El baúl de los recuerdos: La Cooperativa de Transportes Loja en la historia lojana

Efraín Borrero E.

Años antes de que exista la Cooperativa de Transportes Loja, el servicio de transportación de pasajeros y carga hacia la costa lo ofrecían unos pocos camiones mixtos que permanecían parqueados en lo que se conocía como «estación de tránsito», hoy Parque Bolívar. La mitad del vehículo era cubierta y en la parte exterior una parrilla para las maletas de cuero, cajones y carga pequeña. La otra parte era descubierta en donde llevaban la carga pesada, incluso ganado. 

En la parte cubierta había dos o tres filas de bancas que en la práctica eran tablones colocados para sentarse, forrados con una sencilla colchoneta de algodón. Otro tablón servía de espaldar. En cada banca se acomodaban seis personas como podían.

Los camiones partían entre las diez y once de la mañana rumbo a Puerto Jelí que era el punto más próximo en la costa, para desde allí viajar en motonave hasta Guayaquil.

Por las condiciones de la carretera había que pernoctar en Piñas y madrugar entre las cuatro de la mañana del día siguiente para continuar el trayecto. Se llegaba entre las ocho de la mañana a Puerto Jelí para recibir a los pasajeros que habían arribado desde Guayaquil. Una vez que repletaban los camiones con mercadería y luego de embarcar a los pasajeros emprendían el regreso a Loja, entre las diez de la mañana, llegando a la media noche en una sola jornada.  

Ciertamente que a treinta y dos kilómetros está Puerto Bolívar que tenía mejores instalaciones portuarias, pero en aquel tiempo el estado de la vía era pésimo. Cuando ésta fue habilitada los camiones, y posteriormente los buses, llegaban hasta ese sitio.

Otros camiones mixtos ubicados en la «estación de tránsito» brindaban el servicio de transportación a La Toma, hoy Catamayo, y a Gonzanamá, Cariamanga y Catacocha. La gente sabía el destino y hora de salida de las unidades por los gritos del “chulío”.

Hace algunos años tuve un feliz encuentro con mi apreciado y recordado ex compañero de colegio y amigo, Augusto Abendaño Briceño, brillante y destacado educador. Departimos un grato momento para recordar nuestra juventud. Ahí le recordé que cuando niño acompañé a mi padre en un viaje a Guayaquil y que precisamente nos habíamos transportado en un camión mixto propiedad de su padre Emiliano Abendaño González.

Por la conversación conocí la vida de ese lojano trabajador, emprendedor y visionario, nacido en 1911 en La Era, hermoso barrio de Malacatos, hijo de un promisorio agricultor.

Me dijo que su padre había decidido radicarse en esta ciudad y que aquí conoció a la que fuera su esposa Isabel Briceño, con la que emprendió la instalación de una pequeña actividad comercial, optando al mismo tiempo por la ocupación de chofer profesional.

Con gran capacidad de emprendimiento instaló una de las primeras estaciones de servicio para la venta de combustibles. Ese negocio fue tan rentable que en 1942 le permitió construir el edificio ubicado en la esquina de las calles Bolívar y José Antonio Eguiguren, hoy propiedad de la familia Guerrero Acevedo, y luego adquirir una pequeña flota de camiones mixtos para el servicio de transportación de pasajeros, carga, encomiendas y valija de correos, con destino a Cariamanga, Gonzanamá, Celica y el puerto orense.

Augusto me aseguró que la «Flota Abendaño» fue la pionera en Loja y que su padre, años después, fue uno de los fundadores de la Cooperativa de Transportes Loja.  

En la medida que se abrían caminos en distintos lugares de la provincia, en los que el esfuerzo y aporte ciudadano fue determinante, aparecieron emprendedores en la transportación de pasajeros y carga; por ejemplo, Manuel Enrique León León, un azogueño que se asentó en Celica y contrajo matrimonio con la dama celicana Piedad Angélica Fernández.

Transcurrido el tiempo se constituyó en un próspero comerciante. Jorge Jaramillo Arciniegas cuenta que construyó frente a la plaza central una enorme casa con 16 habitaciones, tres patios interiores y seis locales comerciales, y que, en 1950, apostando al desarrollo local, llevó a Celica un camión Ford 600 para la transportación de pasajeros y carga con destino a Loja y puntos intermedios.  

Con los años el desarrollo económico y social de Loja impuso la necesidad de medios de transportación en condiciones más confortables y seguros, lo que determinó la llegada de los primeros buses. Concomitantemente, el espíritu cooperativo adquirió fuerza entre los choferes profesionales lojanos, en virtud de la Ley de Cooperativas que data de 1937, y que progresivamente fue reformada para adecuarla a las necesidades de diversas actividades productivas.  

René Eguiguren, citado por Alberto González, señala que en el almacén “Todo” de Ángel Salvador Palacios, dirigente fundador del Sindicato de Choferes de Loja, se dieron los pasos iniciales de la primera Cooperativa de Transportes “Ayuda Social Anónima”, liderada por su padre Héctor Eguiguren.

Con ese espíritu surgieron las cooperativas de transporte de pasajeros Ecuador, Celica y Patria, que en realidad eran “incipientes organizaciones que, en su lucha desleal por captar un mercado reducido, amenazaban con extinguirse”.

