Bienaventuradas las madres buenas

Por Ruy Fernando Hidalgo Montaño

Probablemente ellas no aparecieron en las páginas sociales de ningún diario de este mayo que está por terminar, también es posible que nunca sean elegidas madres símbolos de nada. Pero es innegable que saben llevar en alto el emblema de la dignidad y la tenacidad, de la lucha por sobrevivir, en el lugar muchas veces duro e injusto en el que las ubicó el destino.  

Son guerreras, batalladoras, se enfrentan cada día a la adversidad, sin bajar la cabeza ni amilanarse siempre tuvieron la certeza de que podían salir adelante a veces solas, sin necesidad de tener a su lado a ningún hombre, de esos que huyen a la menor señal de peligro, de esos que les hicieron promesas que jamás cumplieron, de esos que les vendieron espejismos aprovechándose de la candidez de sus 15 años enamorados, y al final solo dejaron un despertar doloroso a una realidad dura, cruel de estar esperando un hijo sin contar con un apoyo de nadie quien les brinde un poco comprensión, aliento y les dé, al menos miguitas de ternura, que son tan importantes para seguir combatiendo por ganarle terreno a la vida.

Pero el mundo es como es, plantea desafíos muchas veces inesperados, para los que las madres buenas parece que siempre están preparadas, porque sacan fuerzas para encarar los embates de la vida como vengan.

Por eso bienaventuradas las madres que a pesar de todo y a veces contra todos decidieron dar vida a otro ser, las madres que tienen la valentía de recibir con el mismo amor y dedicación a hijos que talvez no llenaban sus expectativas, como ocurre cuando viene al mundo un ser que tiene ciertas discapacidades sean físicas o mentales, ellas en lugar de recibirlo como un castigo lo toman como una bendición proveniente del cielo y le brindan sus más abnegados cuidados junto a una inmensa dosis de amor y comprensión, bienaventuradas las madres que no sucumbieron ni se dejaron llevar por las tentaciones mundanas consagrando toda su existencia a hacerles compañía y cobijarlos en su regazo a sus hijos en múltiples ocasiones sin la presencia de una solvente y responsable presencia paterna, bienaventuradas las madres que no se avergüenzan de sus vástagos por muchos defectos que tengan ante los ojos de la sociedad, que trabajan sin acobardarse en plazas y calles soportando soles y lluvia por llevar el pan a sus casas dignamente, bienaventuradas las madres que no tuvieron serenatas al pie de su balcón y no por eso rechazaron el premio otorgado por Dios de poder dar la vida a una nueva criatura, bienaventuradas las madres que acuden a su lugar de labor diaria con sus hijos en la espalda, las madres que en la zona rural empuñan con valor y fortaleza el azadón y labran la fecunda tierra para llenar su mesa y las nuestras, de hortalizas y frutas para forjar así un mejor existir para los suyos. Siempre faltan palabras para expresar todo lo que una madre representa en la historia de cada ser humano pues son el puntal en el que se apoya todo nuestro mundo por eso bienaventuradas todas las madres buenas del planeta.