Diego Lara León
Revisando varios apuntes, me encontré, con la primera clase que recibí en el año 2004 cuando empezaba mi primer curso de postgrado. La famosa clase de inducción no fue ni de economía, ni de gerencia, ni de estrategia, fue una cátedra de motivación, o como lo decíamos en ese tiempo, una clase de “ubicatex”. Procuraré hacer el mejor esfuerzo para resumir en pocos minutos la magistral clase de mi profesor:
El mayor error que se comete en el proceso de desarrollo personal o profesional es querer ir demasiado a prisa. La impaciencia es el común denominador de muchas iniciativas que fracasan. Las personas quieren resultados inmediatos y al no suceder así, se frustran.
El ejemplo del bambú chino, es una gran metáfora para compararlo con el proceso de cambio y transformación personal y organizacional. El bambú chino evoluciona de la siguiente manera: Después de sembrada la semilla, pasan como 5 años hasta que se ve el primer brote de bambú, en todo ese tiempo su crecimiento fue subterráneo, invisible, en esos años se estuvo construyendo silenciosamente una compleja estructura de raíces que se extiende vertical y horizontalmente por la tierra. A partir de ahí en poco tiempo crece hasta alcanzar una altura de 25 m de alto. Algo muy similar ocurre con los procesos de desarrollo personal, alguien decide un buen día ir en busca de su sueño personal, seguir su vocación, su pasión, sus objetivos, entonces, siembra y trabaja pero no obtiene resultados y así un día tras otro, una temporada tras otra, pero parece que todo sigue igual, que nada ocurre, de pronto aparecen las dudas, los bajones, los momentos de debilidad emocional que invitan a abandonar, a tirar la toalla, algunos ante la incertidumbre del futuro abandonan y prefieren plegar velas para navegar a puerto seguro, otros continúan pero poco tiempo después también desisten y así ocurre con otros más cada cierto tiempo, sin embargo, hay un pequeño grupo minoritario que decide seguir adelante y se mantiene firme rumbo a destino a pesar de los fuertes vientos que puedan azotar el barco, y de repente, un día, todo se precipita, algo empieza a germinar y se da un crecimiento exponencial, es como si la noche anterior hubiera sido otra de esas jornadas en las que uno piensa abandonar, y de pronto al día siguiente, aparece la luz, como apunta la sabiduría popular: “la hora más oscura de la noche es justo la que precede al amanecer”.
Por cierto, con bastante frecuencia también vemos que otro de los grandes enemigos en los procesos de desarrollo personal y empresarial se encuentra en la gente que se tiene alrededor. Huyan de los pesimistas, de los negativos, de la gente gris y tóxica que ante la falta de valentía para ir en busca de sus sueños intenta que otros tampoco lo hagan, porque eso sería dejar al descubierto sus carencias y mediocridades. “Los límites nunca están en las personas, están en los entornos”. “Los límites están en nuestras creencias y casi siempre somos adictos a nuestras creencias”.
Todos tenemos límites, pero esos límites no son nuestros, no son algo que venga de fábrica, sino son el resultado de nuestro entorno, los límites son una especie de software que se ha instalado en nuestro cerebro durante los 6 primeros años de nuestra vida a través de lo que hemos visto y lo que hemos oído, las creencias limitantes o posibilitadoras reflejan nuestra autoestima, si nos vemos como alguien capaz de lograr grandes cosas, eso sucederá, en cambio, si nos vemos como insignificantes para alcanzar metas altas, no las alcanzaremos, vivir con una baja autoestima es como ir por el mundo atado de pies y manos, las posibilidades de avanzar son muy reducidas. La autoestima no es otra cosa que la reputación que uno tiene de sí mismo.
Nuestro primer reto debería ser cultivar hábitos mentales sanos, si nuestras creencias son limitantes da igual lo duro que trabajemos, porque los resultados serán pobres, recordemos que el 90% de nuestra vida está gobernada por el inconsciente, por eso si controlamos nuestra mente, controlamos nuestra vida.
Es imprescindible poner la responsabilidad en nosotros, no hay que centrarse en lo que va a pasar, sino en lo que vamos a hacer. Ya hay muchos expertos en culpabilidad como para ser uno más. Es mejor ser culpable de algo, que juzgador de culpas.
No hay nada peor que no hacer nada, tengamos mentalidad ganadora, no perdamos el tiempo quejándonos, aprovechémoslo trabajando para conseguir nuestras metas. Los que más critican son los que menos hacen, eso es un axioma que nunca falla.
En el proceso de la vida vamos a tener días buenos y malos, habrá días donde tengamos bajones, tranquilos, eso es parte del proceso, es síntoma que estamos caminando.
Les dejo este mensaje final, la probabilidad de tener éxito crece mientras aumentan las veces que insistimos.
@dflara
