Volver a la tierra para percibir la tonalidad del pensamiento

Galo Guerrero-Jiménez

Cultivar la memoria a largo plazo desde el encuentro con las palabras es fundamental para la evocación de ese vocabulario que, bien elegido y conservado en la memoria, nos permite una debida automatización y evocación con el significado correspondiente dentro de una praxis y de una pragmática en la que la comunicación se hace robusta desde un encuentro comunitario y desde una adecuada alteridad en la que el prójimo, es decir, el próximo, el que está a nuestro lado, bien desde la presencialidad o desde los diversos medios tecnológicos cuando nos acercamos o nos conectamos para reconocer esa porción de lenguaje que pulula en bruto en calidad de información y que, al procesarla narrativizadamente, bien en el ámbito del humanismo, de la ciencia, de la cultura, de la tecnología, de las artes, en fin, lo hacemos para conocer, comprender y reflexionar en ese esfuerzo de pensar para actuar gracias al talento de nuestra capacidad cognitiva, estética, lingüística y desde una compostura o tonalidad micro-político-ético-situacional que nos empeñamos por conquistarla y practicarla, lo cual exige de cada interlocutor, “empeño para desarrollarse y, sobre todo, que requiere práctica y el dominio de ciertas reglas para desenvolverse en forma correcta” (De la Borbolla, 2019), acuciosa.

En efecto, dentro del ámbito de la práctica comunicativa, y en el caso concreto de la lectoescritura, “cuantas más palabras conozcamos y cuanto más automaticemos la lectura y el reconocimiento de las reglas gramaticales [y de reflexión], más espacio le quedará a la memoria a largo plazo para el procesamiento de lo leído” (Kovac, 2022), y para el encuentro con nuestro pensamiento racional y emotivamente asumido. Pues, pensar es una forma de realización humana, la más humana de nuestras manifestaciones psico-socio-cognitivas, puesto que “es descubrir en cada camino una multitud de sentidos y en cada sentido una multitud de caminos. Para quien piensa hay muchas metas y muchas maneras de alcanzarlas y, por ello, el que piensa relativiza, duda, y el que no piensa se vuelve dogmático. (…) Pensar nos aparta de la masa, puesto que nos vuelve individuos y el individuo necesita de otros individuos para sentirse acompañado:  no de otros que ‘piensen’ como él, sino de otros que también piensen” (De la Borbolla, 2019) para, en conjunto, descubrir nuestra propia tonalidad en medio de la pluralidad de narrativas que el ser humano descubre en su diario vivir cuando se encuentra con un modelo de vida, bien al conversar, al leer, al escribir o al escuchar a sus contertulios.

He aquí, un modelo de vida, de pensamiento profundo que nos ofrece el filósofo Han, de quien, al ponerse a pensar para escribir, se atrevió a pensar para que otros piensen y repiensen lo leído: “La tierra es sagradamente hermosa. Tal vez la tierra sea un sinónimo de esa felicidad que, sin embargo, hoy en día se aleja cada vez más de nosotros. Por eso, volver a la tierra significa volver a la felicidad. Hoy estamos abandonando el orden terrestre, el orden de la tierra, debido principalmente a la digitalización e informatización del mundo. Hemos dejado de percibir la fuerza de la tierra, que tanta vida y felicidad genera. (…) En su momento pensé que la verdadera biología es una teología. Ahora pienso que Dios le ha regalado flores al ser humano para aliviar un poco su irrefrenable violencia” (Han, 2024) contra la potencialidad de la vida.

Una violencia que está destronando de la Tierra al ser pensante para que no aprecie la hermosura biológica y teológico-filosófica que ella engendra, dado el efecto desmedido de la digitalización e informatización que, como sostiene Enric Puig Punyet (2016), se trata de un escenario en que la gente no se da cuenta de la cara de bobo que pone cuando está absorta ante una pantalla táctil, demasiado cerca, demasiado perdida, tan distinta a la que provoca, por ejemplo, la lectura de un libro que sí nos permite engancharnos hermanadamente con la Tierra.

Referencias bibliográficas

Borbolla de la, Ó. (2019). La rebeldía de pensar. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica / Breviarios.

Han, B-Ch. (2024). La tonalidad del pensamiento. Traducción de Lara Cortés Fernández. Barcelona: Paidós.

Kovac, M. (2022). Leer es respirar. 10 razones para leer libros en la era digital. Barcelona: Dalia Ediciones y Redbook Ediciones.

Puig Punyet, E. (2016). La gran adicción. Cómo sobrevivir sin internet y no aislarse del mundo. Barcelona: Arpa Ediciones.