Diego Lara León
Uno de los discursos mas famosos de graduación de una Universidad en USA, lo pronunció en el 2014, en Austin, Texas, el comandante de los Navy SEALS, el Almirante William McRaven, todo el famoso discurso estuvo centrado en el “¿por qué es necesario arreglar nuestra cama en las mañanas? “Arreglar nuestra cama en las mañanas, supone completar con éxito la primera tarea del día. Ese gesto tan sencillo les dará una pequeña razón para que se sientan orgullosos y afronten con buen ánimo la siguiente tarea del día y la siguiente… Al final de ese día, esa primera tarea se habrá convertido en muchas tareas completas. Arreglar la cama también es una forma de recordar la importancia que tienen los pequeños detalles en la vida. Si ustedes no son capaces de hacer bien las pequeñas cosas, no serán capaces de hacer las grandes cosas. Por otro lado, si su día no fue de los mejores, al menos, cuando regresen a su cama, la encontrarán arreglada y eso les impulsará a mañana seguir haciendo bien las tareas. Si quieren cambiar el mundo empiecen arreglando la cama”.
En un libro de inteligencia emocional encontré una interesante reflexión: Un científico pasaba muchas horas en su laboratorio particular, su principal tarea, casi su obsesión era, desde su ámbito de la ciencia, buscar respuestas para mejorar el mundo.
Un día su hijo pequeño de apenas 5 años entró corriendo a su laboratorio, normalmente eso no debía pasar, porque las reglas de la casa indicaban que no se debía molestar al científico en sus horas de trabajo. Pese a que su hijo rompió esa regla, aquel hombre no se molestó y decidió compartir con el niño algo de su tiempo, “al final, un niño de esa edad no molesta tanto”, pensó. Pero al poco tiempo ya estaba muy perturbado y distraído, realmente no lo dejaba trabajar; sin embargo, antes de llamar a su mamá para que se lo lleve, aquel día el hombre de ciencia, creyó que era buen momento para adentrar a su hijo en la linda tarea de arreglar el mundo.
Así que tomó una de sus revistas científicas, rápidamente buscó algún dibujo atractivo y encontró una bonita imagen del planeta tierra, un mapa mundi, la recortó en muchos y pequeños pedazos, tal cual un rompecabezas. Le puso como reto a su hijo, “ordenar el mundo”, el niño entendió el juego y aceptó “arreglar ese mundo hecho pedazos”.
Realmente pasó poco tiempo y el niño volvió a distraer a su padre, esta vez la distracción era porque había cumplido la tarea y para sorpresa del científico lo había hecho en tiempo récord.
Al revisar el improvisado rompecabezas, se dio cuenta que estaba perfectamente ordenado. ¿cómo lo hiciste, si tu no habías visto un mapamundi antes? La respuesta del pequeño, fu sencilla y llena de una gran lección. “Ahhh, no tuve necesidad de pensar como iba cada pieza del mundo, le di la vuelta a los trozos de papel, del otro lado, había la foto de una persona, lo que hice fue ordenar a la persona y luego al dar la vuelta, “mágicamente” el mundo estaba arreglado.
Tanto el Almirante McRaven como el pequeño niño, nos plantean un reto: Cambiar el mundo es posible, sin embargo, nunca se lo conseguirá, si no cambio las pequeñas cosas de mi vida.
Varios personajes históricos han pronunciado frases en este sentido. El presidente Kennedy dijo: ”antes de pensar que puede hacer tu país por ti, piensa que puedes hacer tú por tu país”. El presidente Velasco Ibarra dijo: “Si quieres revolución, hazla primero dentro de vuestra alma”. Una frase bíblica nos invita reflexionar que “antes de mirar la paja en el ojo ajeno, veamos la viga en el propio”.
No les preguntaré si arreglaron su cama esta mañana, les reto a que lo hagan mañana, yo también lo haré.
@dflara
