Los ecuatorianos a veces somos muy críticos señalando fallas y errores, pero la mayoría de las veces no queremos involucrarnos en denunciar esos hechos, quizá por los riesgos que representa hoy en día la corrupción oficial aliada a la delincuencia organizada que han sembrado el más brutal y sangriento miedo que haya conocido nuestro país.
Así como solemos ser muy duros de palabra ante las graves penurias nuestras como ciudadanos y como nación, pues con esa misma fuerza deberíamos exigir que se sancionen con severidad todo tipo de corrupción venga de donde venga. Una de esas corrupciones se repite a diario cuando la clase empresarial explota a los trabajadores, saquea la naturaleza y, sobre todo, evade impuestos, es decir, acumula fortunas sobre la sangre, sudor y lágrimas de las mayorías populares.
Cuando los fariseos maliciosamente preguntaron a Jesús, acerca de si era justo pagar los impuestos al emperador romano. Él les contestó: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». En estos días de mentiras y proselitismo electoral, el pueblo parafrasea «dad al César lo que es del César” y a Noboa y su entorno familiar y empresarial, que le cobren los millones de dólares que por impuestos deben al SRI, cuyos intereses han sido perdonados con la complicidad de la mayoría de asambleístas.
Jesús ya en aquel tiempo, subrayó que las esferas civil y religiosa, tienen sus propias demandas y responsabilidades, y que ambas deben ser respetadas adecuadamente. La Constitución, expresa con claridad que en la administración del gobierno las responsabilidades terrenales y espirituales han sido separadas, corresponde a todos los ciudadanos, a todos los funcionarios públicos, y aún más al primer mandatario cumplir y hacer cumplir las obligaciones civiles y legales.
En el perverso sistema capitalista, la educación, la vivienda y la salud, son tratadas como mercancías, todo es rentable. Para los empresarios que son quienes manejan y controlan los gobiernos y medios de comunicación para que los protejan: Un niño, niña o adolescente que asiste a la escuela, es un ciudadano menos a quien engañar o someter; un paciente que se sana es un cliente que pierden; un techo para una familia, no es una solución, sino una hipoteca eterna. Para estos mercaderes, resulta provechoso tener a millones de personas encadenadas a la pobreza; y esa lógica capitalista explica la ausencia casi absoluta de políticas públicas en beneficio de todos.
Al contrario, en un gobierno popular y de los trabajadores, todas las políticas públicas estarían concebidas para mejorar la calidad de vida de todo un pueblo; y no para que un puñado de multimillonarios incrementen sus fortunas, a costa del sacrificio de los más pobres.