Se dice que en esas circunstancias intervinieron dos destacados profesionales: Agustín Aguirre Ruiz, señalado por Lauro Ludeña Astudillo en una entrevista periodística, y Manuel Agustín Rodríguez Ruiz, mencionado en la revista institucional, para alentar la unión de las tres cooperativas como único medio para el crecimiento corporativo, y para que la transportación de pasajeros trabaje de manera organizada.

Esa motivación caló hondo en el ánimo de los 38 socios que conformaban las tres cooperativas, quienes decidieron mancomunar esfuerzos para constituir una sola.

En el acta de la asamblea constitutiva de la Cooperativa de Transportes Loja, realizada el 12 de febrero de 1961, consta lo siguiente: «En la ciudad de Loja, a los doce días del mes de febrero de mil novecientos sesenta y uno, a las diez de la mañana, se reúnen los abajo firmantes con el objeto de constituir una empresa de  transportes de pasajeros  intercantonal e interprovincial, que se denominará «Cooperativa de Transportes Loja», en honor y con el ferviente deseo de que el nombre de nuestra provincia se exhiba orgulloso en todos los lugares en los cuales nuestros vehículos hicieran su recorrido (…) Acto seguido se procede a nombrar la directiva provisional la misma que estará conformada por un presidente, un vicepresidente, un tesorero, un secretario y vocales. Se procede a la elección y se obtiene los siguientes resultados: Presidente: Jorge Erazo Ledesma; Vicepresidente: Humberto Montaño Sotomayor; Tesorero: Eduardo Ludeña Astudillo; Vocales: Luis Enrique Ramón, Toribio Hualpa Vire y Segundo Churo».

La posesión estuvo a cargo de Agustín Aguirre Ruiz quien era Secretario del Sindicato Provincial Choferes de Loja, dignidad que ostentó con mucho prestigio durante once períodos, entre 1948 y 1967.

Dos meses después se expidió el correspondiente Acuerdo Ministerial confiriéndole personería jurídica, la misma que fue inscrita en el Registro General de Cooperativas el 13 de abril de 1961, fecha en la cual se dio vida a la empresa más representativa de Loja.  

Las frecuencias que inicialmente se le otorgaron fueron: Cariamanga, Sozoranga, Macará, Celica, Catacocha, Alamor, Pindal, Zapotillo, Portovelo, Santa Rosa y Machala. Posteriormente, en 1966, se le concedió la autorización para operar hacia Guayaquil.

Unos años más tarde, en 1966, las empresas Pacífico y Cenepa, que igualmente ofrecían el servicio de transportación de pasajeros a la costa y a Zamora Chinchipe, respectivamente, también se fusionaron con la Cooperativa de Transportes Loja, contribuyendo a su consolidación y potencial empresarial.

No cabe duda que el mayor objetivo que se propusieron los directivos fue cubrir la ruta Loja- Quito, monopolizada por las empresas Santa y Panamericana.

Recuerdo que los vehículos demoraban dos días para llegar a Quito; el primero a Cuenca, con dormida en el Hotel Cantábrico, y el siguiente día a Quito, llegando entre las cinco de la tarde, con desayuno en Alausí y almuerzo en Riobamba o Ambato.

Fue en 1971 que la Cooperativa de Transportes Loja, con bombos y platillos, realizó el primer viaje a Quito en un tiempo aproximado de veinte y dos horas, demostrando el coraje y pundonor que caracteriza a los lojanos.

Los viajes internacionales hacia el norte peruano se iniciaron en 1999 tras la firma del acuerdo de paz suscrito en la ciudad de Brasilia, el 26 de octubre de 1998, por los presidentes Jamil Mahuad Witt y Alberto Fujimori, el cual contempla un Acuerdo Amplio de Integración Fronteriza, Desarrollo y Vecindad, que constituye en esencia una redefinición de las relaciones entre ambos países fronterizos.

La Cooperativa de Transportes Loja está ligada a la historia de nuestra tierra y a su desarrollo. Ha crecido vertiginosamente gracias al tesonero trabajo, emprendimiento y visión de los directivos que se han sucedido a lo largo del tiempo; y, evidentemente, al esfuerzo y fidelidad de sus cooperados quienes han hecho posible que esa empresa se constituya en el referente más importantes de la transportación de pasajeros en el Ecuador, tanto por la permanente renovación vehicular con unidades de última generación, como por la calidad del servicio.

El legado de sacrificio y optimismo de aquellos socios fundadores ha sido la mejor guía para las nuevas generaciones de maestros del volante de esa Cooperativa, que orgullosamente han escrito el nombre de Loja en las pistas ecuatorianas con los emblemáticos colores blanco, azul y rojo.

A esta altura del tiempo la Cooperativa de Transportes Loja, con 147 unidades y 56 oficinas en todo el territorio ecuatoriano, ofrece una amplia cobertura abarcando la mayoría de las rutas nacionales y extendiendo su alcance hasta el norte del Perú,

constituyéndose en la empresa de transportación de pasajeros más grande e importante del país.

Para dimensionar su magnitud empresarial es más fácil determinar en qué provincias del Ecuador no está presente la Cooperativa de Transportes Loja, a la que entrañablemente llevamos en nuestros afectos y la tenemos como parte de la identidad provincial y de nuestra “alma lojana”.