El baúl de los recuerdos: Wilson Vivanco Arias: Brillante Ejecutivo

Efraín Borrero E.

Cuando en el año 2005, Wilson Vivanco Arias fue designado presidente ejecutivo de la Empresa Eléctrica Regional del Sur S.A. (Eerssa), por tercera ocasión, el alborozo fue general entre los servidores. Lo recibieron en medio de aplausos y vivas. Unos cuantos silbadores, voladores y petardos fueron los fuegos artificiales que inundaron con estruendos esa zona de la urbe, haciendo alarde de complacencia.

Fue el reconocimiento efusivo y sincero a un profesional brillante que con capacidad había erigido por todo lo alto el prestigio de la Eerssa, y que con su calidad humana propició un ambiente laboral armónico, cordial y fraternal, base fundamental para el logro de grandes resultados empresariales.

El reconocimiento y afecto hacia Wilson Vivanco siempre estuvo latente en los servidores eléctricos, aún después de haberse retirado definitivamente. En la sesión solemne organizada por la Empresa, en el año 2019, a propósito de ciento veinte y dos años transcurridos desde que se constituyó la Sociedad Luz Eléctrica, se le rindió un justo y merecido homenaje por sus más de cuarenta años de abnegado trabajo e intachable trayectoria.

Los servidores se hicieron presente con una placa de reconocimiento cuyo contenido es muy expresivo. En su discurso, Wilson agradeció el gesto del directorio y de todo el personal, y recordando con nostalgia su paso por la Empresa se colmó de emoción y no pudo contener el llanto.

Como parte de la programación se organizó la tercera edición del ciclopaseo familiar nocturno, a fin de incentivar el deporte y recreación entre jóvenes y adultos, que precisamente fue denominada con su nombre.

Wilson Joaquín Vivanco Arias nació el dieciocho de enero de 1935 en San Pedro de la Bendita, una de las parroquias más antiguas perteneciente al cantón Catamayo. Cursó sus estudios universitarios en la Escuela Politécnica Nacional, compartiendo las aulas con su entrañable amigo Jaime Medardo Larriva Vélez. Los dos se graduaron de ingenieros eléctricos con los máximos honores, en 1964, y a lo largo del tiempo demostraron grandeza humana con sus acciones.   

Concluida la carrera profesional estos inseparables amigos tomaron diferentes rumbos. Jaime Larriva Vélez retornó a Loja para brindar sus servicios como Ayudante de la Dirección Técnica de la entonces Empresa Eléctrica Loja S.A., en 1965, Fue el primer ingeniero eléctrico lojano que laboró en una de las entidades más emblemáticas de Loja, la que por aquel tiempo contaba con sesenta y siete servidores entre administrativos y operativos. Únicamente había habilidosos técnicos como el recordado Colón Mora.

Por su parte, Wilson Vivanco Arias viajó a Inglaterra en goce de una beca concedida por una compañía británica. Ese tiempo fue aprovechado al máximo para ampliar sus conocimientos y familiarizarse con los estándares británicos, así como para realizar prácticas en laboratorios, en el departamento de turbo generadores y en la fábrica de transformadores, entre otras actividades.  Su interés principal fue el diseño y montaje de líneas de trasmisión.

A pesar de lo ajustado del tiempo quedaba espacio en su mente para recordar a su querida Julia Martha Hidalgo Rojas, una encantadora y virtuosa mujer a la que conoció desde su adolescencia y cuyo amor por ella era creciente. Así lo expresaba en las cartas que le escribía, hasta que en una de las últimas le propuso matrimonio. Al recibir la misiva, Julita Martha se emocionó hasta las lágrimas y rápidamente respondió: Qap. Confirmado.

A su retorno al país en 1967 la prioridad fue el matrimonio, fijándose la fecha para el cuatro de noviembre de ese año. Fue una fiesta inolvidable. Pasó de todo, como el hecho de subir por las gradas hasta el tercer piso un piano de cola que un familiar prestó para que un primo amenizara la reunión social, pero no sirvió porque se había desafinado por tanto manipularlo.  

Lo espectacular ocurrió al final, porque Wilson, con sus copitas adentro, bajó apresuradamente con la maleta para embarcarse en el vehículo puesto a sus órdenes por el macareño Alberto Lasso, a fin de conducirlos al Puyo para disfrutar la luna de miel. Luego de haber recorrido tres cuadras el chofer preguntó por la novia. ¡Chucta, regresemos!, exclamó Wilson.

Poco tiempo después fue propuesto para ejercer la Dirección Técnica de la Empresa Eléctrica Loja S.A., y en 1969 fue designado Gerente. Este primer período, en el que contó con la colaboración de Jaime Larriva Vélez como director técnico, abarcó un tiempo de veinte y cuatro años en los cuales se produce la transformación institucional en todos los órdenes; la expansión de los servicios a la provincia de Zamora Chinchipe y la energización del sector rural.

Un hecho decisivo fue la renovación empresarial a través de la creación de la Empresa Eléctrica Regional del Sur S.A. -EERSSA-, con la participación accionaria de INECEL, de los consejos provinciales de Loja y Zamora Chinchipe, y de los municipios de Loja y del cantón Zamora, el diecinueve de marzo de 1973.

