El baúl de los recuerdos: Olga Bermeo Casanova y la primera escuela nocturna

Efraín Borrero E.

Cuando Olga América Bermeo Casanova, nacida en Loja en mayo de 1924, se graduó de bachiller en el Colegio Bernardo Valdivieso, sintió que su vocación era el magisterio. Consideraba al aprendizaje como la forma de construirse como ser humano y que trascender es la virtud de transmitir los sentimientos humanos a través de la educación.

A sus dieciocho años encontró la oportunidad de trabajar como profesora en una escuela rural del cantón Yaguachi provincia del Guayas, y posteriormente en la escuela fiscal Víctor Emilio Estrada Icaza de la ciudad de Guayaquil.

Luego de algunos años se dio la posibilidad de retornar a su tierra lojana para laborar en los establecimientos educativos: Eliseo Álvarez, Miguel Riofrío y Adolfo Jurado González del barrio de San Sebastián, en todos los cuales nutrió su bagaje de conocimientos y experiencias. Con el tiempo, Olga Bermeo Casanova se consolidó como una maestra de prestigio a la que se reconocía por su pasión, esmero y abnegación por la educación de las niñas.

Por su hijo Fredy Ordoñez Bermeo conocí la trayectoria de tan distinguida maestra quien tenía mucha sensibilidad humana, por eso le conmovía el caso de algunas niñas que por sus exiguos recursos económicos no podían acceder a la educación regular. Frente a esa lacerante realidad se propuso el reto de crear lo que constituiría la primera escuela nocturna de Loja, destinada a niñas de escasos recursos económicos y de aquellas mujeres que no podían tener el beneficio de la instrucción formal, porque el servilismo doméstico las condenaba a vivir a la sombra de la ignorancia.

Olga Bermeo Casanova compartió la iniciativa con la prestigiosa educadora María Teresa Jaramillo, maestra joven y brillante que con su espíritu emprendedor hizo de su profesión un verdadero apostolado en beneficio de la educación lojana. Juntas se propusieron hacer realidad este justo anhelo popular. Golpearon todas las puertas posibles en el vecindario de San Sebastián y desplegaron acciones ante las autoridades locales. La primera gestión fue en la Dirección Provincial de Educación, cuyo titular era Julio Eguiguren Burneo, quien brindó todo su apoyo.  

Ese proyecto de gran connotación social comenzaba a tomar forma y tener vida. Uno y otro se iban sumando para contribuir decididamente a la materialización de la propuesta, como Ignacio Jaramillo, Carlos Aviles, Raúl Ruiz Bermeo, Lucrecia de Orellana y Clotario Espinoza Sigcho, entre tantos otros.   

Llegó el momento de elegir el nombre con el cual se designaría a la nueva escuela nocturna. Se pensaron algunos hasta que surgió el de la heroína lojana Nicolasa Jurado, que junto con Inés María Jiménez y Gertrudis Esparza se presentaron en el cuartel de Babahoyo, el veinte y uno de agosto de 1821, para solicitar se las enrole al ejército libertador en calidad de soldados voluntarios.

Como la guerra era solo para hombres ellas tuvieron que vestirse como tales. La parada tenía que ser de hombres machos, y la voz ni se diga. Se cambiaron los nombres y cada uno fue el de Manuel. De esta manera, en las filas del ejército se las conocía como Manuel Jurado, Manuel Jiménez y Manuel Esparza.

Fueron asignadas al mismo batallón que llegó hasta la victoriosa Batalla del Pichincha. Allí, en el fragor del combate bajo el mando de Antonio José de Sucre lucharon valiente y heroicamente, conscientes que el triunfo en ese enfrentamiento bélico sería decisivo para la Independencia de Quito y de todas sus provincias.

En la lucha cayó herido el “soldado” Manuel Jurado, quien fue conducido con los demás heridos a un hospital de Quito. Urgentemente fueron atendidos en medio del alboroto de personas. Como la bala que impactó a Manuel Jurado fue en el pecho rasgaron apuradamente su vestidura y, oh sorpresa, era una mujer. Efectivamente, era Nicolasa Jurado la heroína lojana a quien el general Sucre ascendió a sargento y la entregó al cuidado de damas patriotas quiteñas hasta su total recuperación.  

El funcionamiento de la escuela nocturna Nicolasa Jurada estaba cada vez más cerca; la Dirección de Educación Provincial de Loja dispuso que iniciara su labor educativa en el inmueble que ocupaba la escuela fiscal diurna Eliseo Álvarez, que en ese momento se encontraba arrendado ya que el edificio propio estaba en proceso de remodelación y construcción.

Pero la decisión desagradó a quienes dirigían la escuela Eliseo Álvarez y el asunto se convirtió en motivo de discordia sin razón.  Los servicios básicos de energía eléctrica y agua potable eran cortados con frecuencia de manera intencional. Afortunadamente, una mujer humilde puso a disposición su medidor de servicio eléctrico.

