Fraternidad, amistad y solidaridad

Quilanga, 18 de julio 2024

Los aprendizajes que conocemos y guardamos, en su mayoría emergen desde la experiencia de vida, de la relación humana, sencilla, afable en cada una de la actividades y profesiones que emprendemos por los distintos caminos que la vida nos presenta.

En este paso por los años que la vida nos regala vemos, escuchamos, compartimos, aprendemos y valoramos cada palabra, cada mirada, cada gesto, cada emoción y cada acción, pues, detrás de ellas hay una historia por descubrir y mostrar a la sociedad.

En los últimos días pude conocer y compartir con dos grupos maravillosos: FAS (Fraternidad, Amistad y Solidaridad) de la ciudad de Loja y Grupo Solidario “Amigos de Rocío Valarezo”, de la ciudad de Santa Rosa, provincia de El Oro. Dos provincias vecinas del sur de nuestro país, pero con identidades diversas.

Confieso mi impresión al ver los rostros de estos 30 viajeros del Ecuador y el mundo. Todos llenos de alegría, de ilusiones, de una amistad desbordante, de sinceridad, compañerismo y lealtad. Juntos a cada lugar que se movilizan, se apoyan, se toman de la mano, se cuentan historias. Un objetivo los fortalece, vivir su vida con alegría, con esperanza, con amistad, con solidaridad y en fraternidad

No sé cuántos años de su juventud prolongada llevan en este ritmo de viajar, de conocer y compartir en recónditos lugares de la patria como en ciudades y urbes del mundo. Puedo afirmar, eso sí, con convicción, que a su paso dejan apoyo a quienes los reciben y acogen, siembran semillas de esperanza y muestran con sus hechos que la vida vale la pena vivirla en armonía con el ser humano y con la naturaleza a la que aprecian, valoran y difunden en sus redes sociales y a su familia las bondades y maravillas que cada sitio tiene: historia, cultura, religiosidad, riqueza paisajística, clima, gastronomía, arte y expresiones de bondad y acogida de los habitantes.

La fraternidad, la amistad y la solidaridad en ellos, no es un discurso, sino es una forma de vivir. Decidieron juntarse luego de largos años de trabajo para volver a recrear sus historias de niñez, de adolescencia, de estudiantes, de vecinos del barrio y con la madurez de los años y la mayor parte de su misión cumplida como padre o madre de familia, como ama de casa, profesional y servidor púbico/privado emprender un nuevo vuelo que les abrigue paz, serenidad, relax.

En estos guerreros de mil batallas la vida cobra más sentido cuando se ríen, cuando se alimentan, cuando conocen otras historias. Para ellas y ellos el dinero, fruto de su trabajo como amas de casa, docentes, médicos, negociantes, entre otros, es más útil si lo disfrutan y comparten, por eso, en cada sitio que visitan los pequeños emprendimientos se movilizan con el simple anuncio de su visita.

Gracias Doris Villa y Rocío Valarezo, por permitir conocer una pequeña parte de la vida de su grupo de amigas, de sus valores, de esa alegría y de esa generosidad que desborda en cada palabra, en cada paso y en cada momento compartido. Gracias por conocer las bondades de nuestros pueblos. Les animo a que más allá del valor de la amistad, que es una relación de afinidad y afecto, prevalezca la fraternidad que lleva consigo un valor de solidaridad y de unión común.