La información electronal desde la cultura de lo diverso

Galo Guerrero-Jiménez

Por la gran influencia de los medios tecnológicos y digitalizados que todo ciudadano alfabetizado hoy emplea continuamente, el mundo se está configurando desde lo diverso y diversificado, en desmedro de los valores estandarizados y homogéneos, con lo cual, la oralidad y la escribalidad, en especial en los niños y jóvenes, adquiere nuevos ribetes de comportamiento que no encajan con los valores tradicionalmente establecidos en la familia, en la sociedad, en la cultura y en la educación formal.

Pues, la facilidad para recibir la información electronal, y luego para comunicarse con libertad en todos los contextos posibles, supone una nueva producción social y cultural, la cual es asumida y procesada desde una supuesta verosimilitud y utilizando figuras tropológicas, es decir, alterando el sentido de las palabras del que propiamente les corresponde; o empleando metáforas en las que, en vez del sentido correcto de la palabra, esta aparece figurada, es decir, se emplea el nombre de una cosa por otra; también se recurre a la metonimia, en donde lo que importa es “el continente por el contenido, el símbolo por lo simbolizado, el lugar por lo que en él se produce, el autor por la obra, la materia por el objeto, la parte por el todo, el instrumento por quien lo maneja, la causa por el efecto” (Carvajal Rodríguez, 2023).

Además, como señalan Biondi Shaw y Zapata Saldaña, “el sistema cultural de la oralidad, es fácil comprobarlo, nos pone ante la preponderancia de las oraciones coordinadas. Temática y sintácticamente, la oralidad nos sitúa en el terreno de los denominados discursos sin fin. Es decir, cambiamos de un tema a otro y no subordinamos mayormente. Y esto mismo ocurre en el sistema cultural de la electronalidad” (2019).

Así, “los jóvenes de hoy -y los nuevos grupos sociales en configuración- construyen sus identidades en una cultura del hacer alimentada por el perspectivismo respecto a la representación, por un yo y un tú permanentemente en intercambio, por la atención sistemática a la contigüidad metonímica y -por ende- a los contextos” (Biondi Shaw y Zapata Saldaña, 2019), en cuyo entorno lingüístico, situacional y físico sobre los cuales asumen sus hechos desde la óptica de la diversidad que, sin ambigüedades, la toman como un valor nunca antes imaginado, dado que, desde la electronalidad, no solo es posible consumir información, sino convertirse en entes sustancialmente emisores y en contacto continuo con la proximidad permanente, desde el uso del teléfono móvil o celular, sin el cual la existencia no tiene sentido.

Este tipo de conducta, por supuesto, en torno a la oralidad y a la lectoescritura electronal y virtualizada está promoviendo un nuevo comportamiento en las habilidades comunicativas de la juventud, ejercidas, por supuesto, a través del cerebro que, como un órgano social, está reaccionando neurológica y fisiológicamente desde esta nueva interacción social, la cual, como es lógico, no se encuadra con los tiempos del humanismo practicado a través de la cultura del libro, como el mejor baluarte educativo para generar conocimiento y, sobre todo, pensamiento crítico, reflexivo, cuestionador, interrogativo, analítico, conversativo y de debate de ideas.

Que nuestros jóvenes, así como se han dejado impactar por esta cultura de lo diverso a través de los medios tecnológicos,  traten de guardar un equilibrio intelectual y afectivo, aprovechando la tecnología de la imprenta que, si se adentran en un tema de su predilección, sea para “extraer el máximo provecho científico, moral e ideológico de la lectura” (Berardinelli, 2016), puesto que leer empleando adecuadamente cualquier medio electrónico, sigue considerándose un acto individual, social y culturalmente digno, elegante, sobrio y humanísticamente adecuado.