El baúl de los recuerdos: La caminata de los romeriantes azuayos

Efraín Borrero E.

Me propuse observar la caminata de los romeriantes azuayos en su largo peregrinaje hacia El Cisne y lograr la posibilidad de conversar con alguno de ellos sobre detalles de esa hazaña.  Ese deseo fue posible con la ayuda de Anita Chalán quien tiene un local en el sector de San Lucas, al filo de la carretera panamericana, en donde produce y expende las famosas tortillas elaboradas a base de “gualo”, un maíz a medio madurar a cuya maza agrega quesillo, huevos, mantequilla y panela, para luego asarlas en una parrilla sobre brazas. Generalmente las sirve con café de “chucho” bien caliente.

“Gualo” es un lojanismo que también se utiliza para referirse a un bebedor a medio embriagarse o cuando se despierta con los efectos del alcohol. Está “gualón, suelen decir. El quesillo es otro lojanismo y se lo define como requesón. Las familias lojanas lo utilizan en las sopas y para servirse con miel.

Sentado junto a una mesa me sorprendía la gran cantidad de romeriantes que cruzaban el sitio con sus pies de acero; algunos eran grupos familiares como el caso de los hermanos Manuel, Carlos y Andrés Guaicha que venían desde Girón y con quienes pude conversar gracias a la intervención de Anita que les hizo saber mi propósito.

Manuel, el hermano mayor, fue el principal interlocutor. Desde hace dieciocho años y sin desfallecer viene cumpliendo la promesa de peregrinar a pie para alcanzar el prodigio divino. Durante el diálogo trascendía el vigor de su fe religiosa y la adoración a la Virgen del Cisne. En cada romería siente una renovación espiritual y una paz interior.

Dijo que son varios los grupos familiares y de amigos que parten desde Girón, Cuenca y sectores aledaños. Nos preparamos física y anímicamente y esperamos ansiosos este día que para nosotros es muy feliz. En Cuenca existe el Comité Quince de Agosto, una organización que reúne a devotos de la Virgen del Cisne de diferentes rincones de la provincia, incluso residentes en los Estados Unidos, que nos brinda asistencia.  

Fabián Altamirano Arias comentó en cierta ocasión que en Cuenca hay varias asociaciones vinculadas a la Advocación de la Virgen del Cisne. Cuando ejerció las funciones de director provincial de Turismo de Loja tomó la iniciativa de agasajar y estimular a los llamados priostes, que son los encargados de apadrinar la fiesta religiosa con sus propios recursos y con lo recaudado durante el año por la asociación a la que pertenecen.

Con el apoyo del Obispo Julio Parrilla cursaron invitaciones a quienes constaban en el listado de priostazgos y personalmente las entregó a cada uno de ellos en la ciudad de Cuenca, para que en la romería de ese año vinieran a Loja a fin de ocupar un sitial preferente en la ceremonia religiosa de bienvenida a la Imagen de la Virgen del Cisne, y luego asistir a una cena programada. Cuando Mariana Angamarca recibió la invitación se sumió en llanto recordando que es una tradición familiar desde su bisabuelo.

Manuel ha acumulado mucha experiencia para superar los inconvenientes y enfrentar las inclemencias del clima; pero, sobre todo, ha establecido que la ruta más segura y apropiada es siguiendo el curso de la carretera panamericana, aunque el trayecto resulta más largo sumando en total doscientos ochenta y dos kilómetros hasta El Cisne.   

Aconseja no utilizar ciertas trochas para acortar distancia, especialmente la de Loma del Oro porque el viento es capaz de levantar en peso a la persona y el frío es descomunal. Algunos han muerto por hipotermia.

Nosotros vamos tranquilos por el filo de la carretera; descansamos en el portal de alguna casa que generosamente nos permiten, y nos lavamos los pies cada vez que podamos porque eso es bueno. Sabemos qué hacer con el dolor de piernas, rodillas y tobillos. De la comida no hay problema porque en el trayecto hay varios puntos de venta de los lugareños. No falta la gente solidaria que gratuitamente nos brinda frutas y algo más para comer. Los cuatro días que debemos caminar los tenemos bien programados, explicaba con mucha seguridad.

Tenían en cuenta que deben estar en El Cisne el día diecisiete de agosto para escoltar a la Sagrada Imagen en su partida hacia San Pedro de la Bendita; el día siguiente hacia Catamayo, y el tercer y último tramo, el veinte de agosto, desde Catamayo hacia la ciudad de Loja, viviendo los momentos emotivos de su fastuoso recibimiento con todos los honores y el júbilo ciudadano. El retorno a Girón lo tenían previsto desde Loja en alguna empresa de transporte.  

Le hice caer en cuenta a Manuel que no solo son los doscientos ochenta y dos kilómetros que me había mencionado, ya que habría que agregar los setenta y seis kilómetros que distan desde El Cisne hasta Loja, que es propiamente el tramo de la romería, lo cual totaliza trescientos cincuenta y ocho kilómetros, que es una distancia muy respetable.

