Santiago Armijos Valdivieso
Por gentil invitación del Dr. Nikolay Aguirre Mendoza, rector de la Universidad Nacional de Loja, asistí a un conversatorio, en el que dialogamos, al sabor de una taza de café producido por laboriosas manos estudiantiles, sobre diversos temas, relacionados con Loja y la proyección de la educación superior en los próximos años. El encuentro fue difundido por las redes sociales como parte de la acertadísima iniciativa del doctor Aguirre de establecer puentes que conecten a la universidad con la sociedad. Entiendo que la lista de participantes que se han sucedido en las distintas programaciones ha estado integrada por exalumnos y profesionales de diversas ramas, cuya actividad está enfocada a la economía, al servicio social, a la actividad empresarial e industrial, a la opinión pública, a la cultura, a la tecnología, a la educación, al ordenamiento territorial, etc.
Enhorabuena… con esta importante decisión, el rector de la Universidad Nacional de Loja está dando pasos firmes para romper aquella idea de que la academia y los académicos están divorciados, por más buenas intenciones que tengan, de la problemática social y del mundo laboral, al no salir de sus teóricas y cómodas torres de marfil.
En esa línea, ante una pregunta que me hiciera el rector, en torno al presente y al futuro de la educación superior, expresé que, en muy poco tiempo, dado el vertiginoso avance de la tecnología, la inteligencia artificial, la ciencia de los datos, la robótica, la impresión en tercera dimensión y la comunicación digital, resulta ineludible para las universidades adaptar las mallas curriculares a las nuevas realidades y necesidades profesionales. Para explicarme de mejor forma, cité ejemplos vanguardistas, que los leí en el libro Sálvese quien pueda de autoría del periodista Andrés Oppenheimer. Estos son: médicos cirujanos con conocimientos sobre robótica para cirugía; ingenieros civiles que utilicen la impresión en tercera dimensión para la construcción de obras; abogados que manejen contratos inteligentes programados en tecnología blockchain; comunicadores que conozcan inteligencia artificial y medios digitales; o educadores que dominen la didáctica digital y se apoyen en el manejo de las bases de datos. En definitiva, la universidad tiene una serie de retos para redefinir y extender las carreras y especialidades tradicionales, así como también crear profesiones nuevas como científico de datos, técnico en impresión 3D, ingeniero en ciberseguridad, piloto de drones, especialista en inteligencia artificial, especialista en sostenibilidad, ingeniero en robótica, gestor de contenidos digitales, especialista en inteligencia artificial, especialista en sostenibilidad, desarrollador de blockchain, etc.
De no hacerlo, la grieta entre academia y sociedad se acentuará y, consecuentemente, provocará que, por un lado, los nuevos profesionales no encuentren trabajo y, por otro, la sociedad, las empresas y las industrias estén privadas de profesionales que atiendan sus cambiantes realidades y necesidades.
Por ventura, en dicho conversatorio, sentí que el Dr. Nikolay Aguirre Mendoza estaba muy consciente de aquello, y su espíritu muy permeable y abierto a asumir las decisiones necesarias para que nuestra respetada Alma Mater afronte el reto de la innovación y la modernización digital que, inconteniblemente, se imponen en el mundo actual y futuro. Es más, el bienintencionado y entusiasta rector me confió la positiva noticia de que, junto a su equipo de trabajo, están empeñados en promover las condiciones para que, por iniciativa de la universidad, Loja se consolide como una ciudad universitaria, pero en todo el alcance de la palabra, esto es, que se convierta en una urbe que, a más de producir profesionales de calidad, les dé una adecuada plaza de trabajo, que a su vez, empuje y permita el progreso de la región, bajo la premisa de comprender, realmente, las necesidades sociales y sus caminos de superación constante. A tono con ello, la noticia de que la Universidad Nacional de Loja está valorada entre las cuatro primeras universidades públicas del Ecuador, según un reciente ranking web de universidades difundido por Webometrics, nos revela que la actual administración universitaria, conducida por su valioso rector, está haciendo bien la tarea, lo cual, seguramente, al igual que a muchos de los amables lectores de esta columna, me llena de hondo entusiasmo y satisfacción. Y como no sentirlo, si a la Universidad de Loja la llevamos en el corazón por mil motivos, y, especialmente, porque es la institución que desde 1859 ha sido la poderosa catapulta que ha impulsado vigorosamente la cultura, la ciencia, el progreso y el bienestar de todos los lojanos. Por ello, en sus 164 años de vida institucional, dedico a nuestra Alma Máter el siguiente soneto de mi autoría: “Estás erguida en fértil tierra de dignidad, // eres el fiel templo que el saber comparte. // Siempre nos abrigas con ciencia y arte, // y nos regalas el camino de la probidad. /// Fino cincel para esculpir la juventud, // a la que enciendes y nutres cada día, // por ser alfarera de sabiduría, // Loja te abraza con dicha y gratitud. /// Receptáculo añoso de ilusiones y equidad, // lienzo sin linderos para pintar la vida, // sigue fabricando truenos, inteligencia y verdad. /// Cofre luminoso de saber y pasión, // abre tus aulas, libros y estantes, // para que nunca desmayes en tu misión”.
¡Loor a la Universidad Nacional de Loja!
