cheque y deposítelo en su cuenta, el material que he solicitado no lo necesito por el momento en su totalidad, puede usted entregarlo poco a poco, conforme le vaya requiriendo”.

Con el tiempo, su esposa Fanny Jadán asumió la responsabilidad de Importadora Ortega hasta el aciago día de su fallecimiento en el año 2016, sucediéndole en la gerencia su hija primogénita: Nedita del Cisne, una ingeniera comercial capaz, perseverante, tenaz y luchadora.

A ella se sumaron sus hijos: Daniel Agustín, ingeniero comercial con una maestría de especialización en Inglaterra; Luis Alfonso, ingeniero comercial graduado y con maestría en la Universidad San Francisco de Quito; y, David Riofrío Ortega, ingeniero comercial graduado en la misma universidad.

Es oportuno recordar que Fanny María Piedad Jadán Peralta, haciendo gala de su fuerza humana y espíritu solidario, realizó una significativa obra social en centros de acogida de ancianos y con niños huérfanos recogidos en las calles. Recibió múltiples homenajes de reconocimiento, uno de los cuales fue de la Municipalidad del Cantón.

Además de Nedita del Cisne, el matrimonio de Daniel Ortega y Fanny Jadán tuvo otros hijos, todos ellos brillantes: Orlando Patricio, ingeniero comercial y master en Administración de Empresas en universidades de Estados Unidos y Canadá, a quien la muerte sorprendió durante la pandemia COVID-19. Gina Alexandra, B.A en Marketing, se desempeña como directora administrativa de la Compañía Iomotoros; y, Daniel Onasis Ortega Jadán, economista, a cargo de las compañías automotrices KIA en Guayaquil y HYUNDAI en Puerto Rico.

Nada más justo que reconocer la visión y emprendimiento de Daniel Orlando Ortega Fernández, quien ha creado varias empresas a lo largo de su vida generando fuentes laborales; así como el abnegado y fecundo trabajo junto con su esposa Fanny María Piedad Jadán Peralta, y el aporte significativo de sus hijos, quienes bajo su experimentada orientación, son parte constitutiva e importante del Grupo Empresarial Ortega, considerado uno de los más representativos de Loja.

En la actualidad el Grupo Empresarial Ortega abarca un corporativo automotor de varias marcas; empresas en el área inmobiliaria y la Compañía Centro Agrícola y Ganadero “La Victoria”.  

En un acto social de reconocimiento al trabajo realizado por Daniel Orlando Ortega Fernández, su buen amigo, Alfredo Jaramillo Andrade, hizo el brindis resaltando la magnitud de un esfuerzo; el trabajo del hombre sin dobleces; la inteligencia de quien crea un negocio, la capacidad empresarial y administrativa de una persona decidida; así como también el afán de servicio a la comunidad y la voluntad de desarrollo del comercio y la industria en la región austral del país. Hizo notorio que Daniel Orlando ocupa un lugar de honor plenamente reconocido por Loja y más allá de los linderos provinciales.

Aludiendo a la digna familia Ortega Jadán, que dinamiza las legítimas empresas creadas por Daniel Orlando, manifestó que es ejemplo de trabajo y superación.

En efecto, el Grupo Empresarial Ortega está conformado por una familia ejemplar, respetable, poseedoras de un conjunto de valores y merecedora de toda admiración, en la que el padre, hijos y nietos con capacidad productiva están integrados para cumplir un rol protagónico y aportar significativamente al desarrollo comercial de Loja.