Efraín Borrero E.
A inicio de 1992, Luis Román Lazo, presidente ejecutivo de PETROECUADOR, decidió dar una conferencia en la ciudad de Guayaquil sobre el desarrollo de la industria hidrocarburífera en el Ecuador, al tiempo de rendir cuentas de su gestión, tomando en consideración que en agosto de ese año concluía el período constitucional.
Se encargó a la Subgerencia de Guayaquil organizar el acto con la participación de lo más representativo de las universidades, sistema financiero y empresarios. El local que habían previsto fue el salón auditorio de la Corte Provincial de Justicia.
Cuando llegamos a Guayaquil, Luis me solicitó revisar los detalles de dicha organización. Lo primero que hice fue conocer el salón auditorio, encontrando que su presentación estaba en pésimas condiciones por falta de mantenimiento, lo cual contrastaba con la categoría que se aspiraba dar al acto.
Así le hice conocer a Luis, quien me encomendó hacer la gestión urgente para que el Banco del Pacífico facilitara su lujoso auditorio, lo que implicaba tener que entrevistarme con el jerarca de la banca, Marcel Laniado de Wind, de quien conocía fue fundador del Banco de Machala y de la empresa Agrícola Los Álamos.
Contrariamente a lo que temía, la tarea fue fácil porque las mujeres que constituían el filtro para acceder al gerente fueron admirablemente gentiles. Pasé al despacho y tuve la dicha de estrechar la mano de Marcel Laniado de Wind, de unos 65 años, y saludarlo en nombre de Luis Román Lazo.
Sentado en su cómodo escritorio y sonriente me invitó a compartir un suceso que lo emocionaba: la conexión vía internet que ese momento se estaba dando con la agencia del banco en Galápagos. Se sentía muy dichoso. Al final me despidió cálidamente y envió a Luis un saludo afectuoso y de reconocimiento por la gestión que desarrollaba. Dispuso que se aliste el auditorio y se brinde bocados y vino del mejor. Es decir, por la generosidad de ese maravilloso hombre salí con “yapa”.
Luis recibió entusiastamente la noticia y me comentó que Marcel Laniado de Wind era un hombre extraordinario, humanista, promotor de varias fundaciones sin fines de lucro dedicadas a la educación, al mejoramiento de la producción empresarial, y a mejorar el nivel de vida de los ecuatorianos, y que producto de sus viajes fuera del país, conoció la existencia de la red de comunicación (internet) y la trajo al Ecuador.
La intervención de Luis fue magistral y largamente aplaudida.
