Por: Fredy G. Paredes-Cuenca
El bien común como enunciado puede tener muchos conceptos, cada uno más abstracto que el otro, este depende de diferentes puntos de vista, del entorno social, económico, político; con vigencia sujeta a la temporalidad, validez dependiente al grupo social que lo enuncia, que muchas veces llevan a las adaptaciones propias, a sus estilos de percepción política sea propia o impuesta, con influencias individuales o de la comunidad, todo con el propósito de una genuina búsqueda de un interés común; el nivel de alcance del bien común considerando el espacio puede hacerlo con influencia local o global.
La identificación de intereses comunes de grupos heterogéneos puede ser de difícil consenso y su validez tiene vigencia temporal. Los ejemplos son múltiples de lo que significa en realidad el bien común; desde Platón con su enfoque denominado, comunismo platónico, en el que se identifica a las posesiones de los amigos como posesiones comunes, lo que incluía los miembros de sus familias, cosa inconcebible en nuestros días; así mismo como Aristóteles caracterizaba a los individuos únicos que podrían ser subsidiarios del bien común deberían ser parte de las polis. Durante la convulsión social de la Revolución Francesa, Maximilien Robespierre promulgaba la libertad, igualdad y fraternidad que hacía contrapunto con la violencia que desencadenó los cambios a favor del bien común.
Por otra parte, Santo Tomás de Aquino conceptualiza el bien común como un bien de la sociedad, como un fin, un objetivo que se debe alcanzar para cada uno de los miembros de la sociedad.
Ante la diversidad de conceptos, incluso considerándolo como un concepto abierto para cada época humana, se debe tener claro que el bien común precisa tener como centro o núcleo de cualquier interés común, al ser humano, elemento fundamental que forma parte de la sociedad, cuyos esfuerzos por alcanzar ese interés común debe poner atención plena al entorno inmediato que tiene cada individuo, su familia.
La familia como ideal en la que el Padre y la Madre sean guías de ese grupo humano primario, donde su prole, pueda desarrollar y potenciar todas sus capacidades y destrezas.
La sustantiva importancia del bien común debe ser potenciada como el sentido de la vida de cada individuo, cuando se identifica que cualquier elemento que afecte a la sociedad, sin lugar a duda, afectará a cada uno de sus miembros. Así como, cada miembro puede afectar al conjunto humano al que pertenece, porque, aunque no puede ser visible o evidente para todos, lo que le afecta al ciudadano común está dando un efecto multiplicador sobre todos los ciudadanos.
Cuando tenemos claro que la economía es circular, ninguna riqueza es eterna; cuando la salud comunitaria depende de la salud de cada miembro de esa comunidad, como lo mostró muy bien la pandemia de covid-19 en la que ninguno individuo estuvo a salvo de contraer la enfermedad; cuando un individuo es excluido de las oportunidades de desarrollo personal o profesional, dicho individuo busca el camino fácil que puede, lo que puede estar reñido con lo legal, que también tiene un efecto sistémico que atañe a la sociedad; cuando se entiende que el ejercicio político es un medio para servir a la comunidad y abstenerse de servirse de ella, todo es más fácil para esa sociedad en busca de días mejores.
Efectivamente, con las cartas sobre la mesa, debemos cambiar de la visión de cómo se deben hacer las cosas y pasar de la forma individual a la grupal, porque atañe y relaciona con el bienestar de todos.
Entonces, el bien común debe defender a toda costa al ser humano, en especial en sus primeras etapas de formación, contribuir con herramientas para el desarrollo de cada uno, por supuesto al centro de apoyo primario que tiene cada individuo, su familia.
La defensa del bien común que toma como elemento central, a la familia, debe generar armonía y desarrollo de todos sus miembros, esta es la única manera como podemos mejorar a la sociedad.
El camino trazado tiene un efecto multiplicador desde lo individual a la comunidad con alcance primario del grupo humano que forma la familia, cada miembro puede ser un agente multiplicador en su comunidad, lo que puede generar un efecto global, cuando los esfuerzos por este camino están llenos de obstáculos, también se pueden desarrollar muy respetables esfuerzos individuales propios, no comunes.
La consideración jurídica de que el estado es el garante del bien común queda de lado cuando el factor humano es protagonista del bien común; por ejemplo: La cortesía por si sola puede generar un entorno agradable para todos y esto se puede iniciar con esfuerzos individuales sin considerar siquiera la constitución, cuerpo de normas legales que puede exigir o determinar una forma de conducta, dicho de esta manera, la búsqueda constante del bien de los demás como si fuera el bien propio, sería la manera de alcanzarlo. Además, se debe hacer una identificación de intereses comunes, el bien común desde un punto de vista humano es lo que podemos generar cada uno, en favor propio y de los demás.
La analogía que se ajusta perfectamente a esta reflexión es: El bien común es al pueblo lo que la sangre es al cuerpo humano, es un elemento vital, sin el cual no se puede garantizar su supervivencia ni desarrollo. Por lo tanto, el bien común es un factor de cohesión social, adherirse a una comunidad, ser parte de ella con proactividad, aportando positivamente para el desarrollo común, es la única forma de avanzar.
En conclusión, las sociedades pluralistas, democráticas deben formular su bien común como un principio central porque la posesión del bien y la paz como lo menciona Jacques Maritain lleva al pleno desarrollo humano, que se puede identificar como la obra común que ayude a cada persona a alcanzar una vida plena.
