El baúl de los recuerdos: Alejo Valdivieso Carrión, una vida orientada a servir

Efraín Borrero E.

Cuando en 1958 ingresé al Colegio La Dolorosa, el Ingeniero José Félix Alejo Valdivieso Carrión, nacido en Loja el veintinueve de marzo de 1924, era Rector de ese prestigioso centro educativo. Con su personalidad y capacidad infundió respetabilidad y renombre, y con su carisma propició un excelente ambiente estudiantil.

También eran profesores y formaban parte de la plana directiva los sacerdotes Ángel Rogelio Loaiza Serrano y José Vicente Eguiguren, quien se encargaba de castigar a los alumnos farreros del fin de semana. Los hacía escribir mil veces: no debo ir de farra.

Dos años más tarde se integró el sacerdote español Julián Lorente quien se encariño tanto con Loja que fue su última voluntad ser inhumado en esta ciudad. En efecto, cuando falleció en su tierra natal a los noventa y siete años de edad trajeron sus restos mortales y una caravana motorizada y cientos de católicos custodiaron el féretro desde el barrio Carigán hasta el centro de la ciudad.

El Colegio La Dolorosa funcionaba en el edificio de la calle Bolívar y Lourdes en donde actualmente está el Centro Cultural Municipal Alfredo Mora Reyes. Posteriormente se convirtió en Academia Militar y ocupó la vieja edificación del Seminario Menor, derruida para construir el actual municipio frente a la plaza central.

La nueva modalidad educativa tuvo como referente a la Academia Militar Ecuador de la ciudad de Quito y su objetivo era disciplinar el carácter de sus educandos, inculcarles el orden, la puntualidad y el respeto, además de la educación humanista.

Esa vida estudiantil se desenvolvía entre brigadieres, destacándose Fernando Sempértegui, Jorge Iván Cueva y Augusto Abendaño, considerados estudiantes “matones”, También lo fueron: Lucho Román y Pepe Guamanzara; los demás éramos cadetes, algo así como la tropa.

Alejo Valdivieso se había desempeñado antes como director de Obras Públicas Municipales de Loja. Fue la oportunidad para poner en práctica los conocimientos adquiridos en la Universidad Central y en la Universidad de Detroit, Michigan, Estados Unidos, en donde obtuvo el título de ingeniero civil, destacándose por ser el primer estudiante de la promoción del año 1949.

Comentó que le tocó intervenir en problemas difíciles como el del agua potable ya que sólo había agua entubada, y en el de la provisión de energía eléctrica para la ciudad dado el crecimiento alcanzado por la urbe lojana. Su aporte técnico fue fundamental para que el diez de mayo de 1950 se constituyera la Empresa Eléctrica Zamora S.A. en la que el Municipio tenía el sesenta por ciento del capital social; el cuarenta por ciento restante correspondió a la Corporación de Fomento.

Cuando Alejo Valdivieso retornó a Loja luego de su graduación en los Estados Unidos, conoció en una reunión social a Livia Mahuad Chalela, una bella y espiritual mujer por la que perdió la cabeza; hija de Teófilo Mahuad Chedraui y Catalina Chalela, de ascendencia libanesa quienes se asentaron en esta ciudad e instalaron un negocio en la calle Diez de agosto y Bolívar.   

Además de Teófilo Mahuad sus hermanos Daniel y Jorge también hicieron patria en esta acogedora y cosmopolita tierra lojana. El Primero, Daniel, contrajo matrimonio con Rosario Mélida Ortega Astudillo procreando cuatro hijos: Alicia, Daniel, Silvia y Wadie; y el segundo, Jorge, quien se casó con Rosa Matilde Witt, en cuyo matrimonio nacieron Jamil, Rocío y Eduardo.

Hay quienes recuerdan que Livia Mahuad, Chavica Arias, Julia Rodríguez, Judith Costa, Rosa Burneo y las hermanas Ojeda, frecuentaban la única piscina de regular tamaño que por aquel tiempo había en Loja, situada en lo que hoy es la Avenida Emiliano Ortega y Diez de agosto, cuyo sitio se llamaba Baños Venecia, y que esas encantadoras mujeres eran como peces en el agua.  

En circunstancias que Alejo y Livia estaban enamorados apasionadamente, Teófilo Mahuad decidió radicarse en Guayaquil por intereses comerciales. Las cartas perfumadas iban y venían portando el inmenso amor que se guardaban. Alejo iba a visitarla de vez en cuando padeciendo el tortuoso viaje terrestre hasta Puerto Bolívar y desde ahí en motonave hasta la Perla del Pacífico. Después de pocos años contrajeron matrimonio en esa ciudad.

