Comprender es construir significados integrando y relacionando las distintas partes de un texto. Conocer, penetrar o entender los textos en profundidad es la competencia que debe cultivarse en o fuera del aula. O sea, el lector debe ser capaz de desvelar las relaciones que se establecen entre las letras, las palabras y las oraciones que componen cada texto. Para lograrlo, el lector deberá encontrar el sentido más amplio de un texto; es decir, más allá del significado textual de las palabras deberá reconstruir relaciones, lo que implica los conocimientos del lector, su experiencia del mundo y los significados implícitos.
En este ejercicio por comprender el sentido de las palabras, se pondrán en juego la información presentada por el texto y los conocimientos y habilidades del lector. En esta línea entran en juego las características del texto y las capacidades del lector. Entre las características están la informatividad, es decir, la cantidad de información nueva que presenta el texto, la longitud del mismo, la complejidad sintáctica y densidad léxica y el nivel de abstracción. Y, entre las capacidades del lector cuentan: el léxico, o sea la amplitud del vocabulario que conoce el lector, la integración de significados, la motivación y el propósito de lectura.
Partiendo de los aspectos precedentes, es posible trabajar una serie de técnicas para mejorar la comprensión lectora de cualquier texto. Para Marín (2008) las estrategias cognitivas más importantes y más utilizadas en un programa de comprensión lectora a nivel primario serían las siguientes: partir de saberes previos, para atribuirle significado a la lectura; trazarse una predicción, mirando el título, los subtítulos y los encabezados del texto; plantearse inferencias, es decir, obtener conclusiones determinadas a partir de premisas; verificar esas proposiciones o hipótesis; y, hacer correcciones.
En el asunto de percepción lectora se ocupan investigadores, psicólogos, pedagogos y docentes, quienes aplican diferentes habilidades para mejorar la comprensión lectora, aunque no todos emplean la misma nomenclatura, sí coinciden en el contenido y el sentido de las estrategias. Por ejemplo, Calero A, divide en tres fases el sistema: la prelectura, durante la lectura y la poslectura. En estas fases destaca 12 tácticas: reflexionar en alta voz, distinguir entre textos narrativos e informativos, explorar el texto, detener la lectura para saber si se está comprendiendo, clarificar el significado, realizar conexiones, elaborar inferencias, visualizar o imaginar, plantearse preguntas, hacer un resumen; reflexionar cómo se lee, elaborando un portafolio.
Es posible que en términos de orientar cómo se entiende lo que se lee, puedan ser útiles las orientaciones teóricas expuestas, pero no como algo infalible. Solo son propuestas metodológicas que dependen de circunstancias didácticas, psicológicas, pedagógicas y sociales para ser aplicadas. A lo mejor para un lector asiduo o habituado, todo lo dicho de nada le puede servir, aunque sí a sujetos interesados en desmontar un texto para aprender, disfrutar o cultivar su acervo cultural.
