Desidia

En el vaivén del tiempo, observo con desgana,
un espejismo difuso, un sueño que se escabulle.

Día tras día, te veo olvidado, anhelante,
año a año, más desgastado, pero aún esperanzado.

Oh, cómo te admiran, veneran, disfrutan,
mas, ¿quién arriesgaría todo por ti?
Eres la vida, el color, la alegría
de aquellos que te viven, que respiran tu esencia.

Comenzaste con sueños, con un destino dorado,
pero hoy, eres marioneta de manos ajenas.
Excusas mil se tejen, en un tapiz de olvido,
recordada en necesidad, olvidada en la memoria.

Te has vuelto un espectro, un bien necesario,
un fantasma que canta al oído,
recordándote de lo que fuiste, de lo que merecías.
En mi impotencia, contemplo el anochecer con desdén,
pues mi paso fugaz se ve limitado por la indiferencia.

Observo razones ambiguas, veo el potencial no explotado,
y como un niño, mis ojos brillan con la ilusión
de verte grande, resplandeciente, referente
de un nido rebosante de oportunidades.

Aquí, sin embargo, me embarga una sensación familiar,
la crónica de una muerte anunciada se repite.
Un ciclo de desidia y descuido,
un evento de arte y vida, desvanecido en la rutina.

Esta es mi percepción, mi visión desde el timón,
donde las palabras danzan entre líneas.
Una historia que se cuenta sin nombrar,
una verdad que se esconde en el velo de la metáfora.

En este lienzo de pensamientos y emociones,
plasmo mi sentir, mi temor y mi esperanza.
Que estas palabras sean el eco de un cambio,
la voz de un renacer en la penumbra de lo olvidado.