Por Ruy Fernando Hidalgo Montaño
Un día cualquiera del 2020, una joven mujer, de 39 años, hacía yoga en un sitio cualquiera, de pronto se percata que un miembro de su cuerpo no respondía a las órdenes de movimiento de su cerebro, ella seguramente lo atribuyó al agotamiento muscular provocado por estrés o quizá por las posturas corporales que requiere el yoga: más tarde a bordo de su auto se da cuenta de que no puede conducir su vehículo normalmente como lo había hecho tantas veces. Se empieza a preocupar y acude a consulta médica, los galenos, luego de revisarla, le dicen que no hay de qué preocuparse, que las molestias son producto de la presión de la vida cotidiana, días después vuelve a tener dificultades: esta vez para caminar, es ahí cuando empieza la verdadera pesadilla.
Realizan varias consultas en el país, pero estas son infructuosas, porque no dan un diagnóstico certero de su padecimiento. Entonces su familia decide llevarla a los Estados Unidos, en donde sí dan con la enfermedad que padece Paola Roldan: esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Esto, es desolador para la familia y más aún para ella, madre y esposa con un tierno hijo que requiere de cuidados por su infancia, la familia no se rinde, sigue buscando paliar la condición de Paola, en esa búsqueda viajan a Israel en donde se presumía había cura, pero no fue así.
Mientras tanto, la terrible enfermedad hacía mella en la salud de Paola, quitándole aceleradamente autonomía para las cosas más elementales de la vida, como bañarse, hacer sus necesidades biológicas, etc. El impacto en estos casos no solo lo sufre el paciente sino también su familia, quienes comparten convivencia diaria, sufren colateralmente los efectos letales de padecimientos de esta magnitud.
Por eso, desde mi humilde óptica, es totalmente entendible que Paola haya realizado una demanda a la Corte Constitucional, mediante la cual, en uso pleno de sus facultades mentales, pedía al máximo órgano legal del país, se legalice en Ecuador la eutanasia. El miércoles 07 de febrero de este año, luego de tres meses de debatir sobre este caso, la Corte emitió una sentencia favorable, lo que significa que nuestro país será el segundo en américa del sur en legalizar la eutanasia; el primero fue Colombia.
Yo sé que existen sectores extremistas que se oponen a este fallo, pero desde esta columna les invito a ponerse por un momento en la piel y en la mente de Paola, que ahora mismo no puede mover un dedo —literalmente hablando—, con dolores intensos en su cuerpo, sabiendo y sintiendo el sufrimiento de sus familiares a su lado 24/7, sin poder alimentarse normalmente agonizando dolorosa y lentamente; quienes experimentamos algún grado de dependencia, no en los niveles de Paola, claramente sabemos lo que se siente. Juzgar desde el dogma y la teoría es muy cómodo, enfrentarse en carne propia con la realidad ya es diferente.
Gracias Paola Roldan por poner en el escenario público una realidad que hasta ahora permanecía soterrada, por temor al qué dirán, pero se venía realizando a escondidas por doctores amigos o familiares de los pacientes. El MSP tiene dos meses para elaborar un reglamento de la ley, y la Asamblea un año para mejorarla; en su conjunto Paola, a su partida, dejará abriendo caminos de valentía y dignidad encomiables. Buen vuelo.
