Ruti-Matilde en metáfora

Por: Sandra Beatriz Ludeña

En la localidad donde naciera alguna vez, la canción “Pequeña ciudadana”, el miércoles 26 de junio del año que corre, en el Teatro Bolívar se realizó el homenaje a Matilde Hidalgo (Loja, 1889-1974), la dama de las mil batallas.

No es sorprendente el reconocimiento a esta mujer símbolo, es por esto, que el Archivo Histórico del Municipio de Loja dirigido por el ilustre caballero José Carlos Arias, nos trajo una propuesta expresada en metáfora, la misma que ha calado hondo en los corazones de los lojanos.

Todo inicia con el titular “Ruti-Matilde”, pues, hace alusión a la rutina que la doctora y mujer destacada, en suelo ecuatoriano cumpliera, pero, no es la rutina profesional o cívica la que se resalta, sino la rutina como mujer, la cual viviera pintando su destino por ella misma, sin permitir que nadie, absolutamente nadie, le imponga las sombras.

La ilustración en el tríptico, que presentó el acto, muestra iconográficamente a la Mujer integral, silueta femenina (Matilde Hidalgo), en el centro de un reloj que simboliza el tiempo, en el fondo la ciudad y, en el exterior de aquella circunferencia, corazones, sobres de carta, flores, un pentagrama, notas musicales, baúl de los recuerdos, partituras y la batuta.

Como hecho de cuento, el autor genera un monólogo, inspirado en esta historia: “Un día estaba en un supermercado de Loja, y me di cuenta de que había una pareja que discutía, presté un poco de atención percibiendo que estaban a punto de cumplir los veinticinco años de casados y que su problema era la rutina, que es la mayor “ladrona” de nuestros sentimientos”.

“Esta pareja que nos puede representar a cada uno de nosotros, nos invita a ser dueños de nuestra propia historia”.

Así, empieza el homenaje, que es conducido por niños, ellos con su toque de ternura. Seguido habla el intelectual y hombre público doctor Rubén Ortega.

El monólogo se hace con voz y presencia de mujer, va contando esas rutinas en la casa, cuando el esposo exige sus atenciones, cuando le pide el periódico, cuando le impone su dominio, le limita a un territorio más íntimo, más doméstico, menos trascendental.  Y ella va sacando del baúl de los recuerdos, letreritos de colores, formando su acróstico RUTIMATILDE, va plantando sus ideales, va soñando, va refutando. Y luego danzando, —siendo ella misma—.

Suena una serenata con varios artistas, el maestro Edgar Palacios le dedica sus melodías instrumentales.  Cantan Rodrigo y Claudia Villamagua.     

En este sentido, todo el evento comunica: “…Matilde no es solo un personaje histórico, es una forma de vivir”.  Suenan los aplausos y se apagan los reflectores. Quedan los corazones encendidos, valientes y el deseo de vivir como Matilde, —una metáfora que late fuerte—.