Fernando Oñate
Divide et vinces. Divide y vencerás es una frase atribuida a diferentes personajes desde Julio César hasta Napoleón Bonaparte, pasando por Nicolás Maquiavelo y se refiere a la estrategia que se utiliza para mantener el control, dividiendo y fragmentando el poder de los grupos rivales a fin de que no puedan unirse en pos de un objetivo común. Los casos en los que esta estrategia ha sido aplicada son numerosos en la historia.
La división implica la separación o el reparto de un todo en varias facciones, conlleva discordia y desunión ocasionada por diferentes intereses. Al ser esto así, es fácil comprender como imperios poderosos inicialmente se dividieron y luego de su división, irremediablemente desaparecieron. En Latinoamérica hay ejemplos tal vez peores, pues intereses políticos personales causaron divisiones que, hasta el día de hoy casi doscientos años después de la independencia, han impedido una verdadera integración de nuestros pueblos; y al parecer, no hemos aprendido mucho, pues lamentablemente aún nos separan razones tan irrelevantes como la región en la que vivimos, nuestro nivel socioeconómico o incluso el candidato político con el que simpatizamos. Resta saber quien es el que se beneficia.
El Apóstol Santiago nos dice “¿Saben por qué hay guerras y pleitos entre ustedes? ¡Pues porque no saben dominar su egoísmo y su maldad! Son tan envidiosos que quisieran tenerlo todo, y cuando no lo pueden conseguir, son capaces hasta de pelear, matar y promover la guerra. ¡Pero ni así pueden conseguir lo que quieren!”. La división proviene de sentimientos poco gratos como el egoísmo, el orgullo y la envidia; evidentemente, ninguna división dará fruto.
El Apóstol Pablo escribía a los Corintios: “Les ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos se pongan de acuerdo, y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén enteramente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer”. ¿Acaso es factible lograr acuerdos y acabar con la división? Pues claro que si. El Apóstol Pablo nos proporciona la clave: “mediten en todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio”, cuando esto es puesto en práctica en nuestra vida, los motivos para la división, acaban.
Nuestro país necesita unidad, nuestras familias necesitan unidad, aunque el enemigo es grande, la unión nos hace fuertes. No olvidemos que Jesucristo advierte que “si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede perdurar. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá permanecer”.
