Numa P. Maldonado A.
El 19 de enero pasado culminó el 54vo Foro Económico Mundial (FEM) de Davos (Suiza), singular evento fundado en 1971 por Klaus Schwab, economista y académico suizo-alemán, “con el fin de fomentar la cooperación mundial en asuntos políticos, sociales y económicos”. Objetivos aparentemente nobles y loables, sin ánimo de lucro, para reunir anualmente a los sectores público y privado en busca de soluciones (teóricas) a los problemas globales y “mejorar el estado del mundo”.
El lema de esta edición del FEM fue “Reconstruyendo la Confianza”. Así que el pequeño poblado de Davos (unos 11.000 habitantes) acogió, del 15 al 19 de enero de 2024, una muestra representativa del poder político y empresarial del mundo (la crema y nata de la geopolítica actual, representada por cerca de 60 jefes de Estado, entre otros: el presidente de Israel, Isaac Herzog; de Ucrania, Volodymyr Zelensky; de Francia, Emmanuel Macron, de Argentina, Javier Milei, de Colombia, Gustavo Petro; Li Qiang, segundo al mando de China; cuatro altos funcionarios de gobierno de EUA representantes de Hamas; Billy Gates y lideres de movimientos sociales y ecológicos de diversas tendencias, destacados expertos, agentes de cambio, medios de comunicación y, por supuestos, multimillonarios… De modo que hubo cerca de 2.800 participantes de 120 países.
La reunión se organizó en torno a cuatro áreas: 1)Lograr la seguridad y la cooperación en un mundo fracturado, basándose en el compromiso estructurado y a largo plazo del Foro con gobiernos, organizaciones internacionales y expertos de todas las regiones; 2) Crear crecimiento y empleo para una nueva era: ¿Cómo pueden el gobierno, las empresas y la sociedad civil unirse en torno a un nuevo marco económico para evitar una década de bajo crecimiento y situar a las personas en el centro de una trayectoria más próspera? ¿Cómo minimizar los compromisos y maximizar las sinergias en una situación en la que las medidas tradicionales parecen fracasar?; 3) La inteligencia artificial (IA) como motor de la economía y la sociedad: ¿Cómo utilizar la IA en beneficio de todos? ¿Cómo equilibra el divergente panorama normativo la innovación con los riesgos sociales? ¿Cómo interactuará la IA con otras tecnologías transformadoras, como la 5/6 G, la computación cuántica y la biotecnología?; y 4) Una estrategia a largo plazo para el clima, la naturaleza y la energía: ¿Cómo desarrollar un enfoque sistémico a largo plazo para alcanzar los objetivos de un mundo neutro en carbono y positivo para la naturaleza en 2050, proporcionando al mismo tiempo un acceso asequible, seguro e inclusivo a la energía, los alimentos y el agua? ¿Cómo equilibrar estas contrapartidas para lograr un consenso social?
Davos tiene, como es natural, seguidores y detractores. Entre los primeros se cuentan representantes de las grandes élites económicas, que acuden al FME para hacer alianzas y negocios; entre los detractores, quienes aprovechan este tipo de foros para exponer sus tesis y promocionarlas.
Ejemplos: 1) el informe anual sobre desigualdad de Oxfam: Si se mantiene la tendencia actual, el mundo podría ver su primer billonario en una década. Hoy, la fortuna de los cinco hombres más ricos del mundo se ha más que duplicado desde 2020, mientras casi 5.000 millones de personas se han empobrecido, al enfrentar la inflación, la guerra y la crisis climática. Con esta trayectoria, se tardarían casi 230 años en eliminar la pobreza; 2) Llamado hipócrita de los 250 multimillonarios mayores a firmar un documento que los comprometa a dar mayores aportes para solucionar precisamente esos problemas que han causado y continúan causando desventura y sufrimiento a la mayor parte de la humanidad.
