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El mes de julio es el espacio histórico en memoria de Simón Bolívar que fue uno de los referentes, más significativos, de la independencia de América del Sur. Por ello, vamos a presentar diferentes momentos históricos en la vida de Bolívar. Iniciamos esta propuesta, con el testimonio de Matea Bolívar, “La primera maestra de Simón Bolívar” de acuerdo al aporte de Reinaldo Bolívar, cuyas reflexiones les ofrecemos:
“El 21 de septiembre de 1773, en el Hato El Totumo, extensas tierras propiedad de la familia Bolívar-Palacios, en la población de San José de Tiznados, pueblo ribereño del río Tiznados nació Matea, hija de africanos. El nombre de su madre y padre se desconocen, pero el de un posible abuelo si consta en la lista de bienes de la familia, se llamaba Nicolás Ponte.
Llegó a la vida de Simón y sus hermanos a los 9 años. Por sus habilidades físicas y por su extraordinaria capacidad para contar historias fantásticas –como la de Tío Tigre y Tío Conejo–que escuchaba de sus mayores, la llevaron para que ayudando en los quehaceres a la joven Hipólita, fuese fuente de aprendizaje para los niños Bolívar.
Le tocó a Matea enseñar sus primeros pasos y palabras a Simón Bolívar el Libertador. La historia le da a la ligera el título de “Niñera”, de “Aya”, cuando en honor a la verdad fue la primera maestra, esa que en el preescolar se ocupa de la motricidad y de enseñar a hablar a través de cantos, poemas, cuentos. Ella lo hacía a tiempo completo.
“¿Dónde están Hipólita que me dio de comer y Matea que me enseñó mis primeros pasos?”, señala la tradición oral que preguntó el Libertador en su última visita a Caracas en 1827.
Estuvo presente en los momentos felices de SImón como la muerte de Juan VIcente Bolívar, dejando a su niños y niñas huerfanos y María Concepción llevando las riendas de una familia de infantes. Le tocó a Matea junto a Hipolita consolar, en el silencio solidario a un Simón de 9 añitos que pierde a su joven madre. Disfrutaron de verlo feliz en el matrimonio con María Teresa, y con él lloraron la tristeza de la pérdida mortal de la inolvidable mujer.
Su vida transcurre al lado de María Antonia y sus hijos, quienes le profesan un amor casi maternal a sabiendas de la estrecha relación que mantuvo con Simón y con la propia María Antonia. Matea estaba muy al tanto de los esfuerzos de esta última para, después de 1830, traer los restos mortales del Libertador a Caracas para cumplir con la voluntad del héroe universal.
Aparece en la escena pública nacional en 1842, aún adolorida por la muerte de su amada María Antonia, para ser testigo de las grandes pompas fúnebres que ofreció el gobierno venezolano de José Antonio Páez al Padre de la Patria. Tenía 69 años, lucía fuerte, haciendo honor a su condición africana.
Matea Bolívar no tuvo hijos. Se conoce su acta de defunción que da fe que fue enterrada en 1886 con honores, decretado por el Presidente Joaquín Crespo. Murió en la casa de los descendientes directos de María Antonia Bolívar, los mejores testigos presenciales de quién fue aquella venerable anciana.
El 08 de marzo de 2017, su memoria histórica fue elevada al Panteón Nacional, junto con su inseparable amiga Hipólita, en el mismo espacio del glorioso hombre que vieron crecer.”
