Luis Carrión Mora

En anteriores narraciones hemos explorado la rica memoria histórica de las gestas lojanas y las estrategias dinámicas que aplicaron para avanzar y asegurar el bienestar familiar. A lo largo de estos relatos, es evidente que la migración ha sido una característica distintiva que nuestros compatriotas han enfrentado con valentía, responsabilidad y el espíritu de «Lojanías», representando formas de progreso a través del desplazamiento y la adaptación en nuevos territorios. A continuación, comparto algunas de estas historias que se entrelazan y convergen hacia un mismo objetivo: el desarrollo.
Durante las décadas de los años sesenta y setenta, la frontera de nuestra provincia enfrentó dos desafíos monumentales que impactaron severamente la agricultura y la ganadería. Los habitantes se vieron obligados a abandonar sus hogares en busca de refugio en las zonas altas de los cantones Celica y Puyango, donde aún persistía una actividad agrícola y ganadera sostenible. Aunque llegaban camiones con productos como papa desde el Carchi y otros bienes desde el Perú para mitigar las necesidades más urgentes, la economía local se deterioraba rápidamente debido a la escasez de dinero circulante en la región.
Este período marcó una época de reajuste y resiliencia para los lojanos, quienes demostraron una vez más su capacidad de adaptación y su firme determinación de sobrevivir y prosperar frente a la adversidad. Estos eventos históricos no solo marcaron un punto de inflexión para las comunidades lojanas, sino que también demostraron la resiliencia y la determinación de sus habitantes frente a la adversidad. A través de la migración y la búsqueda constante de nuevas oportunidades, las familias lojanas encontraron caminos hacia el desarrollo y el crecimiento, dejando un legado de valentía que perdura hasta nuestros días. En cuanto a la ganadería, la situación era igualmente desalentadora. Cientos de cabezas de ganado vacuno morían debido a las condiciones adversas, mientras que otros intentaban salvarse trasladándolos a zonas de altura con pastizales viables. Algunos animales eran vendidos en la provincia de Zamora Chinchipe como último recurso para los ganaderos locales.
A estos problemas se sumó un desastre natural devastador: el terremoto de diciembre de 1970. A las 11h30 de la noche, la tierra comenzó a temblar violentamente, provocando el derrumbe de muchas viviendas y dejando grietas de hasta 40 centímetros de ancho en el suelo. La población vivió con miedo constante durante cerca de 40 días, rezando cada noche y evitando las labores habituales por temor a réplicas y nuevos temblores.
Ante esta situación, muchos pequeños y medianos comerciantes decidieron vender sus propiedades y mudarse a otras partes del país en busca de seguridad y oportunidades. Personajes destacados como don Salvador Fernández se establecieron en Yanzatza, donde contribuyeron significativamente al desarrollo de la electrificación local. Por otro lado, familias como los Jaramillo Vega y los Jumbo Torres iniciaron nuevas empresas en El Carmen y Puerto Quito, respectivamente, contribuyendo al crecimiento económico de estas regiones.
El éxodo de lojanos hacia diversas partes del Ecuador también marcó el surgimiento de asociaciones que reunían a personas de todos los cantones. Estas asociaciones organizaban eventos anuales, como la elección de la Reina de los Lojanos Residentes en la provincia de Los Tsáchilas, durante las festividades del 18 de noviembre. Estos eventos no solo celebraban la identidad lojana, sino que también reconocían a destacados ciudadanos lojanos por sus contribuciones al campo financiero y agrario.
Muchos lojanos también incursionaron en nuevos sectores económicos, como el cultivo de cacao en El Carmen, La Concordia, Valle Hermoso y La Mercedes. Posteriormente, algunos se establecieron en los fértiles terrenos noroccidentales de Pichincha, particularmente en San Miguel de los Bancos, Pedro Vicente Maldonado y Puerto Quito, donde continuaron con actividades agrícolas y ganaderas, y ocuparon cargos políticos locales.
No obstante, también hubo migraciones hacia poblaciones jóvenes como Las Golondrinas y Zapallos, separadas por un pequeño afluente y habitadas principalmente por familias de origen Guaycha Jumbo. Estas comunidades, ubicadas en las provincias de Imbabura y Esmeraldas, respectivamente, mantuvieron fuertes lazos con su origen lojano.
Además, algunos lojanos optaron por dirigirse hacia el oriente del país, específicamente a Lago Agrio, conocido hoy como Nueva Loja, la capital de la provincia de Sucumbíos. Familias como los González, Ruiz y Añazco hicieron de esta región su nuevo hogar, contribuyendo al desarrollo de la industria petrolera, particularmente tras la llegada de la Western Geophysical Company en la década de los sesenta.
Esta compañía, con sede en Houston, Texas, abrió oportunidades de empleo para los ecuatorianos, siendo los lojanos pioneros en estas actividades. Transportados en helicópteros a aeropuertos construidos a lo largo de los ríos Tabacachi, Cononaco y Conambo, los trabajadores enfrentaron desafíos significativos, como el acceso limitado y la necesidad de desplazarse en canoas para llegar a lugares remotos. A pesar de las adversidades, estos trabajadores se destacaron por su valentía y perseverancia, llevando alimentos y suministros médicos a las profundidades de la selva amazónica.
En resumen, las décadas de los sesenta y setenta marcaron un periodo de desafíos y transformaciones para los habitantes de la provincia de Loja. A través de migraciones forzadas y emprendimientos valientes, los lojanos no solo encontraron nuevas oportunidades en diversas regiones del Ecuador, sino que también contribuyeron activamente al desarrollo económico, cultural y social de sus nuevas comunidades, dejando un legado de resiliencia y determinación que perdura hasta hoy.
