Quilanga, 12 de enero 2024
La patria es también nuestra madre y hemos aprendido que, a la madre, no se la hiere, no se la agravia, al contrario, se la respeta, se la venera y consecuentemente se la defiende. En este momento de incertidumbre, de sosiego, de dolor y muerte, vale recordar el juramento cívico de defender la madre patria y al mirar sus símbolos patrios debe henchir nuestro corazón por la unidad nacional y derrotar juntos al maligno, expresado en la violencia, el terrorismo, el narcotráfico y la corrupción de las élites de distinto origen y naturaleza que nos representan.
Vivimos este momento crucial en donde lo más sagrado, la vida, está en peligro, pero de esta crisis debemos salir fortalecidos, nuestros líderes deben unir criterios para enfrentar toda expresión que atente contra la vida, los ciudadanos de a pie, también debemos convocarnos y sumar para cuidarnos y protegernos.
Lo que vivimos en este momento, en conciencia y responsabilidad de los distintos líderes políticos, sociales y religiosos, debe llevar a formularse un “mea culpa”, por lo que se ha hecho y dejado de hacer, encontrar los verdaderos orígenes de la incubación del mal que conduce a esta reacción.
Sin duda, deben empezar por reconocer el estado de injusticia, postración y desamparo; de incoherencia entra las propuestas de trabajo y su accionar, debilidad en el ejercicio de poder por falta de liderazgo que han construido una sociedad de privilegios y privilegiados y ha impedido la solución de los mayores problemas: la pobreza extrema crece, falta de servicios básicos como salud y educación de calidad son muy débiles, la falta de trabajo local que nuevamente ha generado una insostenible migración que abandona la familia y en su aventura lo explotan y muchos encuentran la muerte.
La incertidumbre, la zozobra, la oscuridad de este momento debe conducir, primeramente, a recuperar el estado de paz, de seguridad, de institucionalidad para enfrentar y derrotar al enemigo que puede estar dentro de nuestra esfera o también fuera de las fronteras, segundo, recuperado el orden y garantizada la seguridad y la vida debe llevar a replantear la administración, la gestión y liderazgo para sentar bases de un modelo de desarrollo que sea humano, integral, que prime la justicia social, la igualdad de oportunidades, que no contamine y explote menos los recursos naturales.
Camino difícil, sí, pero que abre nuevos horizontes. La decisión consensuada, coherente, seguro será favorable a una patria de todos y para todos y allí estará cada ecuatoriano para volver a jurar por la patria. El ejemplo de los líderes será la fuente de inspiración para definitivamente transformar la sociedad ecuatoriana. Ejemplos hay muchos. Vicente Rocafuerte en los albores de la naciente república, Tránsito Amaguaña, Dolores Cacuango, Monseñor Proaño que ya plantearon un nuevo país inclusivo y solidario.
Los jóvenes, los estudiantes, aparte de resguardarse en casa por esta emergencia, fruto de la reflexión desde sus hogares, invitan a recuperar el espacio de la familia y sus valores, la cercanía mejorará la convivencia, piden que con juicio crítico y creativo discernir, responsablemente, entre lo bueno, y, finalmente llaman a todos a ser propositivos en cada mensaje que se emita por los medios convencionales, la internet y redes sociales.
Esta es la hora de la patria, es la hora de todos. Es la hora de vivir en justicia y solidaridad para desterrar la muerte y el dolor generado por la violencia injustificada.
