Alicia Ochoa Valdivieso de S
Al referirse a Loja, Benjamín Carrión dijo es la tierra más bella de la tierra, donde los ojos se abren al espectáculo del campo y del sol y la encontraron buena y bella para la morada transitoria, ciudad que ha permanecido aislada del contexto nacional y olvidada de los sucesivos gobiernos, sin embargo, se ha levantado gracias al trabajo permanente de sus habitantes con las únicas herramientas que tenemos: justicia, libertad, equidad, un profundo sentido de lojanidad y pertenencia. Hoy es una bella urbe que incursiona con éxito en el turismo internacional, como una isla de calidez con una gastronomía deliciosa, gente culta, amable y hospitalaria, con una enorme riqueza cultural, musical, universidades de trascendencia internacional y muchos atractivos turísticos. Loja cuenta de acuerdo al último censo con 170.280 habitantes en el área urbana y 44.575 en el área rural y una realidad diferente a otras ciudades del Ecuador, es decir ha crecido y ha cambiado. Es poco conocida por los propios ecuatorianos, saben que es una ciudad limpia y ordenada, cuna de lojanos que han dado lustre a la Patria como: Pío Jaramillo Alvarado, Ángel Felicísimo Rojas, Matilde Hidalgo de Procel, Isidro Ayora, Benjamín Carrión, entre muchos otros personajes, pero no han viajado hacia ella básicamente por la existencia de un pobre sistema vial y un transporte aéreo que no satisface las necesidades de los lojanos.
Cuando se produjo el cambio de gobierno miré esperanzada el ascenso al poder del joven presidente Daniel Noboa por tratarse de una persona con visión, trabajador, sentido común y pensé que por fin íbamos a salir del olvido y tener por lo menos una buena conexión con el aeropuerto a través de una excelente vía hacia él. Hace pocos días fuimos a Cuenca a través de una destrozada carretera y que decir del ingreso a la ciudad que realmente provoca vergüenza y habla de la indiferencia de nuestras autoridades; con escasa señalización que pone en peligro la vida de nuestros habitantes evidenciando una vez más, el tratamiento que se le da a nuestra urbe, mientras en otras, puentes y carreteras se construyen con rapidez, se asfaltan las calles de un día para otro, basta encender la televisión para enterarnos de la construcción de una obra nueva, parecería que en el Ecuador hay categorías de ciudades, entiendo perfectamente que Quito es la capital, Guayaquil el puerto principal, y Cuenca la capital arquitectónica, pero nuestro país tiene otras ciudades, todas importantes, por su ubicación geográfica, atractivos turísticos, y las personas que en ellas habitan, que reciben migajas del presupuesto nacional, en las que construir una nueva vía o un puente, un paso elevado tan necesarios para nuestro desarrollo, en donde hablar de asfaltado de calles, canalización, señalética demora años. Hoy mismo tenemos serios problemas de tránsito que han convertido a Loja en una ciudad de alto índice de impactos vehiculares por muchos factores como la falta de semáforos, de señalización y claro de educación y colaboración ciudadana, además tenemos la circulación de volquetes procedentes de la provincia de Zamora que llevan materiales al exterior, producen contaminación, ponen en peligro a los transeúntes y acaban con el escaso asfalto de la carretera a Catamayo; eso sucede a vista y paciencia de las autoridades competentes y nuestros asambleístas, sin que nadie se digne hacer un enérgico reclamo como lo hacen en otros lugares, ¿por qué no se exige el pago de una tasa por el uso de estas vías a este tipo de vehículos? Es que no se entiende que es en las fronteras donde comienza la verdadera Patria, que aquí lejos del mundanal ruido existimos miles de habitantes que requerimos de trabajo, industrias, transporte y necesitamos ayuda para integrarnos al desarrollo nacional. Mire, venga hacia la cuna de Benjamín Carrión, señor presidente, señores asambleístas, ustedes fueron elegidos para trabajar por nuestra tierra y les quedaremos muy agradecidos
Ojalá el señor presidente y asambleístas lean esta carta nacida del sentimiento de una sencilla ciudadana que observa con profundo dolor e impotencia el permanente olvido del Estado, y la indiferencia de nuestras autoridades.(O)