Si tomamos en cuenta el recorrido a pie de esos romeriantes azuayos, bien puedo decir que son campeones mundiales solo superados por el ingeniero eléctrico británico de origen iraquí-kurdo, Adam Mohamed, un musulmán de cincuenta y tres años que en el año 2022 cumplió con el desafío de ir a La Meca caminando siete mil kilómetros desde el Reino Unido, recorriendo nueve países.

Hablando de “la increíble adaptabilidad de la Virgen del Cisne”, nuestro gran historiador, Galo Ramón Valarezo, dice que “por el número de feligreses que se movilizan a sus santuarios y fiestas, entre las Vírgenes católicas más populares en el mundo, se numera: a la Virgen de Guadalupe de México, aparecida en 1531; la Virgen de Fátima de Portugal, aparecida en 1917; la Virgen de Lourdes de Francia, venerada desde 1858; la Virgen de la Caridad del Cobre de Cuba, aparecida en 1612, y la Virgen del Rosario de Prouille en el sur de Francia, aparecida a Domingo de Guzmán, fundador de los Predicadores, en 1208”. Evidentemente hace referencia al número de personas que acuden a esos templos en época de romería.  

Tomando como referencia el caso de la Virgen de Guadalupe, cuyo santuario está en la ciudad de México con más de veinte y dos millones de habitantes, se estima que en la última romería participaron cuatro millones de feligreses, de los cuales cuatrocientos catorce mil correspondieron a peregrinos que se habían desplazado desde diversos puntos del territorio mexicano utilizando varios medios de transportación.

Lo expresado permite establecer que la Romería de la Virgen del Cisne, que convoca a cerca de dos millones de fieles de diversas regiones del país, norte del Perú y a algunos devotos en el exterior, tiene otras características, condiciones y circunstancias que la vuelven única, y que sin duda la convierten en una de las más grandes y antiguas peregrinaciones de América, cuya devoción se remonta a 1.594 o 1595, año en el que el escultor Diego de Robles, a petición de los habitantes del Cisne, talló la famosa escultura la misma que fue colocada en una sencilla capilla de adobe y paja.

La primera peregrinación desde El Cisne hacia Loja fue en 1830 como consecuencia del mandato de Simón Bolívar un año antes.

El traslado de la Portentosa Imagen de Nuestra Señora del Cisne no podía darse de la noche a la mañana; primero, porque estaba atado a la realización de la feria; y, luego, porque era necesario prever la ruta adecuada cruzando las montañas de las parroquias aledañas, ya que no había vías de comunicación. De otra parte, era necesario programar la logística, el adecentamiento de la ciudad, cuestiones protocolarias y aspectos de seguridad.

Los lojanos esperaban ansiosos la llegada de la Venerada Imagen para que los libre del horrible verano que habían sufrido y las calamidades que por ese hecho se estaban produciendo. No era la primera vez que se invocaba su presencia por situaciones especiales.

En 1779 la peste bubónica asoló la ciudad de Loja y sus alrededores. El Mayordomo de esta ciudad se dirigió al Muy Ilustre Cabildo, Justicia y Regimiento, solicitando interceda ante el señor Vicario, Juez Eclesiástico y Cura Rector de la Santa Iglesia Matriz, para que, concediendo licencia, pida el mismo exhorto al cura de Chuquiribamba a fin de que permita traer desde El Cisne a la Venerada Imagen de nuestra Madre y Señora”.

Las gestiones se realizaron con urgencia hasta que el asunto llegó a manos del Capellán del Cisne quien aceptó gustoso el pedido. El curita se encargó de organizar la logística, para cuyo efecto solicitó a los miembros del Cabildo de Loja “depurar cuanto antes las personas que hayan de conducir la Imagen”, más o menos cumpliendo el rol de los llamados “gancheros”, cuyo origen probablemente estaría en la celosa custodia que los habitantes del Cisne brindaban a la Imagen desde cuando la trajeron desde Quito.

Cuando en 1930 se cumplió cien años desde la primera romería formal, si cabe el término, se dispuso que la Virgen del Cisne fuera coronada como Reina y Señora de todo lo creado.

El culto a nuestra “Churonita”, como cariñosamente la llamamos, es creciente y los devotos conmueven con su fe. Es una de las advocaciones marianas más famosas del Ecuador, que además de provocar inconmensurables emociones da brillo a la identidad lojana.

Los romeriantes azuayos cada vez suman más, porque como dice Manuel, muchos milagros han ocurrido gracias a su divina intervención.  

Evidentemente es un fenómeno social colectivo tal como lo describe Jaime Enrique Celi Correa, quien “considera necesario que los lojanos debemos comprender la magnitud del “fenómeno mariano de la advocación de la Virgen del Cisne, porque no se trata de una costumbre en el tiempo que cada vez va aglutinando a más romeriantes. Es importante analizar desde el punto de vista de la objetividad científica que es un fenómeno social colectivo y como tal está dentro de la investigación histórica”.

Así mismo, la investigación tendría que determinar la razón por la que es tan arraigada la devoción a la Virgen del Cisne por parte de los feligreses azuayos, quienes, en la práctica, son los protagonistas de las festividades llenas de colorido y luces que matizan la presencia de la Venerada Imagen en nuestra ciudad, que hoy se muestra llena de dicha y perfumada con los pétalos de rosas que con profunda fe religiosa la Policía Nacional arrojó desde lo alto.