Quilanga, 05 de septiembre 2024
Fuego intenso, acompañado de fuertes vientos, temperaturas altas y con dos meses de verano, provocaron 11 de días de incendio que terminaron con cientos de hectáreas de producción de café, huertos familiares, con la vida de miles de animales de corral y domésticos, arrasaron con flora y fauna nativa, llenaron de angustia, de miedo y dolor a los habitantes del cantón Quilanga.
En la parroquia San Antonio de las Aradas, principalmente, sus barrios: Santa Rosa, Valdivia, San José y Limón, vivieron de cerca el pánico. En la parroquia Fundochamba, el barrio el Sauce y Collingora son de los más afectados, mientras que en Quilanga, los barrios de Alisos, Saraque y Huacupamba también enfrentaron el fuego, que en un momento de estos largos once días se volvía incontrolable. Cafetales, huertos, animales domésticos y en algunos casos, sus pocos bienes se convirtieron en cenizas. Años de sudor y de una historia de labrada junto a su tierra y al aroma de café quedan en la nada. La devastación también llegó a la cordillera en el punto de la plaza del inca, sitio arqueológico que aguarda la memoria del camino del Qapac Ñan.
Si se revisa las cifras de Gestión de riesgos, el incendio que va del 23 de agosto al 02 de septiembre arrasó con 7.600 hectáreas de vegetación nativa, 128.5 hectáreas de sembríos de café, 6.5 hectáreas de huertos de legumbres y viveros de semilla de café. Además, 25 familias afectadas y 79 damnificadas, dos personas heridas, 3 viviendas destruidas y 17 afectadas. La flora y fauna nativa por donde hubo fuego acabó con bosques, pastizales, animales propios de la zona y sistemas de agua acabados.
En medio de las cifras, del apoyo gubernamental económico y logístico, del trabajo coordinado de Gestión de Riesgos, de Cuerpo de Bomberos, de las FF.AA, de la Policía, del GAD cantonal y parroquial, se debe justipreciar el valor de la solidaridad y el espíritu de guerreros y heroicos habitantes de los barrios y parroquias que arriesgaron su vida para desde su conocimiento en el territorio salvaguardar nuestros campos y proteger la vida de las familias.
Jóvenes comprometidos con su tierra y con su familia no tuvieron horario durante los 11 días del fatídico incendio. Formaron brigadas y llevando consigo apenas una lampa, algo de agua, un machete y ligera indumentaria. Sin horario, sin tener claro si era de día o de noche cruzaron caminos, adecuaron cortafuegos y así enfrentaban las gigantescas llamas.
Cansados por las largas jornadas se replegaban un momento a los campamentos para tomar agua, dormir por un instante y alimentarse. Las madres de familia, las esposas y sus hijos aguardaban el retorno sea en el campamento o en su casa para abrazarlos y alimentarlos. A veces parecía que perdían la esperanza, sus fuerzas se agotaban, entonces, su fe, su confianza en Dios y en la Virgen los fortalecía.
Junto a Edwin Ortiz y Robin Villalta, heridos se suman estos guerreros voluntarios convertidos en héroes, merecen nuestra eterna gratitud. Con su actitud heroica no solo cuidaron de su tierra, de su amado café, de sus animalitos, cuidaron lo más preciado que tenemos, la vida, la familia y la tierra. Estos valientes guerreros que defienden la vida y la naturaleza nos dejan una lección de vida. Vale la pena enfrentar el riesgo, vale la pena ofrendar tu vida por lo que amas.
Junto a estas brigadas de guerreros, el valor de la solidaridad y generosidad quedó demostrada en cada ciudadano. Alimentos, agua, implementos de aseo, ropa, menaje de cama ha llegado a los barrios y parroquias. Gracias y mil gracias.(O)
