El baúl de los recuerdos: Evelio Tandazo Vivanco, ilustre hijo de Catacocha

Efraín Borrero E.

El cementerio de Guayaquil es el punto de encuentro de los fanáticos de Julio Jaramillo Laurido. Lo hacen frecuentemente, pero en especial cada 09 de febrero porque en ese día de 1978 falleció.

Tríos, dúos y solistas acuden almausoleorevestido de mármol y cerámica para hacer pedazos el sentimiento de la gente con la canción más popular de Míster Juramento: “…hemos jurado amarnos hasta la muerte y si los muertos aman, después de muertos amarnos más…

Todos van dispuestos a decirle al duro que no lo han olvidado ni olvidarán jamás. Y como para que escuchara bien se acercan al busto erigido en su memoria en la parte central del mausoleo. Muchos acarician el bronce como si fuera la piel del cantante y no faltan los que desean tener un recuerdo fotográfico.

Los que por primera vez han visto el busto dicen que es igualito a Julio Jaramillo. Claro que sí, porque esa era la calidad artística de Evelio Tandazo Vivanco quien lo esculpió en 1998, aunque nadie o muy pocos conocen de su autoría.

Evelio Tandazo Vivanco fue un insigne hijo de Catacocha, hermosa y atractiva ciudad de la que conservo nostálgicos recuerdos desde cuando niño acompañaba a mi padre en su viaje hacia su heredad. Ahí pernoctábamos por el precario estado de las vías. En la práctica se hacía dos días desde Loja a Celica.

Muchos años después estuve junto a mi querido hermano Ramiro, quien, asistido por su abnegada esposa y querida hija, buscaba refugio en ese sector de clima primaveral. Habían sido los últimos meses de su maravillosa y ejemplar existencia luego de padecer una implacable enfermedad.

Por algunos fragmentos de su vida conozco que Evelio Tandazo demostró su talento artístico desde los siete años y que fueron sus profesores quienes recomendaron llevarlo a Guayaquil, como en efecto lo hicieron sus padres cuando frisaba los 16 años.

Por la situación económica su inicio en la Perla del Pacífico fue muy duro y las necesidades se multiplicaban, obligándose a trabajar como lustrabotas desde tempranas horas de la mañana hasta el anochecer, a fin de ayudar a la familia y procurar el sustento diario.

Recordemos que muchos hombres célebres en el mundo han surgido desde esa lucha por la vida, como el caso de John Davison Rockefeller, que de lustrabotas se convirtió en uno de los multimillonarios de aquel tiempo.

Con ese enorme esfuerzo logró ingresar a la Escuela de Bellas Artes y destacarse como alumno. Se afirma que otro ilustre escultor lojano, Alfredo Palacio Moreno, que fue su director en esa época, había manifestado que Evelio Tandazo Vivanco fue reconocido como uno de los alumnos más brillantes de todos los que han pasado por las aulas de esa Escuela.

Alfredo Palacio Moreno fue padre del expresidente de la república Alfredo Palacio González, y hermano del también famoso escultor lojano Daniel Elías Palacio Moreno, que construyó estatuas en muchos lugares del Ecuador. En Loja está su huella con las esculturas de Pío Jaramillo Alvarado, Isidro Ayora Cueva, Alonso de Mercadillo, Simón Bolívar y Benjamín Carrión.

Años más tarde, Evelio Tandazo se convirtió meritoriamente en profesor de la misma Escuela de Bellas Artes, cuando se transformó en Colegio. También ejerció la docencia en la Escuela de Artes Plásticas Juan José Plaza, hoy colegio fiscal de Guayaquil; en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil; en la Universidad Politécnica del Litoral y en la Universidad Estatal de Guayaquil. Su vocación como maestro y aporte pedagógico durante 70 años ha merecido el respeto y recuerdo imperecedero de todos los alumnos que han pasado por sus aulas.

Cuando Evelio Tandazo Vivanco falleció el 25 de septiembre de 2022, a la edad de 90 años, el diario digital Metro Ecuador le rindió justo tributo resaltando su significativa contribución al arte y a la cultura, haciendo notorio que “sus emblemáticas obras, que han trascendido en el tiempo y en el espacio, y su desinteresada entrega, lo han transformado, sin proponérselo, en el escultor más aclamado de la reciente historia ecuatoriana y guayaquileña”. Agrega que “el Maestro Tandazo Vivanco se convirtió, gracias a su pasión y creatividad, en un referente de la escultura ecuatoriana de todos los tiempos. Su trayectoria fue fundamental para el impulso del arte y la cultura por casi tres generaciones”.