Wilson Vivanco Arias, en su calidad de presidente ejecutivo, que fue la nueva denominación adoptada, demostró su gran capacidad de gestión y sobresalientes ejecutorias para administrar una empresa que desde entonces se constituyó en la más representativa del sur del país, y que con visión social iluminó todos los rincones de nuestra provincia.

Con la hombría de bien que es su distintivo, Wilson reconoce que ese logro fue posible gracias al soporte técnico y profesional brindado por Jaime Larriva Vélez, y al trabajo tesonero de la oleada de jóvenes ingenieros eléctricos lojanos que a lo largo del tiempo dieron lo suyo con abnegación, como es el caso de Ángel Efrén Soto Loaiza, Daniel Mahauad Ortega, Milton Unda Costa, Luis Reyes Vélez; Holger Mora, Francisco García, Edison Paredes, Rudy Valdivieso Lapo; Norman Jiménez León, Franco Pineda Ochoa, Cornelio Castro, Héctor Oswaldo Salcedo y Daniel Leobando Jaramillo. También vinieron algunos profesionales de Cuenca y Azoques y luego se integraron otros lojanos más.  

Daniel Mahuad, quien trabajó desde 1978, destaca que con la dirección técnica de Jaime Larriva construyeron casi todas las subestaciones que actualmente distribuyen energía eléctrica al Sistema Regional Sur. Resalta que Jaime puso mucho empeño en la construcción de las centrales térmicas de San Cayetano y Catamayo.

Recuerda con afecto a Carlos Mora Carrión, un ingeniero civil ejemplar que hizo de la Central San Ramón su segunda casa. No obstante que había una tarabita rudimentaria prefería subir las trescientas treinta y tres gradas construidas para llegar hasta el tanque de presión. Cuando Daniel ejerció la gerencia de la Eerssa, entre 1998 y 1999, le rindió justo homenaje denominando con su nombre a esa Central.

Me comentó sobre un trabajo presentado por él, en 1996, cuyo tema fue: «Uso eficiente de energía eléctrica en el Ecuador», con el que la Eerssa ganó el Primer Premio a Nivel Nacional de la Comisión de Integración Eléctrica Regional de Distribución.

Posteriormente, Wilson Vivanco Arias ejerció nuevamente la máxima representación de la Eerssa en dos períodos: el uno en el 2002 y el otro en el 2005, que es el mencionado inicialmente.

Además de algunas representaciones gremiales e institucionales que ostentó, ha recibido varios reconocimientos por su destacada labor: en 1980 el I. Municipio de Loja le otorgó la medalla al Mérito como el Mejor Profesional de Loja; en 1996 el Ministerio de Recursos Humanos le confiere la condecoración “Al Mérito Laboral”; y, la Facultad de Ciencias y Tecnología de la Universidad Nacional de Loja lo distinguió con la Presea al Mérito Docente, ya que en el Alma Mater prestó sus servicios durante 30 años como profesor de inglés, siendo gestor del Instituto de Idiomas.

Estoy seguro que el éxito de Wilson Vivanco Arias, además de los méritos resaltados, está en haber infundido en los leales servidores de la Eerssa el sentido de pertenencia, que ha sido factor determinante para brindar un servicio eficiente y de calidad a la colectividad.

Entre esos servidores recuerdo algunos nombres que a continuación menciono con el riesgo de cualquier omisión involuntaria: Lía Margarita Valarezo, Bolívar Arciniegas, Bolívar Ortega, Gonzalo Noriega Polo, Judith Peña Unda, Alicia Castillo, María Elena Burneo, Ernesto Guerrero Berrú, María Esther Jaramillo; Alejandro Arias, Manuel Aguilar, Galo Cueva, Camilo Borrero, Ruth Rojas, Isauro Borrero Salgado y Patricia Galindo André, en la parte administrativa -financiera; y, en el área técnica operativa, los de Alberto Chicaiza, Milton Erazo, Hitler Peña, Luis Moncayo; Carlos Castro, Honorio Trujillo, Gonzalo Torres, Marcelo Torres, Carlos Estrella, José Palacios, Atahualpa Celi y Oscar Ríos, a quienes el cansancio jamás los arredró.

También recuerdo a aquellos choferes intrépidos, como Homero Reyes, Víctor Hugo Valarezo, Ney Vivanco y el famoso “Patota”, que espontáneamente colaboraban con sus compañeros técnicos.

Algunos de ellos fueron enviados a Brasil para perfeccionar sus conocimientos y nutrirse de nuevas experiencias. Esos mismos técnicos brindaron su contingente cuando el desastre de la Josefina en Cuenca y fueron condecorados; así como en el trágico suceso telúrico de Manabí.

Algún momento tendrá que escribirse el Libro de Oro de la Empresa Eléctrica Regional del Sur, para que la ciudadanía conozca en detalle la brillante trayectoria institucional y el fecundo aporte de su fuerza laboral al desarrollo de nuestra región.

Me he referido con suma complacencia a Wilson Vivanco Arias, un apreciado amigo, honesto, profesional inteligente, brillante ejecutivo y que tanto ha dado a Loja con su esforzado trabajo, porque estoy seguro que estas palabras, ancladas al tiempo, le permitirán vivificar su espíritu y recordar con orgullo la vida que apasionadamente entregó a su querida y añorada Empresa Eléctrica Regional del Sur.