P. Milko René Torres Ordóñez
En la lectura de la Palabra de Dios de los domingos anteriores hemos seguido de cerca las huellas de Jesús. San Marcos nos ha contado lo que sucede cuando Jesús pasa cerca de cada persona. Los encuentros con Él cambian la historia. Hacia Él llegan seres humanos con distintas intenciones y necesidades. En la llamada “jornada de Cafarnaúm” sucede un hecho cargado de amor y de solidaridad.
Un hombre, enfermo de lepra, acude a Jesús. Se trata de un marginado social que vive las consecuencias de su realidad. Ninguna otra persona ha podido sanarlo porque tampoco debía tocarlo. Tiene la suficiente convicción de que solamente Jesús puede limpiarlo, purificarlo, liberarlo de su enfermedad. Le han hablado de su poder y de su autoridad. Le suplica: “Si tú quieres, puedes curarme”. El leproso cree que Jesús puede hacer lo imposible: limpiar su piel para vivir con dignidad. Es un hombre que tenía mucha fe en el poder que viene de Dios. Y así fue. Los leprosos eran “muertos en vida”. Excluidos de su vida familiar. No tenían trabajo, ni derecho a una religión que los ampare. San Marcos narra algo más que un milagro. No le alcanzaba el hecho de ser sanado. Debía ir al templo para que un sacerdote certifique que está libre de la enfermedad. De esta manera recupera su identidad perdida para volver a ser considerado como miembro del pueblo de Dios. Jesús cambia la lógica de las costumbres y de la ley. Rompe los esquemas, como en otras ocasiones. El poder del Hijo del Hombre está por encima de todo aquello que impide que el ser humano viva feliz. Ha asumido la miseria humana. Ha hecho suyo el dolor y la marginación. ¿Quién podía romper este esquema infernal? El Jesús que presenta san Marcos es el Jesús que entregó toda su vida por nosotros. Lo necesitamos ahora. La discriminación y la xenofobia son la lepra de este tiempo. Jesús extendió su mano. Lo tocó. No le importó quedar contaminado, impuro, según las prescripciones legales vigentes. El evangelio, asumido desde la realidad de los seres más desvalidos, destaca la cercanía de Dios. Su debilidad es el amor por el hombre, creado a su imagen y semejanza. El poder de una estructura que mata es derrotado desde la fuerza del evangelio. La Ley, frente a la palabra de Jesús, queda cuestionada. Jesús nos enseña a no tener miedo. Quiere que le permitamos entrar en nuestra vida. No condicionemos su modo de proceder. La narración de San Marcos nos deja muchas lecciones. Quien se acerca a Jesús busca y encuentra algo nuevo. Recibe el regalo de una libertad que no tiene precio. Con este don nuestra vida llega a estar llena de belleza, nobleza y pureza. Evitemos vivir en la angustia de una nueva esclavitud que nos lleva a las garras de la muerte. La vida nos ofrece nuevas oportunidades para caminar con la libertad de los Hijos de Dios. San Pablo nos anima a vivir con alegría: “Todo lo que hagan, comer, o beber, o cualquier otra cosa, háganlo para gloria de Dios”. El paso de la oscuridad a la luz es signo de bendición.