Se hace referencia a su vasta obra artística, destacando la “Venus Tropical” que por más de 60 años engalana el pórtico de la Biblioteca Municipal de Guayaquil. Esta creación, como otras del artista, tiene su anécdota.

Dícese que “frente a la lucidez de Evelio, joven egresado de Bellas Artes de Guayaquil, el gran mecenas de la época, Don Juan José Plaza, sugirió al joven escultor crear una obra que representara lo indigenista ecuatoriano; lo nuestro, mestizo, tropical y costero, algo que fuera como una oda poética, una composición musical, quizá una ópera o apología de la mujer costeña ecuatoriana”.

Así fue como nació en la mente del joven escultor esta única y creativa Venus Tropical de nuestra costa ecuatoriana. Dice el reportaje que esa obra constituye un real homenaje a la belleza física de la mujer guayaquileña, a la identidad permanente de Guayaquil. Una obra muy criolla, muy tropical, que como lo expresara el fallecido maestro Juan José Plaza, “es uno de los femeninos más extraordinarios que se hayan trabajado en Guayaquil”.

Otra obra que se destaca es el “Cristo de mi paso” que actualmente se encuentra en la Iglesia Espíritu Santo de Guayaquil. En 1979 le pidieron a Evelio Tandazo construir un Cristo grandioso y diferente”. El Maestro lo pensó una y varias veces a fin de interpretar fielmente lo solicitado, hasta que tomó la decisión de hacerse tomar fotografías de su cuerpo, desde todos los ángulos, más o menos como las sesiones fotográficas de las divas. De esas fotografías escogió las más adecuadas para su propósito, especialmente las que posó con los brazos extendidos al aire y el torso arqueado hacia adelante. De esa forma, a su imagen modeló el Cristo desclavado de las manos y solo suspendido de los pies a la cruz; obra de 5 metros de altura.

Evelio Tandazo ha desarrollado varios monumentos en homenaje a la madre uno de las cuales está en Catacocha, su tierra querida, ciudad en la que estableció una Galería y Taller permanentes con la exposición de más de 200 obras de su propia creación. Mariela Cruz Castillo recuerda que en su adolescencia fue la encargada de agradecer al Maestro Tandazo por su aporte cultural y hacerle entrega de un ramo de flores.

En sus 70 años de trayectoria artística ha recibido diferentes distinciones y premios, siendo los más importantes: el Cincel de Oro otorgado por la Asociación Cultural Las Peñas; la presea al Mérito Cultural conferida por el Municipio de Guayaquil; la Condecoración al Mérito Cultural de primera clase; la Condecoración al Mérito Laboral y la Medalla al mérito educativo.

No cabe duda que los lojanos no hemos exaltado el nombre de Evelio Tandazo Vivanco como se merece, seguramente por desconocimiento. Lo sorprendente es que en varios trabajos monográficos que he revisado sobre Catacocha no se lo menciona.

Esa lamentable realidad ocurre con destacados personajes en todo el territorio provincial, como el caso del gran poeta celicano Miguel Granda Granda, nacido en 1904 y fallecido en Medellín, cuyo seudónimo era Jorge Ismael Gandú. Algunos de sus poemas fueron musicalizados por Francisco Paredes Herrera y Nicasio Safadi, dando vida a hermosos pasillos como: “Pobrecito mi cariño”, interpretado por Olimpo Cárdenas. Su poemario Hontanar, publicado en Guayaquil en 1937, mereció un importante sitial en la literatura ecuatoriana. Desde las páginas literarias de El Telégrafo y de otros diarios y revistas hizo conocer su gran valía.

Supe de Miguel Granda Granda gracias a la referencia de José María Monteros Molina y a la contribución del destacado investigador y escritor celicano Oscar Vicente Mendoza Granda, a quien debo el placer de tener en mis manos el libro de versos Hontanar.   

Lo expresado nos lleva a establecer la importancia de rescatar nombres de distinguidos personajes de nuestra provincia que han estado a la sombra de la historia y que meritoriamente deben ser reconocidos por la colectividad lojana.  Ese será mi objetivo prioritario pagando el tributo a esta tierra querida en la que tengo el orgullo de haber nacido.