Con el relajo a cuestas, Olguita y María Teresa fueron donde Julio Eguiguren, constituido en el paño de lágrimas de estas dos abnegadas mujeres. Sensible ante esta situación emergente ordenó inmediatamente a su secretaria, Cecilia Quinde, que con fondos de la institución entregue en calidad de préstamo la cantidad de quinientos sucres a la profesora Olga Bermeo Casanova, para que se adquiera un medidor de luz. Dichos valores serían devueltos en el plazo de tres meses, sin intereses.

Previamente las dos ilustres maestras abrieron las matrículas para la escuela de seis grados. El entusiasmo convocó a la realización de una campaña de concienciación popular utilizando propaganda mural, como se hacía para las funciones de los cines de la ciudad; además de pegar anuncios confeccionados por las maestras en todo el barrio de San Sebastián, y visitando las casas para convencer a los patronos sobre la necesidad de brindar educación básica formal a las mujeres del servicio doméstico.

Los resultados fueron exitosos y llenaron de júbilo a las promotoras, ya que se matricularon setenta y cinco mujeres sin distinción de edad, todas con ganas de superar sus limitaciones. En corto tiempo esta cifra se multiplicó considerablemente superando las ochocientas alumnas.

Por encima de todos los inconvenientes y obstáculos incomprensiblemente propiciados, además del agotamiento natural para lograr la pacificación y colaboración para su misión educativa, llegó el cuatro de noviembre 1964 en que la escuela nocturna de Loja inició su labor.  Pocos meses más tarde, el veinte y tres de mayo de 1965, se la inauguró oficialmente con el nombre de Nicolasa Jurado.  

Fredy Ordoñez dice que en un libro de vida de la Escuela Nicolasa Jurada que lo conserva como tesoro, se destaca la visión que su madre tenía sobre el rol que debía jugar esa escuela nocturna, tomando en cuenta que eran niñas, adolescente y mujeres mayores edad.

Definidos los objetivos y perspectivas las maestras promotoras invitaron a colaborar en forma desinteresada y gratuita en la enseñanza de actividades prácticas, a hombres y mujeres destacados por su trabajo educativo, como es el caso de Marina Bermeo de Ayala y Eliza Guzmán, profesoras de manualidades; Mery Mossartt, del cuerpo de paz, profesora de economía doméstica; y, Marco Rodríguez, profesor de artes gráficas.   

Junto a ellos se sumó la contribución posterior de otros destacados maestros y maestras, como: Martha González, Beatriz Costa, Marieta Castillo, Graciela Espinoza, Úrsula Salazar, Hilda Fernández, Marina Maldonado, Elsa Ortega, Eufemia Guaricela, Virginia González, Melania Jiménez, Rosa Sánchez, Isabel Paladines, Wilma Morales, Yolanda Torres, María Iñiguez, Sebastián Paredes, Germán Ojeda y José Guamán.

Fredy recuerda de manera especial a Carmen Rojas, una mujer sencilla encargada de la limpieza y cuidado de la escuela, que trataba como verdadera madre a las alumnas.

Siendo un modelo educativo renovador y único en el país, el Gobierno Nacional, a través de su ministro del ramo, Coronel de Estado Mayor Vicente Anda Aguirre, otorgó a la ilustre maestra, Olga América Bermeo Casanova, la condecoración “Al Mérito Educacional”, el doce de mayo 1972.

Este proyecto educativo tuvo una vigencia de cuarenta y siete años. Lamentablemente dentro de las reformas educativas que entraron en vigencia en años posteriores, por parte del Ministerio de Educación, estos centros educativos artesanales nocturnos cerraron sus puertas de manera injustificada, dejando a muchas mujeres fuera de este proceso educativo alternativo.

Bien vale hacer notorio que la educación nocturna en la ciudad de Loja surgió como una propuesta social para resolver el acceso de personas de escasos recursos económicos a la educación formal. Recordemos que con esa visión el Club Leones de Loja, bajo la presidencia de Jorge Mora Ortega, destacado educador y escritor, creó el Colegio Nocturno “Leones de Loja”, en el año 1955, encomendándose el rectorado a un preclaro maestro y formador de juventudes, Dr. Carlos Manuel Espinosa.

Olga América Bermeo Casanova fue una mujer virtuosa, tenaz, ejemplar y colmada de principios y valores, que con sus cuarenta años de fecundo trabajo en el magisterio contribuyó eficientemente a la formación de la niñez. Contrajo matrimonio con Miguel Ángel Ordóñez formando una familia de cuatro hijos, todos ellos profesionales de prestigio que han ejercido importantes funciones vinculadas a la docencia y al servicio público. Falleció el veinte y dos de agosto 1989, dejando una honda huella de reconocimiento, gratitud y afecto.