Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
3.- Compartir en exceso el final de las relaciones: al navegar por el final de una amistad o relación romántica, mantener la discreción sobre los detalles íntimos es primordial; compartir especificidades sobre conflictos o razones para una ruptura, no solo falta al respeto a la privacidad compartida entre tú y la otra persona y alimenta chismes innecesarios, complicando la situación; en cambio, es más beneficioso internalizar y reflexionar sobre estas experiencias.
Esta práctica no solo honra a la privacidad de ambas partes, sino que también facilita un proceso de curación personal más profundo; sí te sientes compelido a discutir estos asuntos personales, puede ser una señal de problemas emocionales no resueltos; en lugar de buscar salidas extremas, involúcrate en un autodiálogo para entender y procesar estos sentimientos, este enfoque asegura que cualquier relación problemática se resuelva con dignidad, sin convertirla en tema de discurso público; al hacerlo proteges tu bienestar personal emocional y el de los demás involucrados, fomentando un viaje de curación más respetuoso y discreto.
En palabras de Marco Aurelio, un filósofo estoico: “tienes poder sobre tu mente, no sobre los eventos externos”, date cuenta de esto y encontrarás fuerza, esta cita resuena profundamente con la idea de enfocarse hacia adentro y controlar nuestras relaciones es a situaciones externas, específicamente en el delicado contexto de ruptura de relaciones.
4.- Elevar tu voz frente a otros en momentos de frustración o enojo: imagina que estás en una reunión acalorada, tu corazón latiendo con frustración todos hemos estado ahí verdad, en esos momentos, la tentación de desatar nuestra ira es inmensa, pero y si en su lugar elegimos hablar suavemente, aprovechar esa energía ardiente no en gritos sino en palabras calmadas y firmes, esto no es solo mantener la compostura, es un camino hacia el dominio de nuestras tormentas internas; piensa en un momento en que viste a alguien perder la calma, cómo te hizo sentir, incómodo, quizás decepcionado y ahora piensa e imagina a alguien que a pesar del caos se mantuvo sereno, su voz un bálsamo en un mar de ruido.
Esa es la persona a la que todos aspiramos ser, no es así, en estas pruebas, estos desafíos de nuestro espíritu, donde encontramos nuestra verdadera fortaleza, transformando la ira en acción.
La frustración en enfoque es como la alquimia del alma.
Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Ced. # 1100310455
