UN BUEN PASTOR

P. Milko René Torres Ordóñez

El Evangelio según San Juan nos introduce en su dinamismo narrativo en una escena que puede leerse desde dos momentos. En el primero, el simbolismo de una puerta por la que ingresan unas ovejas. En el segundo, la de un buen pastor que da la vida por ellas. Las cuida. Ellas conocen su nombre, le obedecen y le siguen.

Jesús se apropia de está comparación cuando dice: “Yo soy el Buen Pastor…”. En cambio, el autor sagrado, fiel a su estilo contemplativo, fortalece la identidad de Jesús con una expresión contraria: “El asalariado, el que no es el pastor, ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye…”. El adjetivo “bueno” resalta la calidad de una misión. Jesús, por lo tanto, es Camino, Verdad y Vida. Jesús es la Palabra que ha venido a hacerse vida con nosotros. Es luz. No hay tinieblas. Es paz. Es misericordia y perdón. El Buen Pastor ama sin límites. Entrega todo. No pide nada. En sus últimos momentos en la cruz Él exclamó: “Padre, todo está cumplido. En tus manos encomiendo mi espiritu”. La consumación total, absoluta del amor verdadero. De Aquel que asumió nuestra condición humana, menos el pecado. Su vida es la suma de palabras y acciones que denotan un nivel de coherencia humana y moral que no tiene parangón en la historia de la humanidad. Jesús, es consciente de la ambigüedad de sus detractores: los fariseos y la gente que gobiernan a su pueblo. Su don profético cuestiona a los falsos pastores. Tengamos presente que Ezequiel habló de una llave. La que abre la puerta. También, de un pastor y su rebaño. Los malos pastores, van a ser destituidos de sus funciones por el mismo Dios. El Señor va a buscar y a cuidar a los suyos. Pondrá al frente a un pastor-guía-Mesias, del linaje de David. Este personaje librará a su pueblo de todos los males que atentan contra su dignidad. San Juan describe a Jesús como un Buen Pastor para recordar que las promesas divinas, anunciadas por los profetas, se cumplen en Él: “Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y las reuniré”. Las ovejas, en lenguaje simbólico, van a tener la plenitud de la vida. El Buen Pastor es portador de vida. No de muerte. El Pastor, Jesús, expone su vida ante el peligro inminente del ataque de cualquier animal rapaz. Jesús, se juega la vida y libera de la muerte a aquellos que nos sentimos amenazados. Nos lleva a releer con ojos de fe la misión del Rey David. El pastor modelo del Antiguo Testamento. Fue capaz de arriesgar su vida cuando defendió a las ovejas de su padre. Jesús, en la entrada en Jerusalén, fue aclamado como “Hijo de David”. El evangelio de San Juan nos habla de un conocimiento cercano entre Jesús y sus ovejas. Activo. Como el que existe en el amor trinitario. El Padre ama al Hijo. El Hijo obedece al Padre. Nuestra fe debe entenderse en el nivel del seguimiento de las ovejas al pastor. Nuestro Buen Pastor mira cada paso que damos. Escucha cada palabra que pronunciamos. Nos ama.