En una entrevista difundida por el Proyecto Lojanidad de la UTPL, Alejo Valdivieso manifestó que la vida no le dio hijos, pero a cambio puso en su camino a una esposa inigualable, virtuosa y maravillosa. Esa circunstancia hizo que en ellos se desarrollara un profundo sentimiento de solidaridad para ayudar a muchos niños huérfanos.

Alejo Valdivieso fue una persona generosa que siempre encontraba oportunidades para cumplir una labor social. Así fue su madre, Mariana Carrión Palacio de Valdivieso, hija de Salvador Carrión Suárez y de Rosa Palacio Borrero, quien deseosa de apoyar la esmerada y productiva labor educativa de las religiosas franciscanas, donó a favor de esa comunidad su casa patrimonial situada junto a la que obsequiaron las señoritas Eguiguren, en la calle Bolívar entre Colón y José Antonio Eguiguren, formando así un solo cuerpo en el cual se levantó posteriormente el imponente edificio funcional donde hoy desarrolla sus actividades la Unidad Educativa Particular “La Porciúncula”.

Daniel Mahuad Ortega me dijo que siempre admiró los valores de su tío político a quien apreciaba y admiraba en sumo grado. Fue un empresario por naturaleza; su propuesta siempre era unir esfuerzos para procurar el desarrollo de Loja. Con la fuerza de ese espíritu fue parte del grupo de lojanos que promovió la creación del Banco de Loja. Formó la más grande empresa constructora de Loja: Cosurca, siendo su primer gerente y después presidente del directorio durante treinta años. En esas funciones hizo entrega de su mayor esfuerzo y trabajo. Muchas de las obras realizada en Loja estuvieron bajo su dirección.

Constituyó la empresa CAFRILOSA como una Sociedad de economía mixta, que a la postre se convirtió en el mejor camal del país. La perspectiva fue la exportación de carne al Perú. Fue su gerente de 1967 a 1971. También promovió y ejerció la Presidencia Administrativa de INAPESA, una reconocida industria lojana.

Capítulo especial en su vida fue la Universidad Técnica Particular de Loja, gracias a la motivación del Hermano Santiago Fernández, quien realizó sus estudios en la Universidad de la Habana obteniendo los títulos de Profesor de Segunda Enseñanza y de Letras. Contribuyó a su formación con tres facultades y fue su primer rector a partir del tres de octubre de 1971.

La Asociación Marista Ecuatoriana fundó la U.T.P.L el tres de mayo de 1971, reconocida por el Estado ecuatoriano bajo Decreto Ejecutivo dictado por el presidente José María Velasco Ibarra. Se constituyó como persona jurídica autónoma bajo el amparo del “Modus Vivendi” celebrado entre la Santa Sede y el Ecuador, teniendo en cuenta las normas de la Iglesia en su organización y gobierno. 

Alejo Valdivieso también fue Vicepresidente del I. Concejo Municipal de Loja; Presidente de la Junta de Recuperación Económica de las provincias de Loja y Zamora Chinchipe; Miembro del Directorio de la Junta de Asistencia Social de Loja; Miembro del Consejo Directivo y Vicepresidente de la Sociedad de Lucha contra el Cáncer – SOLCA de Loja, y Cónsul Ad-honorem de Colombia en Loja desde 1978 a 1993.

Por su trayectoria profesional y de servicio a la comunidad lojana fue designado Primer Ciudadano de la Provincia de Loja por parte del H. Consejo Provincial de Loja, y Condecorado al Mérito Cívico de Primera Clase “Manuel Carrión Pinzano” como el Mejor Ciudadano por el I. Municipio de Loja.

Tenía principios rectores en su vida, especialmente el del servicio a la tierra que lo vio nacer; siempre estuvo dispuesto a colaborar por el bien de la ciudad. Demostró ser un amigo leal y consecuente. Poseía un valor moral y espiritual muy grande y hacía gala de ser un hombre íntegro, gentil y caballeroso que desbordaba en su ser la fortaleza de su corazón.

Cuando falleció el catorce de septiembre del año 2008 la consternación fue generalizada entre todos los que tuvimos la dicha de conocerlo, recordándolo siempre con afecto por la calidez de su ser y su intachable proceder en todos sus actos.

Años más tarde, el ocho de agosto de 2020, falleció su amada y fiel esposa Livia Rosa Blanca Mahuad Chalela. Los dos emprendieron el viaje eterno arraigados a su profunda fe religiosa y con la convicción de haber dejado una huella indeleble de aprecio y simpatía en el corazón de los lojanos.